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HERBERT LOM, EL OFICIO DE MALVADO

HERBERT LOM, EL OFICIO DE MALVADO

Herbert Lom formó pareja con Peter Sellers, en las disparatadas comedias de la Pantera Rosa a las órdenes de Blake Edwards, donde daba vida al histriónico superior del nefasto inspector Clouseau.

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Cuando uno sueña con aventuras exóticas, con oasis y tiranos que surgen de las arenas del desierto, termina temiendo los rostros de Herbert Lom, George Macready o de Conrad Veidt. Eran los pérfidos que cuadraban mejor en esos escenarios. Veidt dio vida a un inolvidable Jaffar en una de las más maravillosas creaciones del cine juvenil, El ladrón de Bagdad (1940, Michael Powell), un delicioso delirio de cúpulas, genios y alfombras mágicas rodado milagrosamente bajo los bombardeos de Londres. Allí es donde Herbert Lom acaba de morir (27-09-2012), mientras dormía, a la edad de noventa y cinco años. No es que haya sido ningún actor brillante, pero su faz va unida a algunos buenos momentos del cine épico clásico.

 

Herbert Lom

 

Lom nació con un nombre largo e impronunciable en Praga, el 11 de septiembre de 1917. Era hijo de conde y estudió Filosofía en la Universidad, donde hizo sus primeros pinitos como actor aficionado. Tenía una novia, Didi, y con ella se fugó a Inglaterra en 1939, en vísperas de la invasión alemana de Checoslovaquia. Sin embargo, la muchacha viajaba sin sus papeles en regla y tuvo que volverse. Lom desconocía que era judía y resultó deportada a un campo de concentración, donde murió. El fantasma de esta desdicha acompañó al actor toda su vida. En Londres, y sin saber inglés, Lom dio una audición en checo. Fue contratado como anunciante en la emisora radiofónica de la BBC, y pronto le llegó su primera oportunidad en el cine británico, El vencedor de Napoleón (The Young Mr Pitt, 1942, Carol Reed). Más de una década después, volvería a interpretar a Bonaparte en Guerra y paz (1956, King Vidor). Sin embargo, no consiguió igualar a los verdaderos sosias del genio imperial: Marlon Brando (Desirée, 1954) y Pierre Mondy (Austerlitz, 1960; Mondy nos ha dejado, a los 87, hace tan solo unos días, el 15 de septiembre de 2012).

 

Herbert Lom Guerra y paz (1956) King Vidor

 

Acabada la Guerra Mundial, obtuvo la ciudadanía británica e intentó probar fortuna en Estados Unidos, pero se le denegó el visado en principio por una cierta filiación comunista. Entonces intervinieron los compositores Rodgers y Hammerstein, quienes buscaban a alguien “exótico” y de voz gutural para su espectáculo El rey y yo. Lom se encarnó en el áspero monarca y llegó a dar más de novecientas representaciones de la opereta. La Fox, por su parte, ya se había fijado en él para sus películas familiares de aventuras. En 1950, se estrena una de las más excepcionales, La rosa negra, obra de Henry Hathaway, con Lom en el papel de Anthemus. Ese mismo año, colabora con Jules Dassin en Noche en la ciudad, una sugerente obra maestra sobre un buscavidas que organiza peleas de lucha grecorromana. Lom era Kristo, el mafioso oponente del engreído Harry Fabian (Richard Widmark). También intervino en una de las primeras cintas de Anouk Aimée (musa de nuestro entrañable Alfonso Sánchez), La salamandra de oro, de Ronald Neame. En 1955, se embarca en El quinteto de la muerte (The Ladykillers, Alexander Mackendrick) la delirante comedia donde unos pillos se hacen pasar por profesores de música para engañar a una inocente ancianita. Alec Guinness, Cecil Parker y Peter Sellers redondeaban el reparto. Precisamente fue con Sellers, y a las órdenes de Blake Edwards, con quien Lom formó pareja en las disparatadas comedias de la Pantera Rosa. En ellas daba vida al histriónico superior del nefasto inspector Clouseau.

 

Herbert Lom es Tigranes Levantus en Espartaco de Kubrick

 

Lom fue también el Capitán Nemo en La isla misteriosa (1961, Cy Enfield) y el radical Ben Yussuf de El Cid (1961, Anthony Mann).Pero, sin duda, el actor quedará en el imaginario colectivo por su papel de Tigranes Levantus, emisario de los piratas cilicios que traicionan a Espartaco en el magnífico péplum de Kubrick (1960).

 

En los últimos tiempos, compaginó la interpretación con el coleccionismo de arte, la pintura y la escritura de novelas históricas, como Dr Guillotine (1993), la paradoja del galeno que, por evitar sufrimientos innecesarios a los reos de muerte, agilizó el sistema de ejecución en el periodo álgido del Terror revolucionario francés. De diez decapitaciones semanales, se pudo pasar sin dificultad a trescientas. “Supongo –declaró el autor-- que Einstein sintió lo mismo cuando se enteró de que su energía nuclear estaba siendo usada para construir bombas”.

 

Lom se casó tres veces. En 1948, con Dina, con quien tuvo dos hijos. La pareja estuvo viviendo en Londres, las Islas Canarias y la Riviera francesa. El matrimonio se disolvió en 1971. Lom volvió a casarse y a divorciarse dos veces más. Tuvo otra hija con la ceramista Brigitte Appleby.

 

 

Para leer más artículos de Antonio Ángel Usábe en Nocturnos Cantos Ruanos, su página cultural, y en Contraplano, su blog dedicado al cine.

 

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