Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

20 de mayo de 2012

La puntilla a nuestro cine

La puntilla a nuestro cine

José Luis Muñoz dedica su columna a revisar el peligroso momento que está atravesando el cine español 

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La mal llamada crisis amenaza de lleno la existencia de nuestro cine que nunca tuvo una vida regalada y es el patito feo de nuestra sociedad. Hay miles de millones para salvar a las entidades financieras, pero no los hay para la sanidad y educación públicas. Para los que controlan los presupuestos de nuestro país, el cine nacional es un bien completamente prescindible del que sólo los titiriteros que viven de ello, y, además, son de los que más incordian al poder establecido, van a protestar, y eso si les dejan. Por otra parte, piensan, para divertirse los espectadores españoles ya tienen el cine norteamericano, que ése sí está protegido desde siempre por el doblaje. Situación bien dramática, pues, para un sector que estaba viviendo, precisamente, uno de sus mejores momentos creativos, como dejó bien a las claras la selección de las mejores películas finalistas a los Goya, infinitamente mejor cualquiera de ellas a las de los Oscar de Hollywood.

 

El cine español logró sobrevivir a la época más negra, a la censura franquista que durante cuarenta años lo tuvo en su punto de mira, y para no desaparecer hubo de echar mano a su imaginación y talento y encriptar mensajes subliminales en sus cintas que no fueran detectados por los, a menudo, encefalogramas planos de sus censores. Eran los tiempos de las tres B (Bardem, Berlanga, Buñuel, éste desde el exilio), de las películas de Saura, del cine de Camus, Pedro Olea, Francisco Regueiro, Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Borau, la pléyade de realizadores vanguardistas de la escuela de Barcelona (Vicente Aranda, Jorge Grau, José María Nunes, Joaquín Jordá, Gonzalo Suárez), el cine oscuro de Bigas Luna, el primer Almodóvar, y las suyas eran películas que se veían, además de por los indudables logros artísticos de buena parte de ellas, por un cierto deber militante hacia nuestro cine en contraposición al oficial, al embrutecedor de inteligencias y conciencias que tenía lugar con el beneplácito del Régimen, y al colonizador cine norteamericano.

 

Nadie duda que durante estos últimos años España, el país de la picaresca, ha usado y abusado de los fondos públicos para la financiación de películas que ni siquiera se estrenaban y pasaban directamente a DVD o ni eso; que durante estos años de bonanza y despilfarro, y de corrupción, se han financiado productos que nunca debieran haberlo sido, pero ha habido puñados de películas buenas y tenemos excelentes directores que casi siempre tienen algo interesante que decirnos en imágenes, aunque muchas veces sus films no sean redondos, y es una lista larga de gente con verdadero talento: Julio Medem, Montxo Armendáriz, Imanol Uribe, Benito Zambrano, Daniel Monzón, Rodrigo Cortés, Isabel Coixet, Alejandro Amenábar, Iciar Bollaín, Jorge Sánchez-Cabezudo, Mateo Gil, José Luis Guerín y un larguísimo etcétera, que han puesto nuestro cine a un nivel tan alto como el francés.

 

Ni los gobiernos de derechas, ni los de izquierdas, han hecho gran cosa por nuestro cine, porque se protege, precisamente, el norteamericano, que sigue doblándose, para que no decaiga el número de sus espectadores, y tiene una poderosísima estructura detrás que presiona para la distribución preferente de sus productos, mientras se ningunea el que se hace en nuestro país. Sin resultados de taquilla, salvo los subproductos Torrente o similares, no hay industria, no hay estudios, no hay una infraestructura para facilitar la realización de películas.

 

En esta noche oscura de la sociedad, quedarnos sin cine es ponerle una mordaza más, socavar la ya depauperada libertad de expresión que se avecina (control de los medios de comunicación públicos por el gobierno para que digan lo que a ellos les gusta oír) y en nuestras manos, como espectadores, está el evitarlo.

 

Tenemos que ver el cine que se hace en España, y no como un acto de militancia ciega, sino sencillamente porque es mucho mejor que el que llega de Hollywood (puro cine espectáculo, montaña rusa en imágenes), y para que esa débil industria cultural no desaparezca. De lo contrario nuestros talentos, y muchos ya lo están haciendo, emprenderán el camino del exilio económico y estaremos perdiendo nuestra identidad.

 

 

*José Luis Muñoz es escritor. Su última novela publicada es Patpong Road (La Página, 2012)

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