Cultura

josé-gómez-fernández Por José Gómez Fernández

08 de febrero de 2013

Mamá (2013) de Andy Muschietti

Mamá (2013) de Andy Muschietti

José Gómez Fernández: ¿Puede un corto de tres minutos de duración dar lugar a todo un largometraje sin desvirtuar en ningún momento la esencia del mismo? La respuesta es sí.

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¿Puede un corto de tres minutos dar lugar a todo un largometraje y llenarse de contenidos sin desvirtuar en ningún momento la esencia del mismo? La respuesta es sí. Al menos eso es lo que ha demostrado el director Andy Muschietti con "Mamá", su exitoso debut en el largo. Una película que, apadrinada por el mismísimo Guillermo del Toro, llega a las carteleras españolas banagloriándose de haber superado en la taquilla americana los resultados de dos pesos pesados de la industria nacional: "Lo imposible" y "Los Otros".
Mamá es una película inquietante, lo es ya desde la primera de sus secuencias, desde ese soberbio arranque de bellísima fotografía que sirve de prólogo para el resto de la historia; lo es desde sus excelentes créditos iniciales, que narran a través de dibujos infantiles esa oscura historia que tantas incógnitas a todos despierta: la de los cinco años en las que las protagonistas del metraje estuvieron perdidas en mitad del bosque; lo es en el momento del descubrimiento de las dos pequeñas, cuando su aspecto salvaje ha borrado por completo cualquier atisbo de esa belleza angelical que cinco años atrás atesoraban Pero Mamá da miedo principalmente porque, como ya hiciese Jack Clayton en la interesante "The Innocents" (1961), sabe jugar sabiamente con aquello que llamamos "fuera de cuadro". En Mamá existen dos realidades, aquella que recoge la cámara y la que queda fuera de ella. Y es esta segunda realidad la que nos hace sentir incómodos, porque no podemos controlarla, porque se escapa al principal de todos nuestros sentidos, pero sobre todo porque es en esa parcela de espacio no recogida por la cámara donde habita ella, esa extraña mujer que por la noche acude a cantar nanas y a arropar a sus niñas como toda buena madre habría siempre de hacer.
Una vez más, como ya sucede en tantas ocasiones, Andy Muschietti, alcanzado ya un cierto punto de la película, opta por presentarnos de un modo quizá demasiado oficial a nuestra tan temida mamá. Y es a partir de este momento cuando la historia, o al menos parte de ese miedo irracional que nos despierta aquello que no vemos, comienza a perder fuerza. Y lo hace pese al brillante trabajo llevado a cabo por Edward Taylor en los efectos visuales y Montse Ribé y David Martí en el maquillaje, que logran dar vida a una extraña criatura tan icónica como sobrecogedora, una espeluznante criatura nacida a imagen y semejanza de aquella niña Medeiros ([REC]) que tantos pánicos despertó en las salas hace apenas cinco años, una similitud ésta que no oculta en ningún momento que ambos personajes han sido interpretadas por el mismo actor (Javier Botet). Y es este derroche de maquillaje y efectos digitales el que consigue, pese a ello, que ese temor no logre apagarse del todo. Nuestra extraña mamá, tal vez con algo menos de fuerza, aún sigue asustándonos cuando opta dar el salto al otro lado del cuadro. Un logro al que también ayudan sus golpes de efectos, esos sustos previsibles pero efectivos, que encuentran en los efectos de sonido el mejor de todos los posibles aliados.
Mención aparte merecen sus actores, especialmente sus dos jovencísimas protagonistas. Y es que si existían dos papeles complejos en el guión de esta película eran sin duda el de ellas. Megan Charpentier e Isabelle Nélisse encarnan a aquellas niñas "abandonadas" en el bosque, que fueron criadas durante cinco años de un modo totalmente salvaje y que regresan a la civilización teniendo que recordarlo todo de nuevo: desde cómo caminar de forma "bipédica" a articular esas palabras que parecen ya casi del todo olvidadas. La transformación física que han de ir sufriendo a lo largo de todo el metraje, unida a los sentimientos enfrentados que parecen ir naciendo en el interior de cada una de ellas (especialmente en el de Megan Charpentier) debieron convirtir la labor de encontrar a ambas niñas en todo un reto para el equipo de la película. El resultado final fue más que satisfactorio, pues ambas niñas muestran en Mama todo un derroche de talento que deja muy a las claras que lo suyo es algo totalmente innato, un don que difícilmente podría aprenderse en una escuela de interpretación. Jessica Chastain, por su parte, sorprende con un personaje muy distinto a aquel que le diese la nominación al Oscar por Criadas y señoras. Metida esta vez en la piel de una joven treintañera con instinto maternal inexistente, el suyo es otro de los personajes que más evoluciona a lo largo del metraje. Su look y personalidad resultan del todo rompedores, muy alejados esta vez de esos rígidos estándares que tienden a establecer el aspecto de esa "madre" heroína tan presente en películas del género. Y eso, sin lugar a dudas, supone un soplo de aire fresco en un personaje que Chastain convierte del todo en convincente. En contrapartida, su compañero de reparto, el muy popular Nikolaj Coster-Waldau gracias a la serie "Juego de tronos" (que interpreta en "Mamá" a dos personajes distintos), tan sólo brilla en la sobrecogedora primera secuencia, un actor que en el resto de la película terminará haciéndose cargo de un personaje que bien podría haber sido eliminado por completo del guión sin que éste apenas hubiese notado su ausencia.
Pero quizá uno de los mayores aciertos de Mamá sea su inesperado desenlace. Y es que lo que ya en los compases finales comienza a intuirse como un final decepcionante y en grandísima medida previsible experimenta en tan un solo instante un radical cambio de rumbo que muchos espectadores terminarán sin duda agradeciendo. Un excelente cierre para una cinta que sin resultar rompedora y mucho menos arriesgada termina erigiéndose como toda una apuesta sin duda efectiva.   

