Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

26 de septiembre de 2012

QUE EMPIECE EL ESPECTÁCULO

QUE EMPIECE EL ESPECTÁCULO

"La relación entre el mundo de Hollywood y la política norteamericana viene de lejos quizá porque la política en EE.UU se parece mucho a un mal guion interpretado por tipos sin talento que recitan lo que los apuntadores económicos les dictan."

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Uno de los acontecimientos más espectaculares del show business (entierro del papa Juan Pablo II aparte, que estuvo a la altura de la entrada triunfal de Liz Taylor en Roma en Cleopatra de Joseph Leo Mankiewicz) son las elecciones norteamericanas. Entre globos, confetis, cheerleaders, letreros con los nombres de los candidatos agitadas por fans, camisetas con efigies y lagrimeo de las plateas entregadas, los dos actores principales de esa gran función, Barack Obama, que repite, y Mitt Romney, el aspirante, derrochan sonrisas, ademanes simpáticos, besan a sus esposas e hijos y articulan vibrantes discursos con una oratoria estudiada que nada deja al azar. Al margen de mis simpatías por el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, y además con nombre y apellidos que casarían perfectamente capitaneando alguna célula de Al Qaeda, la interpretación de Barack Obama no tiene color y rebaja la de Mitt Romney a un papel secundario de extra sin palabra en película de serie Z.

 

No voy a juzgar la labor de Obama por lo que ha hecho (prácticamente nada, como todo el mundo coincide), sino por sus artes escénicas indudables y su forma de seducir a la cámara. Con tipo y ademanes de bailarín (parece un Fred Astaire de color que vaya a intervenir en un musical de Busby Berkeley en cualquier momento), el presidente de Estados Unidos baja a la carrera y en mangas de camisa arremangada de los aviones y sube de dos en dos los peldaños de la Casa Blanca o del estrado desde donde debe dirigirse a los suyos acreditando agilidad además de juventud. El afroamericano es un extraordinario orador, con voz grave y mirada que parece dedicada a todos y cada uno de los que le escuchan, además de un tipo atractivo y elegante que no desentonaría en una pasarela de moda. Y en ese aspecto Romney no tiene nada que hacer. Cuando deje la presidencia de EE.UU Obama podrá fichar sin problemas por algunas de las majors e interpretar los papeles de tipo recto que su físico sugiere; Romney, como mucho, irá a una sitcom tipo Cheers, acodado a la barra como extra sin palabra.

 

La relación entre el mundo de Hollywood y la política norteamericana viene de lejos, quizá porque la política en EE.UU se parece mucho a un mal guion interpretado por tipos sin talento que recitan lo que los apuntadores económicos les dictan. Un secundario mediocre, al que Lee Marvin daba el pasaporte con un silenciador en Código del hampa de Don Siegel, llegó a ser presidente de EE.UU. Un gimnasta gracioso y forrado de anabolizantes, como Arnold Schwarzenegger, gobernó California sin deshacerse de su personaje de Terminator con resultados desastrosos para el estado. El vaquero Clint Eastwood se hizo con la alcaldía del pueblo Californiano de Carmel en el que residía. El clan Sinatra hizo campaña por Kennedy y alguno de sus destacados miembros, como Peter Lawford, emparentó con los aristocráticos bostonianos. Marilyn Monroe pasó de la cama de JFK a la de su hermano Robert.

 

Muchos actores que apoyaron a Barack Obama en su primera elección se han desentendido de él en su actual y reñida campaña que le enfrenta a lo más reaccionario del país. Matt Damon confiesa su enorme decepción por un hombre que lo prometió todo y no hizo nada aparte de ganar el Premio Nobel de la Paz, no por hechos sino por intenciones. George Clooney, aunque sin entusiasmarse, sigue apoyando al presidente demócrata para el que organiza multimillonarias cenas. La rutilante Scarlett Johanson aboga por el actual presidente mientras Robert Redford, veterano representante de la progresía cinematográfica, se mantiene al margen. Tampoco se pronuncian gente como Sean Penn, Susan Sarandon, Tim Robbins o Oliver Stone. Y Woody Allen calla.

 

¿Es Hollywood de izquierdas? Ni mucho menos. Romney tiene entre los suyos algunos de los pesos pesados del mundo del espectáculo que se declaran abiertamente reaccionarios después de que su adalid, Charlton Heston, hiciera mutis por el escenario de la vida. Robert Duval, un actor grandioso pero cuyo pensamiento parece estar muy próximo al del general de caballería enloquecido al que el napalm le parecía el mejor perfume en Apocalipse Now de Francis Ford Coppola, es un furibundo republicano ligado al ala más derechista del partido. Jon Voight, en unas recientes declaraciones, tildaba a Obama de comunista, algo que en Estados Unidos es claramente un insulto y está a la altura de llamar a alguien son of bich. Pero el más prestigioso de los actores republicanos es el octogenario Clint Eastwood que, en su discurso, con la escenografía de alguno de sus espagueti westerns rodados en Almería a las órdenes de Sergio Leone como telón de fondo, eclipsó a Mitt Romney en uno de los actos electorales de su campaña. Eastwood, autor de unas cuantas obras maestras y un número indeterminado de bodrios, siempre estuvo muy próximo al estólido policía Harry el Sucio y su magnum demoledora de delincuentes. Ese policía de métodos expeditivos que no llevaba a los detenidos ante el juez, para agilizar la justicia y librarla del papeleo, mucho me temo que se corresponda con la verdadera personalidad del director e intérprete de Million Dollar Baby. Ponerlo en el lugar de Romney hubiera sido una buena baza para el republicanismo norteamericano. Al fin y al cabo actores, más buenos o más malos, comediantes con más o menos gracia, aficionados al show business, son los que calientan el sillón del Despacho Oval de la Casa Blanca. Lástima que Eastwood sea un octogenario y no esté para muchos bailes, algo que también pesa, negativamente, en esa farsa política  que tiene lugar cada cuatro años en EE.UU.

 

Clint Eastwood

 

*José Luis Muñoz es escritor. Sus últimos libros publicados son Marea de sangre (Erein 2011) de La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011), Muerte por muerte (Bicho Ediciones 2011) Patpong Road (La Página Ediciones, 2012) y Bellabestia (Sigueleyendo.com 2012)

 

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