Cultura

josé-gómez-fernández Por José Gómez Fernández

05 de enero de 2013

Cirque du Soleil: Mundos lejanos (2012) de Andrew Adamson

Cirque du Soleil: Mundos lejanos (2012) de Andrew Adamson

José Gómez Fernández: El espectacular universo del Circo del Sol llega a la pantalla grande de la mano de James Cameron. Una descafeinada producción que no por bienintencionada resulta menos alejada de la magia de sus espectáculos en vivo.

Ver todas las noticias de Cultura

 

La espectacularidad propia de cada una de sus ejecuciones, la enorme fuerza visual que todas ellas conllevan, la brillante puesta en escena, la vistosidad de cada uno de sus montajes y composiciones, la exquisita armonía entre sus diferentes elementos o la perfecta combinación de luz y color de cada uno de los números del Circo del Sol resulta algo tan incuestionable que apenas tendría sentido escribir una reseña para referirse una vez más a ello. Que presenciar un espectáculo del Circo del Sol es asistir despierto a un mundo de ensoñaciones, de universos oníricos donde el arte cobra más sentido que nunca tampoco.
Sin embargo, en el momento en el que James Cameron (en labores de producción) y Andrew Adamson (detrás de la cámara) deciden llevar el espectáculo a la gran pantalla, el prisma desde el que observamos y evaluamos el mismo varia ostensiblemente. En primer lugar porque aún volcándose en acercar al espectador lo máximo posible a aquello que sucede ante sus ojos, apostando desde el principio por el 3D, visionar "Circo du Soleil: Mundos lejanos" no es ni por asomo asistir en directo a uno de sus famosos espectáculos. En segundo lugar porque el cine, como arte distinto y diferenciado que es, posee un lenguaje diferente a aquel que se desarrolla encima de un escenario. Y ese lenguaje, lamentablemente, en este Circo du Soleil Mundos lejanos apenas consigue respetarse. Cierto es que el uso de la cámara nos permite acercarnos más a muchos de sus elementos, cierto también es que puede recrearse en otros tantos gracias a una cámara ralentizada inconcenbible en un espectáculo en directo, pero no por esas ventajas nos encontramos en una posición de privilegio frente a aquellos que acuden in situ a la magia del vivo, a no ser que nos refuramos al precio de la entrada, que en este caso como es de esperar nos resultará mucho más económico.
La ausencia de un hilo argumental mínimamente sólido, más allá del de una chica que busca a través de mundos de ensueño a su amado, se echa especialmente en falta cuando es en una butaca de cine donde estamos sentados. La ausencia absoluta de diálogos (apenas tres frases en una primera secuencia de arranque), no supone el más mínimo handicap en cualquier espectáculo del circo del sol (sobrarían de echo) pero sí resulta importante cuando hablamos de una producción cinematográfica. Diálogos que son sustituidos, eso sí, por unas fantásticas partituras que envuelven cada uno de los números, ayudando en la construcción de esos caprichos oníricos característicos de la compañía. Y no es lo único positivo de esta propuesta de Andrew Adamson. En el aspecto visual la factura de la misma resulta del todo impecable. Apoyado en una excelente fotografía, el universo de formas y colores al que nos invitan Adamson y Cameron nos alejará, al menos por unos minutos, de esa realidad gris mucho más cercana que a día de hoy tan bien conocemos todos.
Hablar de "Circo del Sol: Mundos lejanos" como del intento fallido por acercar al gran púbico los brillantes números de la compañía de circo canadiense más famosa de todo el planeta, no es sino corroborar que hay espectáculos que no pueden ser llevados a una sala de cine, precisamente porque la fuerza de los mismos radica en algo que trasciende cualquiera de las pantallas. Ligeramente recomendable para quienes no han asistido a uno de estos montajes en directo pero claramente decepcionante para quienes sí han tenido la suerte de hacerlo, para aquellos que, en cualquier punto del planeta, pudieron recrearse al menos por un día con las propuestas de ensueño de esta mágica compañia.