Adaptar un corto de poco más de tres minutos de duración y llevarlo a la gran pantalla fue el reto que se pusieron los hermanos Muschietti cuando decidieron hacerse cargo del guión de Mamá. Si algo podemos decir después de visionar el resultado final es que la película resultante alcanza con éxito lo perseguido. Al menos eso es lo que ha demostrado el director Andy Muschietti con su exitoso debut en el largo. Una película que, apadrinada por el mismísimo Guillermo del Toro, llega a las carteleras españolas vanagloriándose de haber superado en la taquilla americana los resultados de dos pesos pesados de la industria nacional: Lo imposible y Los Otros.

 

Mamá es una película inquietante. Lo es ya desde la primera de sus secuencias, desde ese soberbio arranque de bellísima fotografía que sirve de prólogo para el resto del metraje; lo es desde sus excelentes créditos iniciales, que narran a través de dibujos infantiles esa oscura historia que tantas incógnitas a todos despierta: la de los cinco años en las que las protagonistas estuvieron perdidas en mitad del bosque; lo es en el momento del descubrimiento de las dos pequeñas, cuando su aspecto salvaje ha borrado por completo cualquier atisbo de esa belleza angelical que cinco años atrás atesoraban. Pero Mamá da miedo especialmente porque, como ya hiciese Jack Clayton en la interesante The Innocents (1961), sabe jugar sabiamente con aquello que llamamos "fuera de cuadro". En Mamá existen dos realidades, aquella que recoge la cámara y la que queda fuera de ella. Y es esta segunda realidad la que nos hace sentir incómodos, porque no podemos controlarla, porque se escapa al principal de todos nuestros sentidos, pero sobre todo porque es en esa parcela de espacio no recogida por la cámara donde habita ella, esa extraña mujer que por la noche acude a cantar nanas y a arropar a sus niñas como toda buena madre habría siempre de hacer.

