Cultura

nacho-cabana Por Nacho Cabana

27 de julio de 2012

Madagascar 3 (2012), Eric Darnell, Tom Mcgrath y Conrad Vernon

Madagascar 3 (2012), Eric Darnell, Tom Mcgrath y  Conrad Vernon

Nacho Cabana: Mark Burton nos decía que el sueño de cualquier productor de cine de animación no era tanto llenar el cine de niños acompañados por sus padres como hacer que los adultos acudan solos a ver un producto inicialmente no dirigido a ellos.

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La mejor manera de no competir con Pixar (que esperemos recupere en la inminente Brave (2012) de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell el pulso y la identidad perdidas en la infame Cars 2 (2011) de John Lasseter y Brad Lewis) es… ser otra cosa. Al igual que Warner decidió en su momento romper con la culpabilidad almibarada de Disney convirtiendo sus cartoons en frenéticas gamberradas recicladoras del slapstick, Dreamworks prescinde en sus títulos de las complejidades estilístico-vitales de Up (2009) de Pete Docter y Bob Peterson o Wall-e (2008) de Andrew Stanton para apostar por un humor antropomórfico que tiene sus mejores momentos cuando entronca con la tradición cómica neoyorquina.

 

En una reciente masterclass impartida en Barcelona por Mark Burton, uno de los guionistas de la primera parte de la saga, éste nos explicaba que el sueño de cualquier productor de cine de animación no era tanto llenar el cine de niños acompañados por sus padres como hacer que los adultos acudan solos a ver un producto inicialmente no dirigido a ellos. Para lograrlo, apostaba por una sofisticación en personajes y gags, alternando lo puramente visual con chistes que sólo pudieran entender los mayores o, llegando más lejos, los más ilustrados de los adultos (esos gags que, lamentablemente, suelen ser las primeras víctimas de los productores españoles de cine o TV obsesionados con eliminar todo lo que no sea entendido por un analfabeto)

 

Madagascar 3

 

La primera Madagascar (2005) de Eric Darnell y Tom Mc Grath (la pareja de directores se ha encargado de toda la trilogía) lograba plenamente (como tantos otros títulos de esta nueva edad de oro de la animación que gozamos desde hace ya muchos años) esa doble lectura adulta/infantil durante todo su primer acto en el que los animales del zoo de Central Park que protagonizan la aventura eran presentados como el reverso urbanita y feliz de las criaturas de plastilina que contaban a cámara sus frustraciones en el corto Creature comforts (1989) de Nick Park (concepto que luego generó una serie de televisión) Esta tercera entrega de la saga completa el círculo iniciado hace siete años (ATENCIÓN: SPOILER) premiando el final de su aventura con el regreso de los bichos parlantes al añorado zoo urbano que ahora se revela para ellos casi tan agobiante y frustrante como para las figuras de plastilina de Nick Park. El nacionalismo se cura viajando aunque sea en contra de tu voluntad parecen decir los guionistas Eric Darnell y Noah Baumbach (este último prestigioso escritor y director de largometrajes de acción real como Una historia de Brooklyn (2005)

 

El largometraje que nos ocupa alcanza sus más altas cotas cómicas cuando sus guionistas se retan a sí mismos a ver cuántos chistes son capaces de hacer acerca del físico de una jirafa (de la que echamos de menos su hipocondría) y una hipopótamo así como cuando rozan el humor absurdo en el resto de personajes. Resulta en este sentido memorable el episodio de el rey de los lémures visitando el Vaticano junto a la osa de la que está enamorado… ¡¡¡¡¡¡y robándole el anillo al mismísimo Papa!!!!!!!!! O la transformación de la villana francesa en Edith Piaf, sentida interpretación de Rien de Rien incluida.

 

Es cierto que a partir de un punto, cuando los protagonistas se hacen cargo del circo, la película pierde punch y el doble clímax final está bastante alargado pero el conjunto resulta más equilibrado que en la primera entrega y es infinitamente superior a la olvidable segunda parte. 

 

Madagascar 3

 

En el capítulo interpretativo, Alex el león tiene que defender su protagonismo de robaescenas como Julien, el rey Lemur y sus dos secuaces, los pingüinos y, el gran hallazgo de la cinta que nos ocupa, los perritos malabaristas que no dudan en tirar de navaja a la mínima provocación. El resto de los personajes nuevos (el tigre, la leopardo) son bastante funcionales y sin vocación de quedarse en la franquicia.

 

Mark Burton decía que lo peor que se puede hacer para enseñar algo a un niño con una película de dibujos es que se dé cuenta de que le estás dando un discurso. Y no los hay en Madagascar 3 más allá de una leve apología de la amistad y del “sí, juntos podemos”. Una enseñanza que podrían aplicarse los responsables de otros títulos de animación que  parecen creer que un sermón tan ecologista como tópico justifica por sí solo que los papás lleven a sus hijos al cine. Y en vez de proporcionarles diversión sólo ofrecen un reciclado digital y verde de lo peor del Disney clásico.

 

Madagascar 3

 

Y una última cosa: vean Madagascar 3 en 3D. No sólo porque te tiran cosas a la cara (lo siento, me encanta tan denostado efecto) sino porque es en el cine de animación donde esta tecnología está más justificada al dotar a los muñecos de la libertad que la imagen plana a veces les arrebata.

 

Madagascar 3 (2012) de Eric Darnell, Tom Mcgrath y  Conrad Vernon, se estrenó en España el 3 de agosto de 2012 

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