Cultura

josé-gómez-fernández Por José Gómez Fernández

20 de diciembre de 2012

Los cortos de Alejandro Amenábar: la génesis de Tesis

Los cortos de Alejandro Amenábar: la génesis de Tesis

José Gómez Fernández: Como es de suponer, existió un Amenábar anterior a Tesis. Hoy nos acercamos a ese Alejandro más desconocido, al Amenábar de los comienzos, el que aún en el difícil mundo del cortometraje consiguió mostrarnos a todos que si algo le sobraba era talento.

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Alejandro AmenábarSi existe un nombre conocido por la inmensa mayoría de españoles, tanto aficionados al cine como no, ése es sin duda el de Alejandro Amenábar. Uno de nuestros nombres más internacionales y uno de los únicos cuatro directores españoles que pueden presumir de tener un Oscar de Hollywood en su casa. Tesis, Abre los Ojos, Los Otros, Mar adentro a Ágora no necesitan ya ningún tipo de presentación. Records en taquilla y en premios avalan la carrera de este director de cine en el que muchos jóvenes cortometrajistas quisimos alguna vez vernos reflejados. Sin embargo existió un Amenábar anterior a Tesis, a aquel primer largometraje que le diese siete premios Goya y que le catapultase de un modo definitivo a la fama en todo el país. Un Amenábar igual de apasionante pero mucho menos conocido. Es por esta razón que hoy, dieciseis años después de aquel momento de gloria, quiero rescatar a ese Amenábar del que menos gente habla. Aquel estudiante de imagen que comenzaba sus coqueteos con una cámara de vídeo, el mismo que años después seguiría haciéndolo pero esta vez con una de cine, al Amenábar más alejado de focos y alfombras rojas, el Alejandro Amenábar cortometrajista.

 

Corría el año 1991. Un jovencísimo Alejandro Amenábar ingresaba en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y en ella conocía a alguien que años después se convertiría en fundamental para toda su carrera: Mateo Gil, un joven estudiante con el que, con tan sólo 19 años, se embarcaba ya en el primero de sus proyectos: La cabeza, cortometraje de 15 minutos de duración que a día de hoy sigue representando uno de los grandes misterios en la carrera de Amenábar. Muy pocas personas pueden presumir de haber visto este corto. Pese a ganar el Primer Premio de la Asociación Independiente de Cineastas Amateurs (AICA), Amenábar siempre consideró que dicho trabajo resultaba demasiado mediocre, razón por la cual no volvió a ver la luz. Tan sólo dicho premio y una vieja cinta en VHS aún localizable en casa de sus padres demuestran que este corto alguna vez existió.

 Alejandro Amenábar

Inspirado en una leyenda urbana, La cabeza narraba la historia de una mujer que, tras regresar a su casa desde el trabajo, encontraba una nota en la que su marido le comunicaba que llegaría tarde. Al caer la noche, descubría sorprendida que su marido se hallaba dentro de la casa, pero algo raro le sucedía: no hablaba y mantenía una actitud realmente extraña. No pasaría mucho tiempo hasta que sonase el teléfono y se le comunicara que su marido había muerto en un accidente de tráfico. Ése era el momento en el que, en la historia original, la figura de su marido desaparecía. Sin embargo, tanto Alejandro como Mateo consideraban que esta historia quedaba coja y en cierto modo también algo sosa, por lo que decidieron darle un final algo más gore y surrealista a la trama. En la nueva versión el rostro de su marido se descubría desfigurado por el accidente, la asustada mujer le arrancaba la cabeza, la cual comenzaba a rebotar por toda la casa, al tiempo que la música cambiaba radicalmente de tono. Lo que en un principio eran unas notas inquietantes se terminaban convirtiendo en todo un homenaje a las películas animadas. Según el propio Amenábar "La cabeza era un corto espantoso, de suspense, y ante su ineficacia, Mateo Gil y yo optamos por hacer un final super gore, con la protagonista arrancándole la cabeza a otro personaje y la cabeza dando tumbos por toda la casa. La gente se meaba de risa y nos dieron un premio." Fue rodado íntegramente en el piso de Amenábar, en Paracuellos del Jarama.

