Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

21 de octubre de 2012

ADIÓS, EMMANUELLE

ADIÓS, EMMANUELLE

José Luis Muñoz: Muere, con Sylvia Kristel, un icono ligado a mi juventud

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El pasado 17 de octubre moría en Amsterdam Sylvia Kristel. El óbito, a los 60 años, de ese icono del cine erótico francés  de los setenta sólo mereció una leve referencia en el telediario nocturno. Kristel, bellísima, de piel traslúcida y nacarada (la de los años setenta), no tuvo una vida fácil ni mucha suerte en su carrera, seguramente por falta de talento. Sus adicciones (tabaco, cocaína), sus relaciones con hombres bastante mayores que ella, buscando un padre en ellos, y una carrera cinematográfica que no consiguió remontar después de ese primer éxito comercial de Just Jaeckin, dieron al traste con su vida, la convirtieron en un juguete roto más de ese mundo despiadado que gira en torno al celuloide y da menos oportunidades a las mujeres que a los hombres. La novela autobiográfica Emmanuelle, de una escritora francesa llamada Emmanuelle Arsán que relataba sin pudor sus aventuras eróticas en Extremo Oriente, la editó Berlanga en La Sonrisa Vertical y cosechó también éxito editorial. Hizo Sylvia Kristel un montón de versiones de Emmanuelle, en una época en la que estaba de moda ese erotismo vacuo y artificioso del papel couché y los molestísimos flous instaurados por David Hamilton, fotógrafo de nínfulas. Compitió la holandesa en sensualidad con Kim Bassinger que, diez años más tarde, estrenaría Nueve semanas y media, otro éxito literario de erotismo light, con Mickey Rourke, pero la norteamericana demostró ser mucho más que puro físico. Con aquellas películas, ahora modositas, de convento de ursulinas, frutos indeseados de las revueltas sociales del 68, estalló la dicotomía entre erotismo y pornografía que pulverizó otro título erótico de envergadura, ese sí, absolutamente genial y estremecedor: El imperio de los sentidos de Nagisha Oshima. Y Bertolucci convulsionaba a las mentes biempensantes y retrógradas con El último tanto en París que aterrizó con el envoltorio de película erótica sin serlo realmente. Llegó la actriz holandesa a trabajar con Claude Chabrol (Alicia o la última fuga); intentó, sin éxito, conquistar el mercado norteamericano (Aeropuerto 80, de David Lowell Rich, El quinto mosquetero, de Ken Annakin), fue Mata Hari a las órdenes de Curtis Harrington y Lady Chaterley con su descubridor Just Jaeckin. Como otro mito erótico de su época, María Schneider, no sobrevivió a su cine, se atascó en él incapaz de ofrecer otro registro. Emmanuelle, vista ahora, debe producir sonrojo por cursi y artificiosa, pero en ella Sylvia Kristel sigue estando arrebatadoramente bella, sensual y elegante y así la recuerdo y la quiero mantener en mi cabeza.

 

Sylvia Kristel

Muere, con Sylvia Kristel, un icono ligado a mi juventud.

 

 

*José Luis Muñoz es escritor. Sus últimos libros publicados son Marea de sangre (Erein 2011) de La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011), Muerte por muerte (Bicho Ediciones 2011) Patpong Road (La Página Ediciones, 2012) y Bellabestia (Sigueleyendo.com 2012)

 

 

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