Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

07 de agosto de 2012

Mi Marilyn

Mi Marilyn

José Luis Muñoz: A cincuenta años de su misteriosa muerte (¿Suicidio o asesinato? Nunca lo sabremos porque se han perdido documentos del FBI relacionados con el caso) el icono Marilyn sigue concitando pasiones, deseos y sueños húmedos.

Ver todas las noticias de Cultura

 

Según la revista Forbes, el de Marilyn Monroe es el tercer cadáver más rentable de la historia de la humanidad. Imagino que el primero debió de ser Jesucristo, y el segundo, Che Guevara. Los tres jóvenes y hermosos por sus cortas vidas y sus abruptos finales.

 

A cincuenta años de su misteriosa muerte (¿Suicidio o asesinato? Nunca lo sabremos porque se han perdido documentos del FBI relacionados con el caso) el icono Marilyn sigue concitando pasiones, deseos y sueños húmedos. Su fantasma, resucitado en el celuloide, en unas películas de culto por las que el tiempo no pasa, nos sigue produciendo una morbosa mezcla de ternura y apetito sexual: poseerla para después mimarla. Culo bien redondo, pechos resaltados por el escote, labios gruesos y pintados de rojo, cabellera oxigenada y siempre perfectamente peinada. Tan perfecta e ideal para nuestros deseos que parecía un sueño.

 

A la crisálida Norma Jean, una jovencita desvalida y falta de cariño (padre desconocido; madre enferma mental), la transformaron en la voluptuosa rubia platino cuyas curvas y movimientos de cadera enloquecieron a media humanidad (la masculina) porque para sus fantasías fue diseñado este juguete perfecto. Curiosamente pesaba más la interpretación que Norma Jean hacía de Marilyn Monroe que sus encantos físicos, aunque estos resultaran indudables, porque Norma Jean se pasó toda su vida interpretando a Marilyn Monroe hasta el final. Ni era muy alta, ni sus pechos eran grandes como quedaba explícito en el desplegable de la revista Playboy y en las imágenes de la película inacabada de George Cukor (sí lo fueron los de otra clónica de dramático final: Jane Mansfield), ni sus piernas largas y estilizadas. Pero todo ello lo compensaba con esa endemoniada forma de moverse por los escenarios (el movimiento circular de sus caderas que tan bién captó Billy Wilder en Con faldas y a lo loco en la secuencia del andén de la estación de tren), su mirada turbia de miope y esa sonrisa perenne que iluminaba su rostro y no era precisamente de felicidad.

 

Tuvo muchas parejas, y dispares. Pasó de los brazos del deportista Joe Di Maggio a los del escritor izquierdista Arthur Miller, que no supo o no quiso quererla como ella necesitaba en los cinco años que duró su matrimonio. Por estar a la altura del autor que le escribiría Mas dura será la caída, hasta se atrevió a leer ( y hay una foto dramática de ese intento) el Ulyses de James Joyce. ¿Fue tan cruel el dramaturgo americano para regalárselo o recomendárselo o bien fue iniciativa de la actriz?. Luego Marilyn Monroe fue un apetitoso comodín en las camas de los hermanos Kennedy, en la de Frank Sinatra, que la presentó a capos de la Mafia, pasó de unos brazos a otros en el universo hollywoodiano, porque era la mujer más deseada del planeta, y la tomaban con la misma facilidad que la dejaban. Ella misma alardeaba de su sexualidad desinhibida al decir que no utilizaba más prenda de cama Chanel número 5, encendiendo la libido de los soldados norteamericanos con un traje ceñido como un guante a su curvilinea silueta o impostando ese famoso orgasmo en su felicitación de cumpleaños a su presidente y amante John F. Kennedy. Y así, perdida en una vorágine de sexo con desamor, hasta llegar a esos quince días antes de su definitiva desaparición de los escenarios del mundo cuando, desesperada por encontrar el calor humano de un abrazo, borracha de soledad y desespero, se acostaba con cualquiera que se cruzara en su camino.

 

Marilyn Monroe

 

Marilyn Monroe ha inspirado obras de arte (los famosos retratos popart de Andy Warhol); ha sido fotografiada miles de veces, y en cada una de sus instantáneas se refleja su atormentada alma; ha servido de inspiración literaria (Blonde la novela de Joyce Carol Oates; Marilyn no es Monroe, una soberbia aproximación teatral al personaje humano del escritor granadino Gregorio Morales; yo mismo en dos relatos incluidos en La mujer ígnea y otros relatos oscuros: MM y Mis quince minutos con Norma, una fantasía amorosa sobre la película pornográfica que rodó); está presente en todas las televisiones del mundo que reponen una y otra vez sus películas; es venerada por las generaciones que nacieron después de su muerte. Disfruta de una eternidad que le sería negada de haber sobrevidido y ser en estos momentos una viejecita de 86 años.

 

De ella hablaron bastante mal los directores que la dirigieron. Inconstante, caprichosa, incapaz de memorizar una línea de diálogo. Especialmente cruel fue Billy Wilder que tuvo que rodar cincuenta y nueve tomas con la actriz en Con faldas y a lo loco: "Es una gran comedianta, pero una pobre actriz dramática". Casi todos la menospreciaron al encasillarla en el papel de rubia tonta, pero la lista de films soberbios que cuentan con su presencia hablan a favor de su talento innato y de su capacidad de comerse la pantalla: Niágara, La tentación vive arriba, Río sin retorno, Los caballeros las prefieren rubias, El multimillonario...A mí, en particular, me fascina el papel de Marilyn Monroe, escrito especialmente para ella por Arthur Miller, de su última película: el de Roslyn Taylor, esa apasionada mujer que ama la libertad y deja sueltos a los caballos en Vidas rebeldes, obra maestra de John Huston (ya la había dirigido en su primera película importante: La jungla del asfalto) que fue casi el epitafio para sus otros dos intérpretes, Clark Gable (una pareja perfecta para la desdichada Norma Jean ávida de padre/amante), que moriría poco después, y Montgomery Clift, que rodaría tres películas más antes de desaparecer, y en donde la mítica actriz, con sus movimientos, su mirada cansada, el rictus, amargo y bello, de su rostro, nos estaba alertando de su final, se despedía.

 

Te seguimos amando, Marilyn.

 

 

* José Luis Muñoz es escritor. Dos de los relatos incluidos en La mujer ígnea (Neverland, 2010), M.M. y Mis quince minutos con Norma, están inspirados en la vida de Marilyn Monroe. Su última novela es Patpong Road (La Página Ediciones, 2012)

Publicidad

Publicidad