Cultura

joseluismunoz Por Luis Muñoz Diez

19 de noviembre de 2012

Todo es silencio (2012), de José Luis Cuerda. Entrevista al director.

Todo es silencio (2012), de José Luis Cuerda. Entrevista al director.

Luis Muñoz Díez habla con José Luis Cuerda de Todo es silencio, basada en la obra de Manuel Rivas. Una película sobre el narcotráfico, corruptores y corrompidos, con Miguel Ángel Silvestre, Quim Gutiérrez, Cecilia Freijeiro y Juan Diego   

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Se presenta Todo es silencio (2012), de José Luis Cuerda, otro manchego genial. Su filmografía es corta y compacta. Debuta con El túnel (1977) y diez años después rueda El bosque animado (1987), que lo situara entre los cineastas con los que hay que contar. Al año siguiente hace una película de culto: Amanece que no es poco (1988), que figura en todas las estanterías de los cinéfilos y de los que no. Son legión los que se reúnen para revisarla, y te pueden repetir literalmente todos sus diálogos por la cantidad de veces que han visionado la película.   

 

Director de La marrana (1992), que fue otra forma de contar el descubrimiento en su 500 aniversario, de Así en la tierra como en el cielo (1995), de Los girasoles ciegos (2008) y de La lengua de las mariposas (1999), esta última una adaptación de la obra de Manuel Ribas, como ocurre con la película que hoy presenta.

 

No hay que olvidar que fue José Luis Cuerda el que abrió a Alejandro Amenábar, con 24 años, las puertas del Cine: ha sido su productor en Tesis, Abre los ojos y en Los Otros, de momento la película española que más espectadores han visto.

 

Todo es silencio está basada en el libro de Manuel Rivas del mismo nombre. José Luis Cuerda nos narra a dos tiempos la historia de un triángulo sentimental unido por Leda y una relación amistad-odio entre los preadolescentes Fins -Quim Gutiérrez- y Brinco -Miguel Ángel Silvestre. La primera parte nos los muestra niños, en los años 70, en la localidad de Noitía. El pueblo está controlado por un cacique local, Juan Diego, que vive del contrabando de tabaco. Fins se ve obligado a abandonar el pueblo tras la muerte de su padre mientras pescaba con dinamita, y cuando vuelve veinte años después lo hace como policía secreto, donde el tradicional contrabando de tabaco ha sido sustituido por el narcotráfico, pero sigue bajo el control del cacique local y hay algo nuevo: su mano derecha es su amigo Brinco, que es la pareja de Leda.

  

 Quim Gutiérrez Todo es silencio. José Luis Cuerda ©Joaquín Fernández

Qim Gutiérrez es Fins

  

Quim Gutiérrez es Fins, el niño que se vio obligado a salir de Noitía por la muerte de su padre, y que regresa como policía secreto para investigar el narcotráfico. A su vuelta encontrará a su madre aquejada de Alzhéimer y que no lo reconoce. La distancia le ha hecho variar el punto de vista de la vida en Noitía. Su padre, antes de morir, le dejó avisado del turbio pasado de El mariscal, pero ahora la pareja formada por su amigo-rival Brinco -Miguel Ángel Silvestre-  y su idealizado amor de infancia Leda -Celia Freigeiro- son narcotraficantes, tutelados por el Mariscal, y someterá a Leda y Brinco a una vigilancia que irá más allá del cumplimiento de su deber.

 

Juan Diego Todo es silencio. José Luis Cuerda ©Joaquín Fernández

Juan Diego es el "Mariscal"

  

Juan Diego es el Mariscal, piedra angular de esta historia de corrupción, corruptores y corrompidos. De él se decía que había hecho dinero en Cuba, pero la verdad es que lo hizo engañando a gente que necesitaba salir de España, y en un camión cisterna los trasportaba abandonándoles a su suerte en el monte diciéndoles que habían llegado a Francia. En los 70 controlaba el contrabando de tabaco, y en los 90 el narcotráfico, contando con que a su alrededor “todo es silencio”.

