Cultura

nacho-cabana Por Nacho Cabana

24 de enero de 2013

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (2012), de Ben Zeitlin.

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (2012), de Ben Zeitlin.

Nacho Cabana: Bestias del sur salvaje es una película muy eficaz porque consigue ser a la vez dura y sentimental, documental y ficción, republicana y demócrata, audaz y conservadora.

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Bestias del sur salvaje es una película que, por encima de personajes e historia (que los tiene, estamos lejos de un relato meramente contemplativo) justifica su existencia por el ambiente en el que se desarrolla. Es, por así decirlo, un largometraje en el que se retrata un universo muy concreto con tal fuerza visual que todo lo demás (historia, personajes… ) queda relegado a un segundo plano aunque en modo alguno pasa desapercibido al espectador ni es despreciado por sus autores.

 

Este universo es la isla de Charles Doucet, un lugar de ficción creado a partir de varias comunidades reales aisladas por los huracanes, lluvias e inundaciones en una zona denominada Terrebonne Parish en Louisiana, EE.UU. Un escenario post-Katrina que vive separado del resto del mundo por una presa en donde hombres, mujeres, niños y bestias conviven en infraviviendas erigidas en los meandros de un río cuyas crecidas amenazan permanentemente con convertirlas en barcas. Una zona varios puntos por debajo del nivel de pobreza existente en los suburbios habitados por la “white trash” estadounidense y retratados, por ejemplo, en la reciente El hombre de las sombras (2012) de Pascal Laugier. Un escenario tercermundista que Zeitlin y la guionista Lucy Alibar (que adapta su propia obra teatral Juicy and delicious)  retratan como si hubieran nacido y crecido en esa sociedad anárquica de buenos salvajes, hubieran escapado para estudiar cine y ahora regresaran a contarnos su infancia.

 

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (2012), de Ben Zeitlin.

 

Pero no es así. Lucy Alibar es una chica de Florida que se mudó a la gran manzana para intentar abrirse camino como dramaturga y Ben Zeitlin es su amigo neoyorquino con el que escribió el guión de la película que nos ocupa. Ninguno de los dos tiene raíces en la zona o la cultura que describen en su film. Dicho de otro modo, lo último que uno se espera encontrar al conocer a los responsables de Bestias del sur salvaje es a dos culturetas blancos rondando la treintena.

 

Ambos se mudaron cuatro meses a la zona en la que se desarrollaba su historia para reescribir y reescribir y reescribir el guión. Luego montaron un pequeño equipo de rodaje con gente local y eligieron actores no profesionales para interpretar a los personajes de su relato. De esta forma crearon un universo de ficción que parece documental o un universo documental en el que insertar una ficción.

 

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (2012), de Ben Zeitlin.

 

Lo primero que llama la atención de Bestias del sur salvaje es su barroquismo. Todos los planos  y todas las localizaciones están llenas de cosas, de objetos, de relaciones espaciales alteradas en los habitáculos. Los personajes hacen cosas cotidianas de forma muy diferente a como las ejecuta el resto del mundo (inolvidable la forma en que Hushpuppy, la niña protagonista, enciende el gas para cocinar) No rige en ese microcosmos corrección política, ni protección a la infancia, ni educación, ni higiene, ni nada de lo que se suele asociar a civilización aunque sus habitantes no pertenezcan a tribu remota alguna. Es algo así como un asentamiento chabolista ubicado en un entorno de naturaleza salvaje en el que reina la anarquía y, parecen decir sus creadores, la libertad.

 

Lo que nos lleva a la auténtica naturaleza de Bestias del sur salvaje: la toma de posición de Zeitlin y Alibar en el debate que ha presidido la relación entre los partidos demócrata y republicanos estadounidenses y que ha marcado la última campaña electoral. ¿Cuál ha de ser el papel del estado en la protección de sus ciudadanos? ¿Ha de intervenir en situaciones de crisis social, medioambiental, sanitaria o ha de dejar que sus súbditos se las arreglen por sí mismos? ¿Tiene derecho el gobierno a modificar y eliminar las condiciones de vida de sus habitantes en contra de la voluntad de éstos por muy miserables que sean? La postura de la película es claramente no intervencionista, o sea, republicana. Dejemos a los pobres que lo sigan siendo porque ellos quieren vivir así, porque viven en una arcadia de libertad que no entiende de limpieza ni reglas. Por eso me sorprende tanto el apoyo de Obama a esta película, porque defiende principios opuestos a los que le han posibilitado la reelección al tiempo que retrata unos EE.UU tercermundistas y necesitados de los servicios sociales que los conservadores quieren recortar o eliminar.

