Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

26 de julio de 2012

Elena (2012), Andréi Zviáguintsev

Elena (2012), Andréi Zviáguintsev

José Luis Muñoz: Lo más relevante de Elena es la magistral caracterización de su protagonista femenina, cuya interpretación borda Nadezhda Markina con sus silencios y miradas.

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cartel de Elena (2012), Andréi ZviáguintsevNo es el director ruso Andréi Zviáguintsev, antiguo actor en los teatros de provincias, muy prolífico (El regreso, El destierro y un episodio de New York, I Love You en ocho años de carrera), ni es el cine ruso muy asiduo de nuestras salas sujetas a modas, pero la breve filmografía de este joven realizador (Novosibirsk, 1964) tuvo un inicio de lujo con ese drama familiar titulado El regreso (2003) con el que se dio a conocer y obtuvo el León de Oro y el Premio Luigi de Laurentis a la mejor ópera prima en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2003, y el Premio Fassbinder a la mejor Película Revelación de los Premios del Cine Europeo. Con Elena (2012), su último trabajo, se ha hecho con el Premio Especial del Jurado de la sección ‘Un certain regard’ del Festival de Cine de Cannes.

 

Hay nexos comunes entre su primera y última película: ambas giran alrededor de núcleos familiares poco cohesionados cuyos miembros sufren el desarraigo emocional; pero mientras en El regreso (2003) el drama pivotaba sobre la imposibilidad de un padre por recuperar el afecto de unos hijos a los que apenas ha tratado (por estar recluido en la cárcel), en Elena (2012) se gesta alrededor de una madre que se debe por completo a su hijo y nieto, pese a saber que son unos haraganes y no espere nada bueno de ellos: simplemente son los suyos y la fuerza de la sangre le basta.

 

Elena cuenta la historia de una pareja casada en segundas nupcias cuyos miembros pertenecen a clases sociales opuestas (el marido Vladimir, interpretado por Andrei Smirnov, se supone que ha sido un rico empresario, ahora jubilado; su esposa Elena, Nadezhda Markina, es la enfermera que lo cuidó en el hospital durante una crisis cardiaca), que se llevan mucho años entre sí, cierran filas sobre sus hijos respectivos mientras desprecian a los del cónyuge (ella no podrá ver a la hija única de su marido Katerina, Elena Lyadova, que a su vez la detesta, por su vida desordenada, sus coqueteos con el alcohol y las drogas y el desapego que siente hacia su progenitor; y él opina que el hijo de ella, Sergey, interpretado por Alexey Rozin, es  un parásito irresponsable sin ningún futuro). Cuando la esposa pida dinero a su marido para que Shasha (Igor Ogurtsov), su nieto mayor y pésimo estudiante, entre en la universidad y se libre de ir a hacer el servicio militar a Osetia, y Vladimir se niegue en redondo, nacerá el conflicto.

 

Con un estilo cinematográfico deliberadamente distante, desnudez bressoniana, mirada atenta a esas dos casas escenarios (la de Elena y Vladimir trasluce un frío confort; la de Sergey, el caos de una pobreza asumida) en las que transcurre buena parte del film, una fotografía sucia e interpretaciones glaciales de todos sus intérpretes, que encarnan personajes con los que difícilmente establecerá el espectador empatía, Andréi Zviáguintsev nos mete en su sórdido drama de enfrentamientos familiares y nos contamina con sus miserias.

 

Nadezhda Markina en Elena (2012), Andréi Zviáguintsev

Nadezhda Markina en Elena

 

Lo más relevante de Elena es la magistral caracterización de su protagonista femenina, cuya interpretación borda Nadezhda Markina con sus silencios y miradas, personaje que es más sirvienta que esposa (duerme en habitación separada pero, como esmerada camarera de un hotel, se levanta puntualmente todas las mañanas, descorre las cortinas del dormitorio de su marido, le sirve el desayuno y las pastillas, le  prepara la ropa que deberá llevar al gimnasio en su rutina diaria). Y al film quizá le falte más velocidad y le sobre alguna secuencia incomprensible, como la dilatada de la enfermera que deshace la cama del hospital al que ha ido a parar Vladimir tras una nueva recaída de su corazón.

 

Elena es una película desangelada y dura que traza un perfil nada optimista  de una realidad rusa sin alicientes de ningún tipo (el hijo  vive en unos bloques de viviendas pobres, junto a una central térmica que contamina el ambiente; el nieto Shasha, vago como su padre, se junta con un grupo de skin-heads que se dedica a dar palizas a vagabundos como diversión). Un film que puede verse como una relectura de la obra cumbre de Fedor Dostoievski Crimen y castigo en la que Elena sería Raskolnikoff y Vladimir, Aliona Ivanovna, la usurera.

 

Pese a sus valores cinematográficos y humanos, Elena está a años luz de la magistral opera prima El regreso, que era mucho más fresca, conmovedora y llegaba al espectador. Desventajas de iniciar una carrera cinematográfica con una obra tan relevante.

 

Elena (2012), Andréi Zviáguintsev se estrenó en España el 20 de julio de 2012.

 

*José Luis Muñoz es escritor. Su última novela publicada es Patpong Road (La Página Ediciones, 2012)

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