Cultura

josé-gómez-fernández Por José Gómez Fernández

05 de febrero de 2013

Las diez películas más originales

Las diez películas más originales

José Gómez Fernández: Hacemos un repaso a algunos de los títulos más innovadores, curiosos e incluso extraños que ha dado el cine a lo largo de su historia.

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Hubo un momento en el cine en el que parecieron agotarse las ideas, en el que aquello del "todo ya está inventado, todo está escrito" se convirtió en peligrosa máxima sobre la cual se dio luz verde a una oleada de "vueltas a" que inundó las carteleras de todo el planeta de remakes, secuelas, precuelas, biopic, adaptaciones... que amenazaban (y por supuesto siguen amenazando) la integridad de nuestro querido séptimo arte. Es por esta razón que quiero hoy rescatar aquellos títulos que, bien por un motivo u otro, supieron dar muestras de una originalidad de la que hoy más que nunca se debería tomar ejemplo. Lo de menos ya es que sean buenas o malas (y aviso que la gran mayoría de ellas son absolutamente brillantes). Lo verdaderamente importante es que supieron desmarcarse del resto y aportar una dosis de innovación que en muchos casos fue unida a una absoluta genialidad.
El motivo por el cual emprendo hoy este especial viaje viene ligado a un visionado que llevé a cabo hace pocos meses en el cine de unos amigos. Sí, en su cine, no en su casa o en su tele; en su cine, en esa sala de proyector y pantalla gigante que sólo unos pocos privilegiados pueden presumir de tener dentro de su casa. La cinta en cuestión se llamaba "La cabaña en el bosque" y venía precedida del anuncio de su retirada de las salas debido al éxito que había tenido la misma en cuanto a descargas en internet. Su público potencial había optado por descargarla en su ordenador mucho antes siquiera de su estreno en los cines, razón por la que ya apenas tenía sentido llevarla a la pantalla grande. Si cualquiera hubiese leído la sinópsis de esta película momentos antes de visionarla hubiese pensado, y no con falta de razón, que de original tenía más bien poco: "Cinco adolescentes se preparan para pasar el fin de semana en una remota cabaña, situada en un bosque, sin medios de comunicación con el exterior. En el sótano encuentran una extraña colección de reliquias y, entre ellas, un diario que habla de la antigua familia de psicópatas que ocupó la casa. Lo que no sospechan es que están siendo observados y que su vida corre peligro." Sin embargo "La cabaña en el bosque" guarda un as en la manga. Esta engañosa película homenajea como ninguna otra un género que si por algo se ha caracterizado ha sido precisamente por la escasa originalidad de la mayoría de sus propuestas. Todo un descubrimiento, el cual obviamente no voy a destapar, que me hizo pensar en otro puñado de películas similares que poseyeran ese denominador común: lo novedoso en su planteamiento. Bien por su guión, por su montaje, por su puesta en escena, por su estructura... todas ellas se desmarcaron del resto. En este viaje vamos a rescatar nueve títulos más, todo con el fin de crear, junto a "La cabaña en el bosque" un decálogo de películas diferentes, originales, en algunos casos incluso extrañas, que suponen un soplo de aire fresco en toda esta vorágine de "volver a" que tanto daño está haciendo a nuestro amado cine.
Comenzamos por la primera de ellas. Corrí el año 1997, Vicenzo Natali nos sorprendía a todos con una extraña película de nombre "Cube" que no tardaría en ser galardonada con los premios a la mejor película y al mejor guión en el Festival de cine fantástico de Sitges. El planteamiento de la cinta era tan sencillo como sin duda brillante. Seis personajes se encuentran encerrados, sin saber bien el por qué, en el interior de un laberinto de habitaciones cúbicas totalmente desprovistas de cualquier objeto o mobiliario. Cada habitación posee seis salidas, cada una de ellas en una de las caras de la habitación-cubo. Dichas salidas dan acceso a otras habitaciones exactamente iguales a aquella en la que se encuentran. Algunas de estas habitaciones son seguras. Otras guardan espeluznantes trampas mortales... La impactante primera secuencia de "Cube" ya nos deja bien claro que estamos visionando una película muy distinta. La genialidad de Natali consiste en rodar toda una película sin un solo elemento de atrezzo, en espacios desprovistos literalmente de cualquier objeto. Las habitaciones que vemos en "Cube" son réplicas exactas unas de otras (a excepción del color de sus luces), razón por la que podemos hablar incluso del rodaje completo en una sola habitación. Los actores de la película son los únicos elementos con los que nos encontramos a lo largo de todo su desarrollo distintos a las paredes de cada uno de los cubos. Un más difícil todavía que Vicenzo Natali aprobó "Cum Laude" y que sirvió de pistoletazo de salida para dos películas más: una secuela ("Cube 2") y una precuela ("Cube Zero"), momento en el cual se apagó para siempre la llama de su originalidad.