 

Celia Freigeiro Todo es silencio. José Luis Cuerda ©Joaquín Fernández

Celia Freigeiro es Leda

  

Celia Freigeiro es Leda, una niña huérfana decidida e inteligente, que despierta al amor a Fins (Quim Gutiérrez), y cuando éste regresa se ha convertido en una mujer muy atractiva. Ahora es la pareja de Brinco -Miguel Ángel Silvestre-, con el que tiene un hijo, y quiere a Brinco, pero la vuelta de Fins y el vertiginoso ascenso económico de Brinco le hace cuestionarse todo.

 

Miguel Ángel Silvestre Todo es silencio. José Luis Cuerda ©Joaquín Fernández

Miguel Ángel Silvestre es Brinco

  

Miguel Ángel Silvestre es Brinco, un chico listo desde pequeño, protegido por el Mariscal -Juan Diego- como un hijo. Lo ha aprendido todo del cacique: su amoralidad y el desparpajo de comprar a quien sea necesario sin la más mínima sospecha de que si hay corruptos es porque hay corruptores. A su vuelta, Fins, lo encuentra no sólo situado económicamente, sino también en vías de un ascenso e introducción en las altas esferas económicas. 

 

  

  

José Luis Cuerda Todo es silencio ©Joaquín Fernández

  

Habla José Luis Cuerda, director de Todo es silencio.

 

  

Saludo a José Luis Cuerda y le digo que se le echa de menos, a él en concreto y a muchos directores con una obra sólida que no ruedan desde hace tiempo; y que falten en la cartelera es un vacío -Se nota que el comentario le toca. 

Pues vas a tener vacío para tiempo, Luis, porque no podemos hacer cine - y añade rotundo-, No se puede hacer cine. No hay manera. Una película con el presupuesto de Todo es silencio este año no creo que se pudiera rodar. Hemos pasado de hacer entre ciento cincuenta a doscientas películas anuales a este año que no creo que se lleguen a rodar treinta películas. Ese es el panorama...

  

Pero hoy presentas Todo es silencio, y eso es una buena noticia

Ya era hora, ¿no?, llevaba sin rodar dos años.

  

La verdad es que es un panorama desolador, y en el caso de un director como José Luis Cuerda le puede compensar porque tiene una gran obra detrás, pero los que llegan ahora lo tienen muy difícil y se quedaran en una incógnita.

El panorama está así para todos y es una pena.

  

Vuelves con una adaptación de otra novela de Manuel Rivas. ¿Que te llamó la atención de la novela Todo es silencio?

Los personajes de la novela de Rivas me interesaron. Son un territorio muy fecundo para retratar la condición de esas preguntas claves: ¿por qué se mueve el hombre?, ¿para qué? y ¿bajo qué condiciones? Es un proyecto que me apetecía mucho.

  

En Noitía viven tradicionalmente del contrabando. Es trabajo normalizado y me cuesta entender al personaje Fins (Quim Gutiérrez) que se hace guardia civil, y al volver para investigar el tráfico de estupefacientes arremete contra Leda y Brinco, que son sus amigos de infancia y la niña de la que estaba enamorado.

Está muy justificado y para mí tiene muchas razones. Las más evidentes es que este chico cuando muere el padre se tiene que ir a un colegio de la armada  porque no tienen medios, y si lo meten allí es por alguna recomendación, no tiene otra opción. Se aparta durante veinte años de la forma de vida de Noitía, de su madre y de sus amigos, y es de suponer que la educación que recibe en esa escuela ha sido muy rígida, muy dura. Y todo lo que voy a contar a ahora no está en la película, esa parte se resume en un fundido en negro:

Lo normal es que un chico como Fins, con ese temperamento, se haya adaptado cuando era  niño; el nombre de Leda siempre lo ha llevado en el pico y hacía lo que ella quería, pero se interponía entre él y la niña Brinco, personaje que de adulto interpreta Miguel Ángel Silvestre, que lo que quería era entorpecer los escarceos iniciales amorosos de esa pareja de niños. 

Así dejamos la historia cuando Fins se va a esa escuela, y al salir del fundido en negro, vamos a ver lo que ha deparado el destino a esos personajes, y nos vamos a enterar que en veinte años Fins no le ha mandado una carta a Leda, ha guardado silencio, no le ha dicho nada, pero está claro el por qué: ¿qué le va a decir?, ¿que le puede prometer?, ¿por dónde le va a entrar? No puede decir nada realmente... ha empezado muchas cartas y las ha roto, por lo que sabemos que la ha tenido siempre presente, porque ahora se lo se dice cuando se citan en la antigua escuela donde han jugado y pasado su infancia. Vemos que ha sufrido una tremenda represión en la que no ha expresado nada de lo que sentía. Se lo ha comido solo.