 

Nieves Herranz y Alejandro Amenábar en HimenópteroMucha más popularidad tuvo el segundo de sus cortos, el que rodase en el año 1992 y al que posiblemente deba toda su posterior carrera. Su nombre Himenóptero y la historia que se encuentra tras el mismo realmente apasionante. Himenóptero nos presenta a un grupo de jóvenes estudiantes que se disponen a grabar un corto de terror en el interior de un instituto cerrado. Sin embargo, la chica que tiene que hacer el papel de víctima carece de todo talento y le cuesta meterse en el papel. La directora de la cinta se encuentra realmente desesperada, pues ve que el corto se viene abajo al no ser capaz de sacar nada de la actriz. Es por esta razón que la joven realizadora opta por urdir un plan para asustarla de verdad, pues ve en ello el único modo de conseguir una actuación creíble de la misma delante de la cámara. El talento que derrocha Amenábar en este segundo corto ya se deja ver en cada uno de sus planos, un talento que, como veremos a continuación, no pasaron por alto algunos de los grandes nombres de nuestro cine en aquel momento.

 Raquel Gómez-Rosado y Juana Macías en Himenóptero de Alejandro Amenábar

En este cortometraje (más bien mediometraje) de más de media hora de duración, Alejandro Amenábar no sólo es el director, guionista y músico de la misma (como en todos sus demás trabajos), también se reserva el papel de Bosco, un joven extraño, con cierto atracción por el sadismo, que tiende a ver el mundo a través del visor de una cámara de vídeo. Este personaje serviría de inspiración para aquel que cuatro años después interpretase Eduardo Noriega en Tesis, razón por la cual mantendría incluso el mismo nombre. Himenóptero es ya considerada la madre de Tesis. Sin embargo, el gran valor de este corto no provendría de aquí. La razón por la que este cortometraje marcaría para siempre la vida de Amenábar llegaría en el momento en el que la cinta caía en manos de Jose Luis Cuerda. Alguien le pasaba al director esta cinta con el fin de que viese el trabajo de la actriz. Sin embargo, con quien realmente quedó fascinado fue con el trabajo del director, algo que le hizo querer conocerlo en persona. Himenóptero ganaría el Premio al mejor cortometraje en los festivales de Elche y Carabanchel, festivales en los que no sólo cosechó premios, sino también los elogios de profesionales del ramo, entre ellos del director Bigas Luna.

 

Nieves Herranz en Himenóptero de Alejandro AmenábarDos años después del éxito de Himenóptero Amenábar se embarcaba en su siguiente cortometraje. Luna, el que ya sería el tercero de sus trabajos, y para el cual contaría con otro de esos nombres por siempre ligados al suyo: Eduardo Noriega. Amenábar conoció a Noriega gracias a uno de sus amigos, el cual, también metido en tareas de realización, puso un anuncio buscando estudiantes de interpretación que quisiesen participar de forma altruista en uno de sus trabajos. A dicho anuncio respondería Noriega. Poco imaginaba el actor las consecuencias que para su vida iba a tener la decisión que en ese momento acababa de tomar: El destino había unido su nombre para siempre al de Alejandro Amenábar

 Nieves Herranz y Eduardo Noriega en Luna de Alejandro Amenábar

Para Luna Amenábar contó también con la actriz Nieves Herranz, protagonista de Himenóptero que había ayudado en la escritura del guión. Gracias a su doble trabajo con Amenábar (en Himenóptero y Luna) Nieves Herranz fue elegida algún tiempo después para ser la hermana de Ana Torrent en la multipremiada Tesis. En Luna, Alejandro Amenábar se reservaba para sí mismo el papel de camarero, así como también quiso darle un pequeño cameo a su inseparable Mateo Gil