"Memento" es otro de esos títulos que deberían siempre figurar en una lista como ésta. Realmente su guión estaría desprovisto de cualquier atisbo de originalidad, su estética y su puesta en escena tampoco le otorgan una personalidad indiscutible. Si examinamos a "Memento" bajo cualquiera de estos prismas, podríamos hablar de que estamos ante un thriller más al uso. Entonces, ¿por qué es tan distinta? La respuesta la encontramos en su estructura y en su montaje, allí es donde nos toparemos con algo tan inusual que difícilmente podrá resultar indiferente a nadie. Y es que en "Memento" no estamos hablando de aquel rompecabezas que "Pulp Fiction" puso tan de moda y que González Iñairritu supo sacar provecho mejor que ningún otro. No estamos hablando de historias cruzadas que compongan un complejo entramado espacio-temporal con un cierto halo de transgresión. No, la estructura de "Memento" es mucho más sencilla (o más compleja, según se mire). Aquí, en esta brillantísima película de Christopher Nolan, la historia simplemente se narra al revés. Y es que todas y cada una de las secuencias que componen esta película se encuentran montadas en un sentido inverso. En "Memento" comenzamos visionando la última secuencia de la historia e iremos retrocediendo progresivamente hasta llegar, al final de la cinta, a la primera de ellas. La razón de este montaje la encontramos en la propia historia. Leonard, el protagonista de esta película, posee un transtorno denominado amnesia anterógrada, un mal que provoca, en los sujetos que lo padecen, la incapacidad de almacenar nuevos recuerdos en lo que conocemos como memoria a largo plazo. Dicho en otras palabras, cuando los sujetos que la padecen pierden la concentración en aquella acción que están llevando a cabo, pierden automaticamente el recuerdo de la misma. Leonard padece este tipo de Amnesia y Christopher Nolan quiere que el espectador la padezca con él. De este modo con cada salto de secuencia el espectador pierde, al igual que Leonard, el sentido de todo aquello que está sucediendo y de lo que conocíamos hasta ese momento. ¿Qué hace ahora Leonard en este lugar? ¿Quién es esa mujer que se encuentra frente a él? Pero sobre todo, ¿por qué está sonriendo de ese modo tan extraño? Está claro que Memento pone a prueba nuestra propia capacidad de memoria. Y es que será necesario visionar la película entera para, una vez finalizada, reconstruir con cada una de sus piezas la historia al completo. Un interesante reto el que nos propone esta película que vio la luz allá por el año 2000 .
Cuando Lars Von Trier presentó Dogville en el año 2003 muchos nos sorprendimos por la valentía de este metraje. Después de su innegable triunfo con la no menos soberbia "Bailar en la oscuridad" el controvertido director danés se embarcaba en una historia de gangsters y miserias humanas cuya puesta en escena suponía todo un órdago para el gran público. "Dogville" se desarrollaba en un escenario artificial donde apenas existía decoración ni atrezzo. Las diferentes casas que componían este extraño pueblo estaban delimitadas por unas líneas blancas pintadas en suelo, el mismo donde también podíamos encontrar algunas palabras escritas que aportaban pequeñas informaciones del interior de cada vivienda.  En Dogville no existían las paredes, como tampoco muchos de los objetos que deberían aparecer en la historia. Todo un tratamiento teatral en un colosal escenario de unas dimensiones tales que difícilmente podría ser llevado a ningún teatro. El resultado de esta valiente puesta en escena fue una de las películas más brillantes e inteligentes que ha dado el cine en los últimos años, así como uno de los mejores trabajos en la carrera de Nicole Kidman.
