Cultura

daniel-maría Por Daniel María

18 de diciembre de 2012

Brave o Lo que no cambia

Brave o Lo que no cambia

Daniel María: Ya me había advertido mi hermana Laura que Brave (Indomable) entregaba mucho más de lo que se podía esperar de ella La vimos juntos y, al comenzar, me dijo: Quédate con todo. La reina es como mamá

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Ya me había advertido mi hermana Laura que Brave (Indomable) [Pixar, 2012] entregaba mucho más de lo que se podía esperar de ella. Estaba entusiasmada desde que la vio en el cine y no pude menos que hacerle el regalo de una copia en dvd cuando salió por fin a la venta, tras un verano y un otoño en que no paró de hablar sobre la película.

 

La vimos juntos y, al comenzar, me dijo: Quédate con todo. La reina es como mamá. Brave es la historia de una princesa a quien anexionan para aceptar el destino ya deparado. Cuando llega a la adolescencia los lores del reino presentan a sus primogénitos para que la princesa elija entre ellos a su próximo marido. Hasta el momento, la joven Mérida ha dado muestras de su rebeldía: detesta las labores derivadas de su condición femenina, odia coser y declamar, camina con aire de soldado, detesta los ropajes ceñidos y coloridos y no se despega de su arco (elemento falocéntrico que ella adopta como suyo por el mero hecho de la pasión, es decir, que fuera de todo prejuicio, el arco es una extensión de su condición libre, sin concesiones al género).

 

Sentada en el salón del trono, frente a los pretendientes, Mérida descubre que los candidatos han de afrontar la prueba que ella decida para luchar por su mano y por el trono, pues solo los primogénitos tienen derecho a tal privilegio. Es entonces cuando Mérida elige el tiro con arco. La suerte del principiante aventaja a uno de los tres jóvenes, que consigue dar en la diana. Tras el jolgorio de su estirpe, Mérida anuncia que ella, como primogénita del rey, luchará también por su propia mano. Consigue dar en la diana de los tres pretendientes; incluso atraviesa la flecha de quien, por suerte, acertó en el tiro.

 

La reina, quien ha mostrado siempre su oposición a la personalidad y las ideas de Mérida, monta en cólera. Esta vez, más vehemente que nunca, denuncia su actitud, rechaza enérgica su conducta y la obliga a pedir disculpas y continuar con la ceremonia, pero Mérida se defiende atacando el tapiz que su madre ha bordado con delectación y en el que aparece la familia al completo. El sajazo de la joven separa la representación de madre e hija. Comienza entonces la maldición.

 

No adelantaré más de la trama, porque deseo que la misma emoción de quien escribe embauque a los espectadores futuros, además de que siempre he detestado a quienes se dedican a destripar historias por no invertir esfuerzo en contar sin desvelar o aludir sin señalar.

 

Al terminar de ver la película descubrí por qué mi hermana se enamoró de ella. Comprendí la huella que dejó en su corazón. Se vio reflejada en la niña, y halló a nuestra madre en la reina. Quizás porque en la adolescencia todo lo que se hace por primera vez se hace para siempre, se trata de la época en que todos los errores son aprendizajes y se atan los lazos más profundos de la vida. Nosotros somos hijos de una osa y el cine ha proyectado nuestras luces en una pantalla. Nuestro amor es lo que no cambia el hechizo. Vean la película. Me entenderán.

 

Brave

Al comenzar, me dijo mi hermana Laura: Quédate con todo. La reina es como mamá.

 

 

Daniel María (Agulo, La Gomera, 1985) es actor, escritor y guionista. Su último libro es El caso de la película imposible: El extraño viaje (Editorial la Página 2011)

 

 

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