Cultura

joseluismunoz Por Luis Muñoz Diez

01 de febrero de 2013

Hitchcock (2012), de Sacha Gervasi

Hitchcock (2012), de Sacha Gervasi

Luis Muñoz Diez: La película de Gervasi, proponen un viaje personal del director, cuando cumple los sesenta, y no es el mismo cuando empieza a narrar la historia que cuando aparece la palabra FIN.

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Siempre da un poco de perece ver una película en la que su protagonista no sólo es un maestro del séptimo arte, sino que su figura es un verdadero icono identificable hasta por su silueta, y más si al genio le pone cara un actor con un físico tan reconocido como es el de Anthony Hopkins. Así, debemos aislar el personaje de la persona, olvidar todo lo que sabemos del mago del suspense, si es que en realidad sabemos algo… Porque, ¿qué sabemos? De todo y nada: que era tramposo como guionista, que era irónico hasta el desprecio y que gozaba haciendo sufrir a sus rubias musas en las que buscaba su ideal femenino, y muchos cuentos más. Pero una película hay que verla sin demasiado antecedente, porque sino cualquier desliz del guionista o director puede chirriar y amplificarse en un “no me lo creo”

La película de Gervasi está basada en el libro de Stephen Rebello, adaptado por el propio autor y el guionista John J. McLaughlin.

  

Anthony Hopkins en Hitchcock (2012), de Sacha Gervasi

 

Sacha Gervasi abre la narración con un Alfred Hitchcock encarado al público, tal y como lo hacía en sus famosos programas para televisión, con millones de seguidores y tan menospreciados por la industria del cine. Hitchcock, nos cuenta la situación por la que atraviesa: le tiene seducido la historia de Psicosis y necesita plasmarla en la pantalla. A partir de ahí, vienen las dificultades, ya que los estudios ven en Psicosis una historia vulgar; pero el director, tozudo, decide producir él mismo la película arriesgando su confortable forma de vivir y sin contar de entrada con su mujer. Esta situación da pie a Gervasi para entrar en la casa de Alfred y verle inseguro porque la industria le hurta el alago que merece; y algo habría de cierto, al margen del pensamiento neurótico que anida en todo artista, porque el director tuvo que esperar a recibir un Oscar por toda su carrera. Así, le vemos en pijama a media noche desvalijando la nevera compulsivamente, voyeur sin mucho disimulo de su propia mujer y de sus actrices, obsesionado con esa ideal de mujer rubia que sólo le sirve en su ensoñación, porque en el biopic, sin negarle su inmenso talento, le muestran como un niño grande, gordinflón, incapaz de contener sus pulsiones y dependiente como un párvulo de su mujer Alma.

 

Helen Mirren Anthony Hopkins en Hitchcock (2012), de Sacha Gervasi

 

El personaje de Alma no tiene fisuras, es quién acuna al hombre y al genio, pero con un tacto y de una forma tan sensata que enamora. Helen Mirren está perfecta, y da la réplica a un Anthony Hopkins que nos hace olvidar al icono y consigue que veamos en él nada más que el personaje que interpreta. Todo un mérito.

 

En el biopic, proponen un viaje personal del director, que no es el mismo cuando empieza a narrar la historia que cuando aparece la palabra FIN. En el primer visionado, nadie da nada por Psicosis y él ha arriesgado todo su dinero y su prestigio. Hitchcock, pide ayuda a Alma, se ponen a trabajar codo con codo y ese trabajo es recompensado por el éxito, por lo que se podría llegar a la incierta conclusión de que si unes trabajo y tesón todo se puede; porque está claro que el matrimonio Hitchcock debía de contar, al margen del tesón y el trabajo, con una gran dosis de talento.

 

Helen Mirren Anthony Hopkins en Hitchcock (2012), de Sacha Gervasi

 

Aun conociendo el final, la película tiene su intriga y es creíble todo lo que nos cuentan: sus personajes parecen de carne y hueso, y suscita curiosidad durante los noventa y ocho minutos que dura. Sin ser una gran película, tiene gracia y moraleja, James D'arcy, compone un Anthony Perkins creíble, y cuenta con un aliciente añadido: Scarlett Johansson que da vida a la Janet Leigh protagonista de Psicosis.

 

Hitchcock (2012), de Sacha Gervasi, se estrena en España el 1 de febrero de 2013

 

 

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