La originalidad en las propuestas no sólo ha sido característica de las últimas décadas. Ya en los años cuarenta directores como Alfred Hitchcock propusieron modos de hacer cine que incluso en nuestros días siguen resultando novedosos. Un claro ejemplo de esto lo encontramos en "La soga", la película de 1948 que, adaptada de la obra teatral homónima, nos narraba el asesinato cometido por dos jóvenes universitarios propuestos a llevar las teorías de Nietzsche a sus últimas consecuencias. "La Soga" se desarrollaba integramente en un solo escenario. El apartamento donde se celabraba una curiosa cena, una cena servida sobre el arcón en el que los dos jóvenes habían ocultado minutos antes el cadáver de su amigo. Sin embargo "La Soga" no resultaba especial por esto. Otras película del genio de Hitchcock ya habían utilizado un único escenario para narrar toda una película, escenarios incluso mucho más reducidos que el citado apartamento. Era el caso de "Naúfragos" (1944) donde toda la acción transcurría en un pequeño bote salvavidas. La originalidad de "La soga" radicaba también en su montaje, o casi mejor dicho, en su "no montaje". Y es que esta interesante película se rodó integramente en diez planos-secuencia, en diez únicas tomas sin cortes que a buen seguro supusieron todo un reto para actores y equipo técnico. La intención inicial de Alfred Hitchcock era rodar la misma en una sola toma, pero la duración máxima de los rollos de película (diez minutos) le obligaron a cortar la misma en nueve ocasiones. Cuando el rollo de película se estaba acabando y con el fin de disimular el inevitable corte que habría entoncesº de llegar, Hitchcock optaba por adentrar la cámara en algún lugar oscuro del escenario (vease las chaquetas de los protagonistas o la tapa del arcón) y salir del mismo ya con un rollo de película nuevo. "La Soga" fue sin duda una muestra más de la genialidad de un Hitchcock nacido para hacer cine.
También en España contamos con directores que marcaron un estilo claramente separado del resto. Fue el caso de Bigas Luna, cuando en el año 1987 sorprendió a todo un país y parte del resto con su extraña "Angustia", un título rodado en inglés y con actores norteamericanos que, a modo de juego de espejos, nos presentaba aquello del cine dentro del cine, pero esta vez, como si de un conjunto de muñecas rusas se tratase, llevando el concepto a su máximo expresión. En Angustia asistimos a la proyección de una película que está dentro de otra, que a su vez forma parte de una tercera, la cual se está proyectando en una cuarta y así sucesivamente hasta cinco niveles de percepción. Todo un efecto hipnótico absolutamente extraordinario que supuso uno de los mejores trabajos en la filmografía del director catalán. Y es que "Angustia" es de por sí una película angustiosa y única que a día de hoy sigue manteniendo ese halo de originalidad tan brillante como el día de su estreno.
Ya habían existido historias con un número extremadamente limitado de actores. Fue el caso de "La huella" (1972), en la que Laurence Oliviar y Michael Caine encarnaban a los dos únicos personajes que aparecían a lo largo de toda la cinta. Más valiente aún resultaba ser "El teléfono", película de 1988 en la que Whoopi Goldberg copaba en solitario el ochenta por ciento de todos los planos del metraje. Sin embargo ninguna cinta había llegado tan lejos como en el año 2010 consiguió llegar "Buried (Enterrado)". El segundo largometraje del español Rodrigo Cortés impactó al gran público no sólo por contar con un único actor para el desarrollo íntegro de toda la película (un único actor en plano aunque varios fuera de él), sino muy especialmente por ubicar a éste dentro de un macabro ataud y narrar toda la historia al completo en el interior del mismo. Una última vuelta de tuerca que Rodrigo Cortés conseguía ejecutar con absoluta maestría, manteniendo en todo momento el buen pulso y el correcto ritmo de una cinta que apenas mostraba concesiones. Y es que a Rodrigo Cortés no parecía temblarle el pulso a la hora de desarollar tan arriesgada trama, algo que facilitó llevar el proyecto a buen puerto. Toda una apuesta la del director orensano que encontraba en su valiente arranque (un plano negro de casi un minuto de duración) la mejor de todas las posibles presentaciones.
