Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

20 de febrero de 2013

ALBERTO GARCIA-ALIX, AUTORRETRATO DEL DESGARRO

ALBERTO GARCIA-ALIX, AUTORRETRATO DEL DESGARRO

José Luis Muñoz: García-Alix, es una mezcla de Lucien Freud y Francis Bacon, síntesis de lucidez y locura. Un artista extraordinario que se desnuda por dentro y por fuera en esta muestra, fundamental para entender a uno de nuestros mejores fotógrafos.

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Una estimulante exposición, que se ubica en el Palacio de la Virreina de Barcelona entre el 7 de febrero y el 5 de mayo, nos muestra al Alberto García-Alix más íntimo y desinhibido. A lo largo de casi un centenar de fotografías en un riguroso blanco y negro, el artista leonés, un fotógrafo de la envergadura de Robert Mapplethorpe, y tan provocador como el desaparecido estadounidense, se retrata y retrata lo que tuvo importancia en su vida en una sucesión de instantáneas que puede mirarse como una especie de autobiografía fotográfica confeccionada a base de esos momentos congelados, en su mayor parte desgarradores, en los que siempre se halla presente una mística de autodestrucción que el propio García-Alix hace suya y de la que, milagrosamente, ha sobrevivido, quizá para poder seguir dando testimonio de su mundo con su cámara fotográfica.

Hay en esta muestra extraordinaria, que difícilmente deja indiferente a nadie, retratos del artista desde sus inicios, cuando era un joven desafiante con chupa de cuero, patillas y abundante cabellera rockera, e imágenes de su descenso a los infiernos con los dedos cruzados con el espectro de la heroína, que contrastan con las últimas del fotógrafo, en las que se desdibuja hasta diluirse, o se oculta bajo una máscara, o es una sombra espectral a contraluz. En ese ejercicio de egocentrismo, en el que el mismo se convierte en objeto de su arte, la piel de García-Alix, su cuerpo y, sobre todo, su rostro, es el lienzo en el que la vida ha dibujado un sinfín de cicatrices que él recoge con su objetivo; pero como integrantes de su vida también están sus amigos, muchos de los cuales ya se fueron (punteras de sus zapatos; bajos de sus pantalones; los pies desnudos que sobresalen de la sábana de una camilla de una morgue); sus amantes retratadas en su carnalidad natural y desinhibida de cuerpos imperfectos que muestran sin pudor; las habitaciones por donde pasó su vida, con sus paredes desconchadas, sus tétricas luces, sus lavabos sucios y colchones destripados; las tapias de esos barrios por los que se movió el fotógrafo, que no figuran en ninguna guía turística de ciudades; y un sinfín de modelos anónimos, junto a algunos conocidos —Alaska, Nacho Vidal, Camarón—, amigos de heroína,  borracheras y sexo, rockeros de tupés engominados, punkis de crestas afiladas, skins de botas peligrosas, prostitutas tristes, heroinómanos armados con jeringuillas y brazos amoratados que coquetean a diario con la muerte, personajes ubicados, todos ellos, en descampados anónimos y colmenas urbanas desoladas en los que el sol se abre paso sajando a navajazos una bruma sucia y espesa. A través de naturalezas muertas y vivas, rostros y paisajes urbanos que compiten en desolación, encuentra el voyeur que se pasea por las salas de la exposición todos los elementos que pueden explicar una vida azarosa en la que García-Alix sobrevive cicatriz a cicatriz fundiéndose en la poética de su propia fotografía que forma parte intrínseca de él.

 

Autorretrato en Toulouse, 1978

Autorretrato en Toulouse, 1978

 

Completan la exposición dos montajes en video sobre sus fotografías, Tres videos tristes y De donde no se vuelve, en los que el fotógrafo se convierte también en narrador literario de sus vivencias y en el que cada encuadre, cada enfoque, o desenfoque, se convierte en un relato hiriente que su verbo poético, con extraordinaria dicción, subraya. García-Alix, al final, da gracias a sus modelos, futuros cadáveres captados en un instante de vida, que se imponen, la mayor de las veces, al fotógrafo, que no le miran con sumisión sino con desafío y constituyen ellos mismos obra de arte expresiva.

Un fogonazo de vida y muerte la exposición fotográfica de la Virreina que nos muestra al García-Alix más íntimo, un fotógrafo que es una mezcla de Lucien Freud y Francis Bacon, síntesis de lucidez y locura. Un artista extraordinario que se desnuda por dentro y por fuera en esta muestra, fundamental para entender a uno de nuestros mejores fotógrafos.

 

*Alberto García-Alix. Autorretrato. Palau de la Virreina, La Rambla, 99. Barcelona. 7/2 al 5/5/2013. El 7 de marzo el propio fotógrafo hablará de su obra.   

 

*José Luis Muñoz es escritor. Sus últimos libros publicados son Marea de sangre (Erein 2011) de La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011), Muerte por muerte (Bicho Ediciones 2011) Patpong Road (La Página Ediciones, 2012) y Bellabestia (Sigueleyendo.com 2012)

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