Cultura

josé-luis-muñoz Por José Luis Muñoz

29 de enero de 2013

FELIZ ETERNIDAD, MISTER OSHIMA

FELIZ ETERNIDAD, MISTER OSHIMA

José Luis Muñoz: Durante estos años he vuelto a ver El imperio de los sentidos un par de veces, para comprobar su vigencia, y me han impactado sus imágenes, ante alguna de las cuales he tenido que apartar la vista

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Un éxito puntual no supone automáticamente una carrera exitosa, ni siquiera una continuidad, en el mundo del cine.  Michael Cimino  puede ser un ejemplo claro de ello. Otro, un clásico de cine, Orson Welles, que hubo de exiliarse y hacer cine en Europa porque los estudios norteamericanos no le financiaban sus películas por demasiado personales.

           

Llevaba bastantes años preguntándome qué había sido de Nagisa Oshima. El realizador japonés había enmudecido después de haber disfrutado de una época de oro en la que facturó una serie de películas que iban a figurar como las más osadas del cinema japonés, consiguiendo que su cine, hasta aquel momento local (nueve películas la precedieron, pero ninguna de ellas se vio fuera de Japón) se hiciera internacional.

 

El impero de los sentidos 

El imperio de los sentidos

 

Eran los tiempos de oro de la cinematografía nipona, prestigiada con nombres como Akira Kurosawa, Masaki Kobayashi, Kon Ichikawa, Sohei Imamura, Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu,  que arrasaban en los festivales y seducían a los europeos muchos años antes de que el cine chino les tomara el relevo y se convirtiera en el de referencia en Extremo Oriente. Oshima llegó en un momento en que aires de revuelta social sacudían el mundo desde un continente a otro, una eclosión mundial que tenía como epicentros el mayo francés de los adoquines y el Berkeley hippie que se manifestaba contra la guerra de Vietnam. Se hicieron en aquella época películas que seguramente nadie se habría atrevido a producir ahora, tiempos de regresión ideológica, sistémica y económica de la que tratamos de salir. Bernardo Bertolucci escandalizaba con El último tango en París (1972), condenada a ser quemada como un hereje en tiempos de la Inquisición (por suerte hubo copias en el extranjero que se salvaron de esa quema y han hecho posible que esa desgarradora historia de amor nos siga conmoviendo); Pier Paolo Pasolini filmó su película póstuma, tras la que fue asesinado de forma brutal, Saló o los 120 días de Sodoma (1975), una película visceral, sórdida y violenta que, aún hoy, resulta de difícil digestión; y Nagisa Oshima sacudió a los espectadores con otra historia de amor terrible, inspirada en hechos reales, El imperio de los sentidos (1976), en donde se incluían imágenes pornográficas (rodadas en Francia, porque en Japón la película sigue estando prohibida) por primera vez en una película que se distribuía por los circuitos comerciales. Oshima, con imágenes osadas y transgresoras que incluían felaciones en primer plano, eyaculaciones y una detallada emasculación, nos ofrecía en El imperio de los sentidos, a la que siguió El imperio de la pasión (1978), a años luz de su predecesora y no tan inspirada, una historia de amor absoluta que terminaba en fusión Eros Tánatos y dejaba al espectador sin aliento en su última secuencia.

 

David Bowie  Feliz Navidad Mr. Lawrence (1986),

David Bowie en Feliz Navidad Mr. Lawrence

  

Oshima capitalizó el escándalo de esta obra maestra del cine erótico y filmó años más tarde, con David Bowie de protagonista y Ryuichi Sakamoto dándole la réplica (y además componiendo la extraordinaria banda sonora del film), Feliz Navidad Mr. Lawrence (1986), una historia de amor homosexual entre un soldado británico prisionero de la Segunda Guerra Mundial y el oficial carcelero que se encarga de su custodia y se enamora de él, en la que también aparecía, como sargento brutal, Takeshi Kitano, años antes de su humor amarillo y sus films de yakuzas.

 

Charlotte Rampling, Max, mon amour,

Charlotte Rampling, en  Max, mon amour,

 

Luego, inexplicablemente, la carrera de Oshima se disolvió tras rodar en Francia una estrambótica película de un menage a trois con un chimpancé protagonizada por Charlotte Rampling, Max, mon amour, a la que siguió, en 1999, Gohatto, interpretada por Takeshi Kitano, tras convalecer de un grave accidente cerebrovascular.

 

Gohatto

Gohatto

 

Durante estos años he vuelto a ver El imperio de los sentidos un par de veces, para comprobar su vigencia, y me han impactado sus imágenes, ante alguna de las cuales he tenido que apartar la vista. El 13 de enero de este año que empieza tuve, por fin, noticias de su director: murió, pero nos deja en la retina imágenes de uno de los iconos del cine de los setenta que sigue siendo tan revulsivo casi cuarenta años después, lo que es garantía de eternidad.

 

 

*José Luis Muñoz es escritor. Sus últimos libros publicados son Marea de sangre (Erein 2011) de La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011), Muerte por muerte (Bicho Ediciones 2011) Patpong Road (La Página Ediciones, 2012) y Bellabestia (Sigueleyendo.com 2012)

 

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