Cuando hablamos de películas originales, diferentes, únicas o incluso "extrañas" es fácil remitirnos a géneros como la ciencia ficción, el terror o el cine fantástico, géneros que parecen fueron concebidos para innovar, para crear, para romper los moldes establecidos, para buscar ese "más difícil todavía" que tanto necesitamos algunos. En contraposición a ello parecen existir otros tantos que a priori se antojan mucho más estáticos, mucho más tradicionales y por tanto menos susceptibles de cualquier riesgo, cambio o innovación. La comedia romántica es sin duda uno de ellos. Resulta complicado visionar una cinta de este género y que la misma no nos recuerde, en mayor o menor medida, a tantas otras de su misma "especie", aquel "chico conoce a chica" que, adornado con colores distintos, vendría a remitirnos siempre a los mismos estándares que durante años se consolidaron como pilares de un género. Sin embargo no hace muchos años apareció una cinta que supo romper como ninguna otra esos rígidas corsés propios de la comedia romántica, una película tan extraña como cautivadora. Su nombre "Camille", una película del año 2007 protagonizada por James Franco y Sienna Miller digna merecedora de un puesto en este decálogo. Su extraño guión, la forma tan inusual en la que se van construyendo los principales personajes, los giros que experimentan los mismos (en consonancia con los del propio guión), los continuos cruces con otros géneros, su extraño final (tan poético como metafórico)... convierten a Camille en una de las comedias románticas más originales que ha dado jamás este género.
Lo de mezclar diferentes géneros no era algo en absoluto novedoso. Ya desde los primeros años de existencia del cine, cuando los géneros eran de por sí muchos más rígidos y los líneas divisorias entre ellos mucho más gruesas, no fueron pocos los títulos que pusieron difícil la tarea de clasificarlos en uno solo. Sin embargo existían géneros que, por propia definición, parecían resultar a priori ciertamente incompatibles. Una de estas combinaciones imposibles podría resultar de la mezcla de dos géneros tan extremos como la ciencia ficción y el cine histórico o de época. Limitada dicha combinación a viajes en el tiempo fue el cómic el primero en abrir una puerta a tan extraña mezcla. Sin embargo, en el año 2011 el director Jon Favreau, de la mano de los actores Daniel Craig y Harrison Ford, presentaba "Cowboys & Aliens", una valiente película de resultado ciertamente mejorable que se atrevió a casar dos géneros nacidos para nunca cruzarse. Puede que con los años recordemos este título como aquel que dio luz verde a tantos otros de temática similar, algo que ya sucedió algunos años atrás con la tendencia a enfrentar personajes de diferentes metrajes (ahí estaban "Alien Vs Predator" o "Freddy contra Jason"), pero lo que está claro es que "Cowboys & Aliens" se atrevió a dar un paso al frente pocas veces visto hasta el momento. El resultado final decepcionó a muchos. Y es que sus primeros treinta minutos de western resultaron ser mucho más interesantes que el conjunto de toda la película.
No puedo cerrar este especial sin hacer referencia a un último título que por méritos propios ha de ser incluído en este decálogo. Un título que jamás debería faltar en una lista como ésta. Los motivos de dicha incursión no van ligados en ningún momento a la calidad del mismo, pues estamos hablando de una pésima producción de serie B difícilmente salvable desde ningún prisma objetivo. Sin embargo la absoluta genialidad de esta insólita propuesta, así como su carácter absolutamente transgresor, no sólo han conseguido elevar a la cinta a la categoría de película de culto, sino que ha servido además como luz verde para la aparición de un complejo entramado de secuelas, novelas, series animadas, videojuegos y futuro remake que convierten la cinta original en toda una imprescindible para los amantes del cine "diferente". Estamos hablando de "El ataque de los tomates asesinos", una producción del año 1978 cuyo título, sin entrar en muchos más detalles, ya lo dice absolutamente todo.
Diez películas en definitiva que supieron desmarcarse del resto, que nos enseñaron que en el cine, como en la vida, no todo tiene por qué estar escrito. Un mensaje que hoy en día se nos antoja más necesario que nunca, porque en el cine, antes que en ningún otro lugar, hace tiempo que comenzaron a notarse ya los estragos de una crisis, aquella que surgió el día que en el séptimo arte parecieron haberse agotado de un modo definitivo las buenas y originales ideas.