  

El edificio tiene algo de protagonismo, entre lugar mágico y ruina.

El edificio donde rodamos no fue un colegio, era el edificio que ocupó el primer gobernador civil  que nombró Franco en Coruña.  Esa fue su vivienda.

  

Pero aquí significa una frustración, una escuela cerrada que no funciona.

Ese colegio es un sitio que está arruinado, un sitio que podía haber sido un lugar de progreso, importante, porque lo hicieron los indianos con el fin de que los niños de las aldeas tuvieran una cultura que ellos no tuvieron, pero no fue así, porque ya cuando eran niños era su lugar de juegos y un sitio peligroso porque era donde escondía el Mariscal (Juan Diego) los alijos del contrabando.

  

Todo es silencio. José Luis Cuerda ©Joaquín Fernández Cuando Fins vuelve todo ha variado.

Cuando vuelve, todo, como es el proyecto de la escuela, se fue a la mierda, y Fins carga con una  tremenda represión que lleva a cuestas como una losa. Se encuentra a su madre que está internada porque sufre una demencia senil y no le reconoce. Se cita con Leda, que ya no es niña y le manifiesta tragándose sus lágrimas que ella también ha estado enamorada de él, pero que es él el que lo mandó todo al carajo, le dice "No mandaste ni una carta, y ahora tengo un hijo, y sí, ahora estoy con Brinco, que era tu oponente, pero yo te hubiese preferido a ti".

  

¿Cómo es Fins realmente?

El personaje lo dice textualmente: Yo he venido aquí de hombre secreto madre.

  

Sí, a mí me hizo gracia cuando le dice eso a la madre que sufre demencia senil, llevándolo todo al abstracto, con un toque de locura: Yo he venido de hombre secreto.

Sí, y el hombre secreto, para investigar el narcotráfico, tiene que hacer fotos a la pareja, pero las fotos se le desvían a lo que a él le interesa, que es la parte personal, la parte sentimental. Y los fotografía follando en la ventana, y eso no le vale para nada en su investigación policial.

  

Y la foto acaba en manos de Brinco y es el mismo Brinco quien se las enseña con una cierta chulería, como mostrando que tiene más poder que él.

Sí, la foto acaba en manos de Brinco, el investigado, y eso es una señal clarísima de que los del narcotráfico son muy poderosos y tienen gente infiltrada en la policía. Durante el juicio real había un miembro del tribunal supremo que asistía a los juicios y se lucía por allí, y un coronel de la guardia civil que también era cómplice.

  

¿Son actos consentidos?

No totalmente, pero sí lo son por algunos.

  

Está claro que se es consiente de alguna forma, porque todo el mundo sabe dónde hay focos grandes de venta de drogas y no se hace mucho.

Porque está dando mucha pasta a unos que impiden que otros actúen. Este es un país corrupto, y no sólo este, está practica está en montones de países; piensa una cosa, si hay corruptos es porque hay corruptores y sabemos quiénes son los corruptores. Eso se sabe. Admitimos la corrupción hasta en cosas de día a día, porque sabemos que no podemos hacer nada. Yo he vivido ahora una experiencia con telefónica, con quién tengo un contrato que dice que el plazo máximo para reparar teléfono son seis horas, pues han tardado cinco días, y cuando pregunto cuál es la sanción me dicen que reclame y que me descontaran del recibo el alquiler de los aparatos del tiempo que ha estado sin servicio. Están obligados por contrato, pero no pone nada en caso de no hacerlo. Esta es una práctica normalizada, como la del contrabando un “tú me das esto a mí y ya nos lo repartiremos”. En esas manos estamos y pasa  con todo.

  

Escucho a José Luis Cuerda muy poco optimista y lo cierto es que le sobra razón. No es sólo la industria del cine lo que va mal, es el suma y sigue de la crisis de un sistema. Deseo volver a hablar con José Luis Cuerda muy pronto y sólo de la obra que presente.

  

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