 Alejandro Amenábar en Luna

En este tercer corto, tan extenso que también coquetearía con la calificación de mediometraje, Eduardo Noriega es un joven que queda tirado en la carretera en mitad de la noche. Tras hacer autoestop es recogido por una chica que no duda en ayudarle. Sin embargo, lo que en principio parece va a quedarse en una simple anécdota comienza a convertirse en una auténtica pesadilla cuando descubre que la joven no es tan inocente como en un principio parece. Si en Himenóptero Amenábar ya dio toda una lección de tensión con poquísimos medios, en Luna muestra su verdadera genialidad y talento. Con tan sólo dos personajes, apenas una localización y un simple diálogo entre dos actores consigue crear una tensión absolutamente inusual. A esto ayudará en gran medida una sugestionadora e inquietante partitura compuesta por el propio director. 

 Eduardo Noriega en Luna de Alejandro Amenábar

Luna ganaría el premio Luis García Berlanga al mejor guión y, con todo merecimiento, el premio de la Asociación Independiente de Cineastas Amateurs (AICA) a su banda sonora. El primero de los premios consistía en la posibilidad de rodar el guión premiado en 35 mm, por lo que Amenábar se embarcaba gracias a ello en su primer rodaje en cine. Un año después volvía a rodar el mismo corto, pero esta vez en un formato mucho más profesional. De los treinta minutos originales se pasó a doce; los actores protagonistas siguieron siendo los mismos, pero esta vez el papel del camarero sería interpretado por el actor Joserra Cariñanos.

 

Nieves Herranz y Eduardo Noriega en Luna (35 mm) de Alejandro Amenábar

Las semillas de Tesis ya se habían plantado. Gracias a Himenóptero Jose Luis Cuerda había conocido a Amenábar y no dudaba en producirle el primero de sus largos, gracias a Luna había conocido a Eduardo Noriega y comenzaba ya a rodar en cine. Alejandro Amenábar ya estaba listo para el gran salto...

 

Pudo haber existido un cuarto corto, una cuarta historia de nombre La extraña obsesión del doctor Morbius que se pudo haber grabado en el año 1991 y del que hoy apenas se sabe nada. Otro misterio en la carrera del Amenábar cortometrajista que casi con total seguridad y muy lamentablemente tampoco verá nunca la luz. ¡Lastima!

 

 

*José Gómez Fernández es licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como escribió varios años para la guía de ocio y cultua lanetro, donde dedicaba un espacio a hablar de cine.

 

 