Hubo un momento en el cine en el que parecieron agotarse las ideas, en el que aquello del "todo está inventado, todo está escrito" se convirtió en peligrosa máxima sobre la cual se dio luz verde a una oleada de "vueltas a" que inundó las carteleras de remakes, secuelas, precuelas, biopics o adaptaciones que amenazaron (y, cómo no, siguen amenazando) la integridad de nuestro querido séptimo arte. Es por esta razón que quiero hoy rescatar aquellos títulos que, por un motivo u otro, supieron dar muestras de una originalidad de la que hoy más que nunca se debería tomar ejemplo. Lo de menos ya es que sean buenas o malas (la gran mayoría de ellas son absolutamente brillantes); lo verdaderamente importante es que supieron desmarcarse del resto y aportar una dosis de innovación que en muchos casos fue unida a una absoluta genialidad.

 

El motivo por el cual emprendo hoy este especial viaje viene ligado a un curioso visionado que llevé a cabo hace pocos meses en el cine de unos amigos. Sí, en su cine, en esa sala de proyector y pantalla gigante que sólo unos pocos privilegiados pueden presumir de tener dentro de su casa. La cinta en cuestión se llamaba La cabaña en el bosque, una película que según las últimas informaciones jamás vería la luz en las salas. El motivo de esta prematura retirada tenía mucho que ver con el número de descargas que la misma había sufrido en internet. Y es que su público potencial había optado por descargarla en su ordenador mucho antes siquiera de su estreno en los cines, razón por la cual los distribuidores de la misma consideraron ya apenas tenía sentido llevarla a la pantalla grande. Si cualquiera hubiese leído la sinópsis de esta película momentos antes de visionarla hubiese pensado, y no con falta de razón, que de original tenía poco: "Cinco adolescentes se preparan para pasar el fin de semana en una remota cabaña situada en un bosque sin medios de comunicación con el exterior. En el sótano encuentran una extraña colección de reliquias y, entre ellas, un diario que habla de la antigua familia de psicópatas que ocupó la casa. Lo que no sospechan es que están siendo observados y que su vida corre peligro." Sin embargo La cabaña en el bosque guardaba un as en la manga. Esta engañosa película homenajeaba como ninguna otra un género que si por algo se había caracterizado había sido por la escasa originalidad de la mayoría de sus propuestas. Todo un descubrimiento (que obviamente no voy a destapar ahora) que me hizo pensar en otro puñado de películas similares con ese mismo denominador común: lo novedoso en su planteamiento. Bien por su guión, por su montaje, por su puesta en escena, por su estructura... todas ellas se desmarcaron del resto. En este viaje vamos a rescatar nueve títulos más, todo con el fin de crear, junto a La cabaña en el bosque un decálogo de películas diferentes, originales, en algunos casos incluso extrañas, que suponen un soplo de aire fresco en medio de esa vorágine del "volver a" que tanto daño está haciendo actualmente a nuestro tan amado cine.

 

La cabaña en el bosque

La cabaña en el bosque (2011)

 

Comenzamos por la primera de ellas. Corría el año 1997, Vicenzo Natali nos sorprendía a todos con una extraña película de nombre Cube que no tardaría en ser galardonada con los premios a la mejor película y al mejor guión en el Festival de cine fantástico de Sitges. El planteamiento de la cinta era tan sencillo como sin duda brillante: Seis personajes se encuentran encerrados, sin saber bien el porqué, en el interior de un laberinto de habitaciones cúbicas totalmente desprovistas de cualquier objeto o mobiliario. Cada habitación posee seis salidas, cada una de ellas en una de las caras de la habitación-cubo. Dichas salidas dan acceso a otras habitaciones exactamente iguales a aquella en la que se encuentran. Algunas de estas habitaciones son seguras. Otras guardan espeluznantes trampas mortales... La impactante primera secuencia de Cube ya nos deja bien claro que estamos visionando una película muy distinta. La genialidad de Natali consiste en rodar toda una película sin un solo elemento de atrezzo, en espacios desprovistos literalmente de cualquier objeto. Las habitaciones que vemos en Cube son réplicas exactas unas de otras (a excepción del color de sus luces), razón por la que podemos hablar incluso del rodaje completo en una sola habitación. Los actores de la película son los únicos elementos con los que nos encontramos a lo largo de todo su desarrollo distintos a las paredes de cada uno de los cubos. Un más difícil todavía que Vicenzo Natali aprobó "Cum Laude" y que sirvió de pistoletazo de salida para dos películas más: una secuela (Cube 2) y una precuela (Cube Zero), momento en el cual se apagó para siempre la llama de su originalidad.