 

Megan Charpentier e Isabelle Nélisse en Mamá

 

Una vez más, como ya sucede en tantas ocasiones, Andy Muschietti, alcanzado ya un cierto punto de la película, opta por presentarnos de un modo quizá demasiado oficial a nuestra tan temida "mamá". Y es a partir de este momento cuando la historia, o al menos parte de ese miedo irracional que nos despierta aquello que no vemos, comienza a perder fuerza. Y lo hace pese al brillante trabajo llevado a cabo por Edward Taylor en los efectos visuales y Montse Ribé y David Martí en el maquillaje, que logran dar vida a una extraña criatura tan icónica como sobrecogedora, una espeluznante criatura nacida a imagen y semejanza de aquella niña Medeiros ([REC]) que tantos pánicos despertó en las salas hace apenas cinco años, una similitud ésta que no oculta en ningún momento que ambos personajes han sido interpretadas por el mismo actor (Javier Botet). Y es este derroche de maquillaje y efectos digitales el que consigue, pese a ello, que ese temor no logre apagarse del todo. Nuestra extraña mamá, tal vez con algo menos de fuerza, aún sigue asustándonos cuando opta dar el salto al otro lado del cuadro. Un logro al que también ayudan sus golpes de efectos, esos sustos previsibles pero efectivos, que encuentran en los efectos de sonido el mejor de todos los posibles aliados.

 

Isabelle Nélisse en Mamá

 

Mención aparte merecen sus actores, especialmente sus dos jovencísimas protagonistas. Y es que si existían dos papeles complejos en el guión de esta película eran sin duda el de ellas. Megan Charpentier e Isabelle Nélisse encarnan a aquellas niñas "abandonadas" en el bosque, que fueron criadas durante cinco años de un modo totalmente salvaje y que regresan a la civilización teniendo que recordarlo todo de nuevo: desde cómo caminar de forma "bipédica" a articular esas palabras que parecen ya casi del todo olvidadas. La transformación física que han de ir sufriendo a lo largo de todo el metraje, unida a los sentimientos enfrentados que parecen ir naciendo en el interior de cada una de ellas (especialmente en el de Megan Charpentier) debieron convirtir la labor de encontrar a ambas niñas en todo un reto para el equipo de la película. El resultado final fue más que satisfactorio, pues ambas muestran en Mamá todo un derroche de talento que deja muy a las claras que lo suyo es algo totalmente innato, un don que difícilmente podría aprenderse en una escuela de interpretación. Jessica Chastain, por su parte, sorprende con un personaje muy distinto a aquel que le diese la nominación al Oscar por Criadas y señoras. Metida esta vez en la piel de una joven treintañera con instinto maternal inexistente, el suyo es otro de los personajes que más evoluciona a lo largo de la historia. Su look y personalidad resultan del todo rompedores, muy alejados esta vez de esos rígidos estándares que tienden a establecer el aspecto de esa "madre" heroína tan presente en películas del género. Y eso, sin lugar a dudas, supone un soplo de aire fresco en un personaje que Chastain convierte del todo en convincente. En contrapartida, su compañero de reparto, el muy popular Nikolaj Coster-Waldau gracias a la serie Juego de tronos (que interpreta en Mamá a dos personajes distintos), tan sólo brilla en la sobrecogedora primera secuencia, un actor que en el resto de la película terminará haciéndose cargo de un personaje que bien podría haber sido eliminado por completo del guión sin que éste apenas hubiese notado su ausencia.

 

Isabelle Nélisse, Nikolaj Coster-Waldau, Megan Charpentier y Jessica Chastain en Mamá

 

Pero quizá uno de los mayores aciertos de Mamá sea su inesperado desenlace. Y es que lo que ya en los compases finales comienza a intuirse como un final decepcionante y en grandísima medida previsible experimenta en tan un solo instante un radical cambio de rumbo que muchos espectadores terminarán agradeciendo. Un excelente cierre para una cinta que sin resultar rompedora y mucho menos arriesgada termina erigiéndose como toda una apuesta sin duda efectiva.

 

 

Mamá (2013), de Andy Muschietti, se estrena en España el 8 de febrero de 2013

 

 

*José Gómez Fernández es licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como escribió varios años para la guía de ocio y cultura lanetro, donde dedicaba un espacio a hablar de cine.

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