Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

09 de agosto de 2012

Prometheus (2012), Ridley Scott

Prometheus (2012), Ridley Scott

El escritor José Luis Muñoz, aprovechando el estreno Prometheus (2012), nos da una clase magistral de cine repasando la carrera del director Ridley Scott y otros terrores.

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ridley-scottLa noticia de que Ridley Scott estaba preparando la precuela de Alien, el octavo pasajero (1979), uno de sus films más emblemáticos y exitosos, colmó de expectativas a todos los aficionados a la ciencia-ficción. La saga de películas alienígenas, que aunaban fantasía, terror, acción y mensaje filosófico, había pasado por las manos solventes de James Cameron, David Fincher o Jean Pîerre Jeunet con resultados más que aceptables y una cierta fidelidad con la película matriz. ¿Quién podía ser más indicado para narrarnos esa precuela que el director británico de Blade Runner (1982), un digno heredero de esa raza de realizadores artesanales (Aldrich, Sturguess, Mulligan, Penn, Hathaway...) y multigenéricos que sabían construir historias sólidas con personajes de carne y hueso y guiones sin resquicios?

 

Ver la última película de Ridley Scott puede ser un ejercicio decepcionante para quien tenga in mente esas dos obras maestras de la ciencia-ficción que encumbraron al director (Blade Runner y Alien) porque a Prometheus (2012), título del film y de la nave que lleva a los terrícolas a un planeta hostil y misterioso en busca de respuestas a la creación del hombre, a pesar de todo su elegante diseño de producción (aunque se le vea en algún momento el dibujo o la maqueta), le falta la poesía de Blade Runner (1982) y la tensión insoportable de Alien, el octavo pasajero, (1979). El film tarda una eternidad en arrancar (no lo hace hasta que dos de los exploradores, los más estúpidos del grupo, se pierden en esa gran cueva/nave del lejano planeta), le sobra mucha de su filosofía trascendente (las teorías de que el hombre es un invasor alienígena de la Tierra), el guión es confuso y no está bien articulado y sus personajes, salvo el de la doctora Shaw, encarnado por Noomi Rapace, que ofrece todo un recital, y el educado androide David interpretado por Michael Fassbender, con maneras de mayordomo inglés, tienen poca entidad, especialmente la jefa de la expedición, la dura, fría y autoritaria Charlize Theron, que está desaprovechada.

 

Prometheus (2012), Ridley ScottHay en Prometheus mucho de Alien (el monstruo con aspecto de cefalópodo, tinta viscosa inlcuida), bastante del 2001 kubrickiano (los paseos en bicicleta por la nave Prometheus del androide Fassbender mientras sus tripulantes hibernan), algo de Inteligencia Artificial (2001) de Steven Spielberg (las similitudes entre el androide interpretado en aquella por Jude Law y en ésta por Michael Fassbender, con su tono humorístico, no creo que sean una casualidad), alguna secuencia parece sacada de La Cosa (1982) de John Carpenter (Charlize Theron fulminando con su lanzallamas a uno de los tripulantes infectados) y de Desafío total (1990) de Paul Verhoven (la cabeza desgajada de Fassbender hablando a Noomi Rapace), pero la película tarda demasiado en arrancar, no lo hace hasta bien mediada (cuando dos de los más estúpidos tripulantes del Prometheus se pierden en el interior de la enorme nave alienígena), le sobran algunas idas y venidas (los vehículos motorizados que van y vienen una y otra vez de la nave terráquea a la alienígena), no articula bien su discurso sobre el origen del hombre y raya el ridículo en la secuencia de ese universo holográfico con Fassbender dentro que juega con el planeta Tierra en sus manos, muy de Steven Spielberg en Encuentros en la tercera fase (1977), melodía incluida.

 

No es Prometheus (2012) una mala película (alguno de sus efectos especiales, como el despegue de la nave alienígena, tienen grandiosidad wagneriana) y se ve sin desmayo hasta la apoteosis pirotécnica final, aunque siempre con la sensación de déjá vu, pero uno esperaba mucha más fuerza y tensión dramática de un director como Ridley Scott capaz de llevarnos al Nuevo Mundo en 1492 (1992), al imperio romano en Gladiator (2000), a las guerras napoleónicas en Los duelistas (1977), a la de Somalia en Black Hawk  derribado (2001) o a las cruzadas en El reino de los cielos (2005) .

 

La mejor secuencia, sin duda, la que más impacto visual produce (como la de ese pequeño alien que brotaba de las tripas de John Hurt en la primera película de la saga) es la operación programada de cesárea que una desesperada Noomi Rapace se autoinflinge en la cámara de cirugía de Prometheus. Esa secuencia, no apta para ojos sensibles ni madres en estado de gestación, condensa todo el horror y tensión que falta en el resto del film y es de una maestría absoluta, pero demasiado poco para una película de dos horas.

 

 

 

*José Luis Muñoz es escritor. Sus últimas novelas son La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011) y Patpong Road (La Página Ediciones, 2012

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