 

Cube de Vicenzo Natali

Cube (1997)

 

Memento es otro de esos títulos que deberían siempre figurar en una lista como ésta. Realmente su guión estaría desprovisto de cualquier atisbo de originalidad, su estética y su puesta en escena tampoco le otorgan una personalidad indiscutible. Si examinamos a Memento bajo cualquiera de estos prismas, podríamos decir que estamos ante un thriller al uso. Entonces, ¿por qué resulta tan distinta? La respuesta la encontramos en su estructura y en su propio montaje, allí es donde nos toparemos con algo tan inusual que difícilmente podría resultar indiferente a nadie. Y es que en Memento no estamos hablando de aquel rompecabezas que Pulp Fiction puso tan de moda y que González Iñairritu supo sacar provecho mejor que ningún otro. No estamos hablando de historias cruzadas que compongan un complejo entramado espacio-temporal con un cierto halo de transgresión. No, la estructura de Memento es mucho más sencilla (o más compleja, según se mire). Aquí, en esta brillantísima película de Christopher Nolan, la historia simplemente se narra al revés. Y es que todas y cada una de las secuencias que componen esta película se encuentran montadas en un sentido inverso. En Memento comenzamos visionando la última secuencia de la historia e iremos retrocediendo progresivamente hasta llegar, al final de la cinta, a la primera de ellas. La razón de este montaje la encontramos en la propia historia. Leonard, el protagonista de esta película, posee un transtorno denominado amnesia anterógrada, un mal que provoca, en los sujetos que lo padecen, la incapacidad de almacenar nuevos recuerdos en lo que conocemos como memoria a largo plazo. Dicho en otras palabras, cuando los sujetos que la padecen pierden la concentración en aquella acción que están llevando a cabo, pierden automaticamente el recuerdo de la misma. Leonard padece este tipo de amnesia y Christopher Nolan quiere que el espectador la padezca con él. De este modo con cada salto de secuencia el espectador pierde, al igual que Leonard, el sentido de todo aquello que está sucediendo y de lo que conocíamos hasta ese momento. ¿Qué hace ahora Leonard en este lugar? ¿Quién es esa mujer que se encuentra frente a él? Pero sobre todo, ¿por qué está sonriendo de ese modo tan extraño? Está claro que Memento pone a prueba nuestra propia capacidad de memoria. Y es que será necesario visionar la película entera para, una vez finalizada, reconstruir con cada una de sus piezas la historia al completo. Un interesante reto el que nos propone esta película que vio la luz allá por el año 2000 .

 

Guy Pearce y Carrie-Anne Moss en Memento

Memento (2000)

 

Cuando Lars Von Trier presentó Dogville en el año 2003 muchos nos sorprendimos por la valentía de este metraje. Después de su innegable triunfo con la no menos soberbia Bailar en la oscuridad el controvertido director danés se embarcaba en una historia de gangsters y miserias humanas cuya puesta en escena suponía todo un órdago para el gran público. Dogville se desarrollaba en un escenario artificial donde apenas existía decoración ni atrezzo. Las diferentes casas que componían este extraño pueblo estaban delimitadas por unas líneas blancas pintadas en suelo, el mismo donde también podíamos encontrar algunas palabras escritas que aportaban pequeñas informaciones del interior de cada vivienda.  En Dogville no existían las paredes, como tampoco muchos de los objetos que deberían aparecer en la historia. Todo un tratamiento teatral en un colosal escenario de unas dimensiones tales que difícilmente podría ser llevado a ningún teatro. El resultado de esta valiente puesta en escena fue una de las películas más brillantes e inteligentes que ha dado el cine en los últimos años, así como uno de los mejores trabajos en la carrera de Nicole Kidman.