La espectacularidad propia de cada una de sus ejecuciones, la enorme fuerza visual que todas ellas conllevan, la brillante puesta en escena, la vistosidad de sus montajes y composiciones, la exquisita armonía entre sus diferentes elementos o la perfecta combinación de luz y color de cada uno de los números del Circo del Sol resultan ya tan incuestionables que apenas tendría sentido escribir una reseña para referirse una vez más a ello. Que presenciar un espectáculo del Circo del Sol es asistir despierto a un mundo de ensoñaciones, de universos oníricos donde el arte cobra más sentido que nunca tampoco.

 

Cirque du Soleil: Mundos lejanos


Sin embargo, en el momento en el que James Cameron (en labores de producción) y Andrew Adamson (detrás de la cámara) deciden llevar el espectáculo a la gran pantalla, el prisma desde el que observamos y evaluamos el mismo varía ostensiblemente. En primer lugar porque aún volcándose en acercar al espectador lo máximo posible a aquello que sucede ante sus ojos, apostando desde el principio por el 3D, visionar Cirque du Soleil: Mundos lejanos no es ni por asomo asistir en directo a uno de sus famosos espectáculos. En segundo lugar porque el cine, como arte distinto y diferenciado que es, posee un lenguaje diferente a aquel que se desarrolla encima de un escenario. Y ese lenguaje, lamentablemente, en este Cirque du Soleil: Mundos lejanos apenas consigue respetarse. Cierto es que el uso de la cámara nos permite acercarnos más a muchos de sus elementos; cierto también es que puede recrearse en otros tantos gracias a una cámara ralentizada inconcenbible en un espectáculo en directo, pero no por esas ventajas nos encontramos en una posición de privilegio frente a aquellos que acuden in situ a la magia del vivo, a no ser que nos refiramos al precio de la entrada, claro está, que en este caso, como es de esperar, nos resultará mucho más económica.


La carencia de un hilo argumental mínimamente sólido, más allá del de una chica que busca a través de mundos de ensueño a su amado, se echa especialmente en falta cuando es en una butaca de cine donde estamos sentados. La ausencia absoluta de diálogos (apenas tres frases en una primera secuencia de arranque), no supone el más mínimo handicap en cualquier espectáculo del Circo del Sol (sobrarían de hecho) pero sí resulta importante cuando hablamos de una producción cinematográfica. Diálogos que son sustituidos, eso sí, por unas fantásticas partituras que envuelven cada uno de los números, ayudando en la construcción de esos caprichos oníricos característicos de la compañía. Y no es lo único positivo de esta propuesta de Andrew Adamson. En el aspecto visual la factura de la misma resulta del todo impecable. Apoyado en una excelente fotografía, el universo de formas y colores al que nos invitan Adamson y Cameron nos alejará, al menos por unos minutos, de esa otra realidad mucho más gris y cercana que a día de hoy tan bien conocemos todos.

 

Cirque du Soleil: Mundos lejanos


Hablar de Cirque du Soleil: Mundos lejanos como del intento fallido por acercar al gran púbico los brillantes números de la compañía de circo canadiense más famosa del planeta, no es sino corroborar que hay espectáculos que no pueden ser llevados a una sala de cine, precisamente porque la fuerza de los mismos radica en algo que trasciende cualquiera de las pantallas. Ligeramente recomendable para quienes no han asistido a uno de estos montajes en directo pero claramente decepcionante para quienes sí han tenido la suerte de hacerlo, para aquellos que, en cualquier punto del planeta, pudieron recrearse al menos por un día con las propuestas de ensueño de esta mágica compañía.

 

 

Cirque du Soleil: Mundos lejanos (2012), de Andrew Adamson, se estrena en España el 4 de enero de 2013

 

 

*José Gómez Fernández es licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como escribió varios años para la guía de ocio y cultura lanetro, donde dedicaba un espacio a hablar de cine.

Publicidad

Publicidad