Cultura

nacho-cabana Por Nacho Cabana

12 de octubre de 2012

SITGES 2012. Crónica 3.

SITGES 2012. Crónica 3.

La crisis sin Crisis. El único cartel existente ante la alfombra roja es el de El cuerpo (2012) de Oriol Paulo. Nada más. Tampoco hay press-books ni afiches en el departamento de prensa.

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Mi primera visita a Sitges coincidió con el estreno de Reservoir Dogs de Quentin Tarantino y la apertura del Hotel Meliá. Corría el año 1992 y las inmediaciones del Auditori estaban repletas de vallas publicitarias (me gusta más cómo las llaman en México, “espectaculares”) anunciando las películas que se estrenarían en el festival. Las distribuidoras rivalizaban por ocupar los lugares más visibles y esa tradición se mantuvo hasta hace poco. Pero hoy, veinte años después, el único cartel existente ante la alfombra roja es el de El cuerpo (2012) de Oriol Paulo. Nada más. Tampoco hay press-books ni afiches en el departamento de prensa. Apenas algunas postales, generalmente de cortometrajes, son el único material promocional existente fuera de la red.

 

Sin embargo, el público asistente al certamen no ha hecho más que subir año tras años. A falta, lógicamente, de cifras oficiales, este año las sesiones han contado con una muy buena ocupación incluso los días de entresemana, tradicionalmente los más flojos en taquilla. Que un Miércoles de madrugada, el cine Retiro estuviera con más de media entrada para ver un documental titulado Journey to planet X (2012) de Myles Kane y Josh Koury dice mucho acerca de la confianza del espectador en los criterios de los programadores.

 

Frankenweenie (2012) de Tim Burton

 

 Sin embargo, es muy comprensible la actitud de las distribuidoras con su cine. Las recaudaciones no hacen más que bajar; el IVA, subir y hay que andarse con pies de plomo para no encontrarse con cantidades inferiores a los 1000 euros por copia. ¿Qué necesita entonces el españolito medio para animarse a ir al cine? Eventos. ¿Por qué si no la gente se pega por ver Frankenweenie (2012) de Tim Burton, el miércoles en el Auditori y cuando se estrene el viernes en salas, muchos de los que no alcanzaron entrada la dejarán pasar? ¿Por qué si no freakis con sobrepeso correrán de una sala a otra hasta el domingo y a partir del lunes se limitarán a bajarse largometrajes desde su sillón en lugar de buscar opciones similares en las salas? ¿O es acaso que la política de distribución del cine fantástico que a menudo deja a los cines sin copias en VO ahuyenta a un público potencial al que le da alergia escuchar a niños doblados por una mujer de sesenta años con voz aflautada? ¿Por qué Disney se empeña, tras Brave (2012) de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell en no estrenar copias en 3D y VO? (preguntada al respecto por quien esto escribe, una empleada de la distribuidora se limitó a decir que “los subtítulos en 3D se ven mal”)

 

En todo caso, paradójica la crisis sin crisis que vivimos estos días en el pueblecito del Garraf. Una crisis que, ya como tema, ocupa un lugar en algunas de las nuevas películas en ser proyectadas.

 

Citadel (2012) de Ciarán Foy

 

Citadel (2012) de Ciarán Foy se desarrolla en uno de esos barrios dormitorios que un día fueron el sueño burgués de la clase media-baja y que ahora se han convertido en paisajes post-soviéticos a los que sólo se puede llegar o salir en coche o en un autobús que pasa una vez al día. Cuenta la historia de Tommy un hombre que, tras un suceso traumático, sufre agorafobia y tiene que luchar contra ella y contra unos niños asesinos que le amenazan a él y a su bebé. Rodada en tonos gélidos y con una excelente interpretación de Aneurin Barnard, Citadel se resiente parcialmente de uno de esos errores de guión que hacen ilógica toda la mecánica de la historia. Como si al Ciarán guionista no se hubiera dado cuenta a tiempo de su error y hubiera optado porque al espectador le ocurriera lo mismo que a él.