 

Dogville de Lars von Trier

Dogville (2003)

 

La originalidad en las propuestas no sólo ha sido característica de las últimas décadas. Ya en los años cuarenta directores como Alfred Hitchcock propusieron modos de hacer cine que incluso en nuestros días siguen resultando novedosos. Un claro ejemplo de esto lo encontramos en La soga, la película de 1948 que, adaptada de la obra teatral homónima, nos narraba el asesinato cometido por dos jóvenes universitarios propuestos a llevar las teorías de Nietzsche a sus últimas consecuencias. La Soga se desarrollaba integramente en un solo escenario. El apartamento donde se celebraba una curiosa cena, una cena servida sobre el arcón en el que los dos jóvenes habían ocultado minutos antes el cadáver de su amigo. Sin embargo La Soga no resultaba especial por esto. Otras película del genio de Hitchcock ya habían utilizado un único escenario para narrar toda una película, escenarios incluso mucho más reducidos que el citado apartamento. Era el caso de Naúfragos (1944) donde toda la acción transcurría en un pequeño bote salvavidas. La originalidad de La soga radicaba también en su montaje, o casi mejor dicho, en su "no montaje". Y es que esta interesante película se rodó integramente en diez planos-secuencia, en diez únicas tomas sin cortes que a buen seguro supusieron todo un reto para actores y equipo técnico. La intención inicial de Alfred Hitchcock era rodar la misma en una sola toma, pero la duración máxima de los rollos de película (diez minutos) le obligaron a cortar la misma en nueve ocasiones. Cuando el rollo de película se estaba acabando y con el fin de disimular el inevitable corte que habría entonces de llegar, Hitchcock optaba por adentrar la cámara en algún lugar oscuro del escenario (vease las chaquetas de los protagonistas o la tapa del arcón) y salir del mismo ya con un rollo de película nuevo. La Soga fue sin duda una muestra más de la genialidad de un Hitchcock nacido para hacer cine.

 

La Soga de Alfred Hitchcock

La Soga (1948)

 

También en España contamos con directores que marcaron un estilo claramente separado del resto. Fue el caso de Bigas Luna, cuando en el año 1987 sorprendió a todo un país y parte del resto con su extraña Angustia, un título rodado en inglés y con actores norteamericanos que, a modo de juego de espejos, nos presentaba aquello del cine dentro del cine, pero esta vez, como si de un conjunto de muñecas rusas se tratase, llevando el concepto a su máximo expresión. En Angustia asistimos a la proyección de una película que está dentro de otra, que a su vez forma parte de una tercera, la cual se está proyectando en una cuarta y así sucesivamente hasta cinco niveles de percepción. Todo un efecto hipnótico absolutamente extraordinario que supuso uno de los mejores trabajos en la filmografía del director catalán. Y es que Angustia es de por sí una película angustiosa y única que a día de hoy sigue manteniendo ese halo de originalidad tan brillante como el día de su estreno.

 

Angustia de Bigas Luna

Angustia (1987)

 

Ya habían existido historias con un número extremadamente limitado de actores. Fue el caso de La huella (1972), en la que Laurence Olivier y Michael Caine encarnaban a los dos únicos personajes que aparecían a lo largo de toda la cinta. Más valiente aún resultaba ser El teléfono, película de 1988 en la que Whoopi Goldberg copaba en solitario el ochenta por ciento de todos los planos del metraje. Sin embargo ninguna cinta había llegado tan lejos como en el año 2010 consiguió llegar Buried (Enterrado). El segundo largometraje del español Rodrigo Cortés impactó al gran público no sólo por contar con un único actor para el desarrollo íntegro de toda la película (un único actor en plano aunque varios fuera de él), sino muy especialmente por ubicar a éste dentro de un macabro ataud y narrar toda la historia al completo en el interior del mismo. Una última vuelta de tuerca que Rodrigo Cortés conseguía ejecutar con absoluta maestría, manteniendo en todo momento el buen pulso y el correcto ritmo de una cinta que apenas mostraba concesiones. Y es que a Cortés no parecía temblarle el pulso a la hora de desarollar tan arriesgada trama, algo que facilitó llevar el proyecto a buen puerto. Toda una apuesta la del director orensano que encontraba en su valiente arranque (un plano negro de casi un minuto de duración) la mejor de todas las posibles presentaciones.