Si existe un nombre conocido por la inmensa mayoría de españoles, tanto aficionados al cine como no, ese es sin duda el de Alejandro Amenábar. Uno de nuestros nombres más internacionales y uno de los únicos cuatro directores españoles que pueden presumir de tener un Oscar de Hollywood. Tesis, Abre los Ojos, Los Otros, Mar adentro a Ágora no necesitan ya ningún tipo de presentación. Records en taquilla y en premios avalan la carrera de este director de cine en el que muchos jóvenes cortometrajistas quisimos alguna vez vernos reflejados. Sin embargo existió un Amenábar anterior a Tesis, a aquel primer largometraje que le diese siete premios Goya y que le catapultase de un modo definitivo a la fama en todo el país. Un Amenábar igual de apasionante pero mucho menos conocido. Es por esta razón que hoy, 16 años después de aquel momento de gloria, quiero rescatar a ese Amenábar del que menos gente habla. Aquel estudiante de imagen que comenzaba sus coqueteos con una cámara de vídeo, el mismo que años después seguiría haciéndolo pero esta vez con una de cine, al Amenábar más alejado de focos y alfombras rojas, el Amenábar cortometrajista.
Corría el año 1991. Un jovencísimo Alejandro Amenábar ingresaba en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y en ella conocía a alguien que años después se convertiría en fundamental para toda su carrera: Mateo Gil, un joven estudiante con el que, con tan sólo 19 años, se embarcaba ya en el primero de sus proyectos: "La cabeza", un cortometraje de 15 minutos de duración que a día de hoy sigue siendo uno de los grandes misterios de la carrera de Amenábar. Muy pocas personas pueden presumir de haber visto este corto. Pese a ganar el Primer Premio de la Asociación Independiente de Cineastas Amateurs (AICA), Amenábar siempre consideró que dicho trabajo era demasiado mediocre, razón por la cual el corto no volvió a ver la luz. Tan sólo dicho premio y una vieja cinta aún localizable en casa de sus padres demuestran que este corto alguna vez existió.
Inspirado en una leyenda urbana, "La cabeza" narraba la historia de una mujer que, tras regresar a su casa desde el trabajo, descubría una nota en la que su marido le comunicaba que llegaría tarde. Al caer la noche, descubría sorprendida que su marido se encuentraba dentro de la casa, pero algo raro le sucedía: no hablaba y mantenía una actitud realmente extraña. No pasaría mucho tiempo hasta que sonase el teléfono y se le comunicara que su marido había muerto en un accidente de tráfico. Ése era el momento en el que, en la historia original, la figura de su marido desaparecía. Sin embargo, tanto Alejandro como Mateo consideraban que esta historia quedaba coja y en cierto modo también algo sosa, por lo que decidieron darle un final algo más gore y surrealista a la trama. En la nueva versión el rostro de su marido se descubría desfigurado por el accidente, la asustada mujer le arrancaba la cabeza, la cual comenzaba a rebotar por toda la casa, al tiempo que la música cambiaba radicalmente de tono. Lo que en un principio eran unas notas inquietantes se terminaban convirtiendo en todo un homenaje a las películas animadas. Según el propio Amenábar "La cabeza era un corto espantoso, de suspense, y ante su ineficacia, Mateo Gil y yo optamos por hacer un final super gore, con la protagonista arrancándole la cabeza a otro personaje y la cabeza dando tumbos por toda la casa. La gente se meaba de risa y nos dieron un premio." Fue rodado íntegramente en el piso de Amenábar, en Paracuellos del Jarama.
Mucha más popularidad tuvo el segundo de sus cortos, el que rodase en el año 1992 y al que posiblemente deba toda su posterior carrera. Su nombre Himenóptero y la historia que se encuentra tras el mismo realmente apasionante. Himenóptero nos presenta a un grupo de jóvenes estudiantes que están grabando un corto de terror en un instituto cerrado. Sin embargo, la chica que tiene que hacer el papel de víctima no se encuentra inspirada y le cuesta meterse en el papel. La directora de la cinta se encuentra realmente desesperada, pues ve que el corto se viene abajo al no ser capaz de sacar nada de la actriz. Es por esta razón que la joven realizadora opta por urdir un plan para asustarla de verdad, pues ve en ello la única manera de conseguir una actuación creíble delante de la cámara. En este cortometraje de casi media hora de duración, Alejandro Amenábar no sólo es el director, guionista y músico de la misma (como en todos sus demás trabajos), también se reserva el papel de Bosco, un joven extraño, con cierto atracción por el sadismo, que tiende a ver el mundo a través del visor de una cámara de vídeo. Este personaje serviría de inspiración para aquel que cuatro años después interpretase Eduardo Noriega en Tesis, manteniendo incluso el mismo nombre para él. "Himenóptero" es considerada la madre de Tesis. Sin embargo, el gran valor de este corto no provendría de aquí. La razón por la que este cortometraje marcaría para siempre la vida de Amenábar llegaría en el momento en el que la cinta caía en manos de Jose Luis Cuerda. Alguien le pasaba al director esta cinta con el fin de que viese el trabajo de la actriz. Sin embargo, con quien realmente quedó fascinado Cuerda fue con el trabajo del director, algo que le hizo querer conocerlo en persona. Himenóptero ganaría el Premio al mejor cortometraje en los festivales de Elche y Carabanchel, festivales en los que no sólo cosechó premios, sino también los elogios de profesionales del ramo, entre ellos del director Bigas Luna.