 

Quizás su eficacia con públicos a priori posicionados en contra de su ideología nazca de la articulación y enmascaramiento de ésta a partir de las vicisitudes de una niña de cinco años que vive con su padre enfermo. Sus responsables muestran la marginalidad más absoluta a partir de los ojos de alguien que, por edad y consiguiente inocencia, no conoce otra cosa y por tanto goza del paraíso infantil sin disciplina ni obligaciones al que todo infante aspira. Logran director y guionista algo parecido al único mérito de El árbol de la vida (2011) de Terrence Malick. Ser capaces de mostrar el entorno familiar (y social en el título que nos ocupa) a partir de la recepción mermada que un menor tiene de éste.

 

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (2012), de Ben Zeitlin.

 

Curiosamente, esta focalización en el punto de vista de Hushpuppy es traicionada sistemáticamente por sus creadores al incluir la voz en off de ésta soltando reflexiones impropias de un personaje de su edad. Lo ingenuo que pueda resultar el retrato de una arcadia al margen de todo se justifica porque adopta el punto de vista de una criatura que nunca ha salido de allí. Pero al mismo tiempo es traicionado al verbalizar Hushpuppy conclusiones sobre lo que está ocurriendo propias de alguien con una visión del mundo mucho más amplia y que por tanto, difícilmente podría ignorar lo que de verdad ocurre en la isla de Charles Doucet.

 

Bestias del sur salvaje saca todo el partido posible a sus actores no profesionales. Quvenzhané Wallis (seleccionada entre 4000 aspirantes) lo hace todo lo bien que lo puede hacer una niña de su edad ; Dwight Henry parece un actor profesional a pesar de no haber actuado en su vida (es el dueño de una panadería en el barrio de Treme, Nueva Orleans llamada “Buttermilk drop”) y el resto del reparto, en cometidos mucho menores, parecen hacer en la pantalla lo mismo que en su día a día.

 

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (2012), de Ben Zeitlin.

 

Su guión (desarrollado en el “Sundance Institute Screenwriters” como el de otra película muy diferente con la que tiene algunos puntos en común, Aquí y allá -2012- de Antonio Méndez Esparza) apuesta por introducir dos líneas narrativas que articulan su desarrollo, una en un plano real (la relación padre-hija) y otra fantástica o metafórica (los misteriosos “aurochs”, una especie de jabalís extinguidos en el siglo XVII que se descongelan y avanzan hacia Louisiana) Mientras la primera da al conjunto una narrativa “convencional” al ir concatenando sucesos que dinamizan y vertebran la historia, la segunda se revela como excesivamente extradiegética en su introducción en el relato y, sobre todo, ingenua al incorporarse finalmente al plano real.

 

Tampoco está bien introducido, aunque resulte fascinante en sí mismo, el segmento que se desarrolla en el burdel flotante. No se entiende porqué los niños solos se plantan allí y son capaces de llegar y regresar. Está clara su intención dramática, pero no su engarce con el resto del relato.

 

Bestias del sur salvaje es una película muy eficaz porque consigue ser a la vez dura y sentimental, documental y ficción, republicana y demócrata, audaz y conservadora. Ha tardado bastante en estrenarse en España para poder apoyarse en su carrera hacia los Óscar. Desde luego, los merece más que La vida de Pi (2012) de Ang Lee o La noche más oscura (2012) de Katrhyn Bigelow aunque menos que Django desencadenado (2012) de Quentin Tarantino. Curiosamente,  estos dos últimos no han sido nominados como mejor director y Zeitlin, sí. Lucy Alibar se ha quedado sin nominación.

 

*Nacho Cabana es guionista de cine y televisión y ha participado en las series “Colegio Mayor”, “Médico de Familia”, “Compañeros”, “Policías en el corazón de la calle” al tiempo que gano el Premio Ciudad de Irún dos veces en diez años en 1993 por el cuento “Los que comen sopa” y en 2003 por la novela “Momentos Robados” y escribo los guiones de los largometrajes No debes estar aquí (2002), dirigido por Jacobo Rispa y Proyecto dos (2008), dirigido por Guillermo Groizard.

 

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