 

Ryan Reynolds en Buried (Enterrado)

Buried (2010)

 

Cuando hablamos de películas originales, diferentes, únicas o incluso "extrañas" es fácil remitirnos a géneros como la ciencia ficción, el terror o el cine fantástico, géneros que parecen fueron concebidos para innovar, para crear, para romper los moldes establecidos, para buscar ese "más difícil todavía" que tanto necesitamos algunos. En contraposición a ello parecen existir otros tantos que a priori se antojan mucho más estáticos, mucho más tradicionales y por tanto menos susceptibles de cualquier riesgo, cambio o innovación. La comedia romántica es sin duda uno de ellos. Resulta complicado visionar una cinta de este género y que la misma no nos recuerde, en mayor o menor medida, a tantas otras de su misma "especie", aquel "chico conoce a chica" que, adornado con colores distintos, vendría a remitirnos siempre a los mismos estándares que durante años se consolidaron como pilares de un género. Sin embargo no hace muchos años apareció una cinta que supo romper como ninguna otra esos rígidas corsés propios de la comedia romántica, una película tan extraña como cautivadora. Su nombre Camille, una película del año 2007 protagonizada por James Franco y Sienna Miller digna merecedora de un puesto en este decálogo. Su extraño guión, la forma tan inusual en la que se van construyendo los principales personajes, los giros que experimentan los mismos (en consonancia con los del propio guión), los continuos cruces con otros géneros, su extraño final (tan poético como metafórico)... convierten a Camille en una de las comedias románticas más originales que ha dado jamás este género.

 

James Franco y Sienna Miller en Camille

Camille (2007)

 

Lo de mezclar diferentes géneros no era algo en absoluto novedoso. Ya desde los primeros años de existencia del cine, cuando los géneros eran de por sí muchos más rígidos y los líneas divisorias entre ellos mucho más gruesas, no fueron pocos los títulos que pusieron difícil la tarea de clasificarlos en uno solo. Sin embargo existían géneros que, por propia definición, parecían resultar a priori ciertamente incompatibles. Una de estas combinaciones imposibles podría resultar de la mezcla de dos géneros tan extremos como la ciencia ficción y el cine histórico o de época. Limitada dicha combinación a viajes en el tiempo fue el cómic el primero en abrir una puerta a tan extraña mezcla. Sin embargo, en el año 2011 el director Jon Favreau, de la mano de los actores Daniel Craig y Harrison Ford, presentaba Cowboys & Aliens, una valiente película de resultado ciertamente mejorable que se atrevió a casar dos géneros nacidos para nunca cruzarse. Puede que con los años recordemos este título como aquel que dio luz verde a tantos otros de temática similar, algo que ya sucedió algunos años atrás con la tendencia a enfrentar personajes de diferentes metrajes (ahí estaban Alien Vs Predator o Freddy contra Jason), pero lo que está claro es que Cowboys & Aliens se atrevió a dar un paso al frente pocas veces visto hasta el momento. El resultado final decepcionó a muchos. Y es que sus primeros treinta minutos de western resultaron ser mucho más interesantes que el conjunto de toda la película.

 

Daniel Craig en Cowboys and Aliens

Cowboys & Aliens (2011)

 

No puedo cerrar este especial sin hacer referencia a un último título que por méritos propios ha de ser incluído en este decálogo. Un título que jamás debería faltar en una lista como ésta. Los motivos de dicha incursión no van ligados en ningún momento a la calidad del mismo, pues estamos hablando de una pésima producción de serie B difícilmente salvable desde ningún prisma objetivo. Sin embargo la absoluta genialidad de esta insólita propuesta, así como su carácter absolutamente transgresor, no sólo han conseguido elevar a la cinta a la categoría de película de culto, sino que ha servido además como luz verde para la aparición de un complejo entramado de secuelas, novelas, series animadas, videojuegos y futuro remake que convierten la cinta original en toda una imprescindible para los amantes del cine "diferente". Estamos hablando de El ataque de los tomates asesinos, una producción del año 1978 cuyo título, sin entrar en muchos más detalles, ya lo dice absolutamente todo.

 

El ataque de los tomates asesinos

El ataque de los tomates asesinos (1978)

 

Diez películas en definitiva que supieron desmarcarse del resto, que nos enseñaron que en el cine, como en la vida, no todo tiene por qué estar escrito. Un mensaje que hoy en día se nos antoja más necesario que nunca, porque en el cine, antes que en ningún otro lugar, hace tiempo que comenzaron a notarse ya los estragos de una crisis, aquella que surgió el día que en el séptimo arte parecieron haberse agotado de un modo definitivo las buenas y originales ideas.

 

 

*José Gómez Fernández es licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como escribió varios años para la guía de ocio y cultura lanetro, donde dedicaba un espacio a hablar de cine.

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