Dos años después del éxito de Himenóptero Amenábar se embarcaba en su siguiente cortometraje. "Luna", el que ya sería el tercero de sus trabajos, y para el cual contaría con otro de esos nombres que por siempre irán ligados al suyo: Eduardo Noriega. Amenábar conoció a Noriega gracias a uno de sus amigos, el cual, también metido en tareas de realización, puso un anuncio buscando estudiantes de interpretación que quisiesen participar de forma altruista en uno de sus trabajos. A dicho anuncio respondería Noriega. El destino ya les había unido para siempre.,, 
Para Luna contó también con la actriz Nieves Herranz, protagonista de Himenóptero que había ayudado en la escritura del guión. Gracias a su doble trabajo con Amenábar (en Himenóptero y Luna") Nieves Herranz fue elegida algún tiempo después para ser la hermana de Ana Torrent en la multipremiada Tesis. En Luna, Alejandro Amenábar se reservaba para sí mismo el papel de camarero, así como también quiso darle un pequeño cameo a su inseparable Mateo Gil. 
En este tercer corto, tan extenso que ya coquetearía con el concepto de mediometraje, Eduardo Noriega es un joven que queda tirado en la carretera en mitad de la noche. Tras hacer autoestop es recogido por una chica que no duda en ayudarle. Sin embargo, lo que en principio parece va a quedarse en una simple anécdota comienza a convertirse en una auténtica pesadilla cuando descubre que la joven no es tan inocente como en un principio parece. Si en Himenóptero Amenábar ya dio toda una lección de tensión con poquísimos medios, en Luna muestra su verdadera genialidad y talento. Con tan sólo dos personajes, apenas una localización y un simple diálogo entre dos personajes consigue crear una tensión absolutamente inusual. A esto ayudará mucho una partitura compuesta por el propio director que recrea un clima perfecto que sugestiona a la perfección. 
Luna ganaría el premio Luis García Berlanga al mejor guión y el premio de la AICA a su banda sonora. El primero de los premios consistía en la posibilidad de rodar el guión premiado en 35 mm, por lo que Amenábar se embarcaba gracias a ello en su primer rodaje en cine. Un año después volvía a rodar el mismo corto, pero esta vez en un formato mucho más profesional. De los treinta minutos originales se pasó a doce; los actores protagonistas seguieron siendo los mismos, pero esta vez el papel del camarero sería interpretado por el actor Joserra Cariñanos.
Las semillas de Tesis ya se habían plantado. Gracias a Himenóptero Jose Luis Cuerda había conocido a Amenabar y no dudaba en producirle el primero de sus largos, gracias a "Luna" había conocido a Eduardo Noriega y comenzaba ya a rodar en cine. Alejandro Amenábar ya estaba listo para el gran salto.
Pudo haber existido un cuarto corto, una cuarta historia de nombre "La extraña obsesión del doctor Morbius" que se grabó en el año 1991 y del que hoy apenas se sabe nada. Otro misterio en la carrera del Amenábar cortometrajista que casi con total seguridad y muy lamentablemente tampoco verá nunca la luzSi existe un nombre conocido por la inmensa mayoría de españoles, tanto aficionados al cine como no, ese es sin duda el de Alejandro Amenábar. Uno de nuestros nombres más internacionales y uno de los únicos cuatro directores españoles que pueden presumir de tener un Oscar de Hollywood. Tesis, Abre los Ojos, Los Otros, Mar adentro a Ágora no necesitan ya ningún tipo de presentación. Records en taquilla y en premios avalan la carrera de este director de cine en el que muchos jóvenes cortometrajistas quisimos alguna vez vernos reflejados. Sin embargo existió un Amenábar anterior a Tesis, a aquel primer largometraje que le diese siete premios Goya y que le catapultase de un modo definitivo a la fama en todo el país. Un Amenábar igual de apasionante pero mucho menos conocido. Es por esta razón que hoy, 16 años después de aquel momento de gloria, quiero rescatar a ese Amenábar del que menos gente habla. Aquel estudiante de imagen que comenzaba sus coqueteos con una cámara de vídeo, el mismo que años después seguiría haciéndolo pero esta vez con una de cine, al Amenábar más alejado de focos y alfombras rojas, el Amenábar cortometrajista

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