 

A seasoning house Paul Hyett

 

Otra crisis, la guerra de los Balcanes, es el escenario en el que Paul Hyett sitúa su excelente A seasoning house. La película revisita los escenarios del horror de  A serbian film (2010) de Srdjan Spasojevic (película y polémica que ya cuentan por cierto hasta con una muy interesante tesis doctoral obra de la periodista Karina Tiznado) para contar la historia de Angel una niña muda y apenas adolescente que se dedica a drogar y maquillar a las mujeres secuestradas y maniatadas que soldados y lugareños usan para desfogar sus instintos sexuales más primarios y salvajes. Y si A serbian film funcionaba (muy bien) como metáfora obvia de lo que el conflicto balcánico había supuesto en la sociedad serbia post-bélica y por ende en el inconsciente colectivo de una población agresora que se siente víctima, A seasoning house prefiere desarrollar su conflicto en los últimos momentos de la contienda cuando las bestias están nerviosas al oler que su mundo de muerte y sangre se acaba y amenaza con volverse en su contra. Hyett opta por una historia de venganza que de haberse desarrollado en dos tiempos hubiera convertido en convencional su segunda parte pero que al hacerlo linealmente suma adrenalina y tensión al muestrario de horrores de su primera hora. Hyett hasta ahora responsable de los efectos de maquillaje en títulos como Eden Lake (2008) de James Watkins o la sobrevalorada Attack the block (2011) de Joe Cornish, se revela como un extraordinario realizador y guionista junto con Conal Palmer y Adrian Rigelsdolf (que adaptan un relato de Helen Solomon) y cuenta sobre todo con una actriz fuera de serie, Rosie Day a la que muy mal se le tiene que dar para no ser la nueva Natalie Portman (de hecho ya ha sido la actriz más joven en trabajar para el National Theatre inglés). Ambos, director y actriz, no se podían creer la cola de espectadores que, a las tres de la madrugada de un martes, había tras la proyección para felicitarles y hacerse una foto con ellos.

 

Citadel (2012) de Ciarán Foy

 

También claustrofóbica y enferma es Chained (2012) de Jennifer Lynch. La hija del director de Lost Highway (1997) logra con ella la que es su mejor película hasta la fecha. Un psicópata secuestra a una mujer que sale del cine en compañía de su hijo de once años. La mujer es violada y secuestrada mientras que el niño, como la Angel de The seasoning house, es convertido en su esclavo, estableciéndose a lo largo de los años entre ambos una perturbada y viciada relación paterno filial capaz de provocar un infarto al especialista en el tema, Steven Spielberg. Está muy bien interpretada por Vicent D´Onofrio y Eamon Farren aunque en determinados momentos me pareció que un niño que se ha hecho adolescente en semejantes circunstancias debería estar mucho más perturbado de lo que está Farren. Excelente, en todo caso, el ambiente dentro de la casa y el plano final.

 

The sound of my voice (2012) de Zal Batmanglij

 

The sound of my voice (2012) de Zal Batmanglij se revela como un cruce entre K-pax (2001) de Iain Softl (o, lo que es lo mismo, Hombre mirando al sudeste -1986- de Eliseo Subiela ) y Martha Marcy May Marlene (2011) de Sean Durkin , una película pequeña que juega (algo) con la ambigüedad, que sabe evitar los tópicos del sub-género (a pesar de las omnipresentes túnicas) y refleja las repercusiones que tiene en la vida de la pareja protagonista su actividad profesional. Le falta cierta contundencia y un giro final (que por otro lado es lo único que tenía Believers -2007- inclusión de Daniel Myrick en el subgénero) pero evidencia que momentos de crisis como la actual son idóneos para que charlatanes de toda índole se aprovechen de la necesidad de las personas de pertenecer a un grupo que les dé seguridad y en el que delegar responsabilidades y decisiones.

 

 Caterpillar (2010) de Koji Wakamatsu

 

Esto es justamente lo que supone el ejército para el protagonista de Caterpillar (2010) de Koji Wakamatsu película elegida por Roberto Cueto para la sección 7 Chances. Un hombre que durante la segunda guerra mundial regresa a su aldea convertido en una oruga humana y con un encendido apetito sexual. Un tema que en manos de Takeshi Miike o Shion Sono se hubiera convertido en un divertido catálogo de bizarrismos pero que en manos de su anciano creador no pasan de ser un tremendismo intencionalmente panfletario bastante aburrido y visualmente plano.

 

Así que una cosa les tiene que quedar clara tras ver todas estas películas: que haya instituciones o sectas que en tiempos de crisis prometan una vida mejor no quiere decir que te la vayan a dar. Más bien todo lo contrario.

 

Así que mejor váyan al cine.

 

 

*Nacho Cabana es guionista de cine y televisión y ha participado en las series “Colegio Mayor”, “Médico de Familia”, “Compañeros”, “Policías en el corazón de la calle” al tiempo que gano el Premio Ciudad de Irún dos veces en diez años en 1993 por el cuento “Los que comen sopa” y en 2003 por la novela “Momentos Robados” y escribo los guiones de los largometrajes No debes estar aquí (2002), dirigido por Jacobo Rispa y Proyecto dos (2008), dirigido por Guillermo Groizard.

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