Cultura

josé-gómez-fernández Por José Gómez Fernández

01 de marzo de 2013

Weekend (2011) de Andrew Haigh

Weekend (2011) de Andrew Haigh

José Gómez Fernández: Weekend es algo más que la efímera historia de amor surgida entre dos almas destinadas a encontrarse. Es una de las películas más sinceras y nobles que ha dado el cine gay en los últimos años.

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Resulta demasiado sencillo contar una historia de amor homosexual y terminar cayendo, voluntaria o involuntariamente, en alguno de los múltiples clichés propios de este subgénero: elaborar una hilarante comedia llena de histriónicos personajes (Chuecatown, La jaula de las locas) o por el contrario centrarse en el drama más lacrimógeno del que ya dieron buena cuenta títulos como la soberbia Brokeback Mountain, Philadelphia o Mi idaho privado. Sin embargo, cuando el reto consiste en contar una historia sencilla, casi cotidiana y muy alejada de cualquier elemento estereotipado, la empresa se empieza a antojar algo más complicada. Andrew Haigh, el director británico que debutase en el largometraje con la controvertida "Greek Pete" lo ha logrado con creces en el segundo de sus largos.
Weekend es una película sincera, que carece de más pretensiones que la de desnudar a unos personajes tanto por dentro como por fuera. Weekend respira verdad, una verdad plasmada en imágenes que terminan olvidando cualquier adorno superfluo. Y es que su extrema sencillez la hace prescindir incluso de cualquier acompañamiento musical. En Weekend sólo son necesarios ellos, dos actores que saben soportar con absoluta brillantez el peso íntegro de toda la cinta. Sencilla en su planteamiento, sencilla en su narración, sencilla en su ritmo y puesta en escena, pero arrebatadoramente certera. Es de esas pocas películas que al ser visionadas consiguen hacernos olvidar, al menos por un momento, que en realidad nos encontramos en el interior de una sala de cine.
Weekend no es ficción. Es una ventana abierta al mundo real, a las experiencias vividas, a esos momentos irrepetibles que por siempre llevaremos con nosotros. A esos instantes en los que el mundo parece detenerse en un sólo fin de semana y que quedarán plasmados por siempre en un conjunto de imágenes imborrables de nuestro recuerdo. Un homenaje al amor más sincero, a ese amor desnudo que no entiende de tiempos. Porque existen experiencias vividas en un sólo fin de semana que pueden marcar una vida para siempre, porque existen personas que se cruzan en nuestro camino tan sólo un instante y dejan una huella mucho más profunda que la de cientos de pisadas. La magistralidad de Andrew Haigh consiste en introducirnos casi desde el principio en una historia que rezuma verdad por todos sus poros. La cotidianeidad con la que narra la vida del personaje protagonista, recreándose en los gestos más cotidianos, aquellos que terminarían quedándose fuera en cualquier sala de montaje, logra que entremos en una historia que desde el primer momento sentimos ya como nuestra. Incluso sus delicadas escenas sexuales, aquellas que podrían violentar a priori a más de un espectador por lo explícito de las mismas, son tratadas con una sinceridad tal que consiguen integrarse en el conjunto de la historia de un modo absolutamente natural. Su público potencial (el espectador gay) encontrará en Weekend mil y un motivos para verse reflejado en esta historia, porque weekend no es la historia de ningún héroe, ni tampoco la de ningún personaje propio de mundos irreales. Weekend es la historia de un chico corriente, que tiene unos amigos corrientes, una casa corriente y un trabajo aún más corriente y que, cuando se enamora, lo hace del mismo modo corriente que lo haríamos todos los demás. Y es este carácter corriente lo que convierte a Weekend en una película grande, porque cuando nos cuenta su historia de amor por un momento creemos ser nosotros mismos los que la estamos viviendo, los que la estamos sintiendo y, cómo no, también los que nos estamos enamorando.
El excelente trabajo llevado a cabo por su director Andrew Haigh, que sabe situar la cámara en ese lugar estratégico desde el cual se respira auténtica verdad, que maneja brillantemente los tiempos y las distancias para convertirnos en parte partícipe de esa intimidad que él tan bien conoce, así como el realizado por unos absolutamente creibles Tom Cullen y Chris New, consiguen hacer de esta película todo un ejercicio de buen cine. Una de esas contadas ocasiones en las que una historia de amor nos hace sentir de verdad y uno de las títulos gays más honestos y certeros que ha dado el cine en los últimos años.

Resulta demasiado sencillo narrar una historia de amor homosexual y terminar cayendo, voluntaria o involuntariamente, en alguno de los múltiples clichés propios de este subgénero: elaborar una hilarante comedia llena de histriónicos personajes (Chuecatown, La jaula de las locas) o por el contrario centrarse en el drama más lacrimógeno del que ya dieron buena cuenta títulos como la soberbia Brokeback Mountain, Philadelphia o Mi idaho privado. Sin embargo, cuando el reto consiste en contar una historia sencilla, casi cotidiana y muy alejada de cualquier elemento estereotipado, la empresa se empieza a antojar algo más complicada. Andrew Haigh, el director británico que debutase en el largometraje con la controvertida Greek Pete lo ha logrado con creces en el segundo de sus largos.

 

Tom Cullen y Chris New en Weekend

 

Weekend es una película sincera, que carece de más pretensiones que la de desnudar a unos personajes tanto por dentro como por fuera. Weekend respira verdad, una verdad plasmada en imágenes que terminan olvidando cualquier adorno superfluo. Y es que su extrema sencillez la hace prescindir incluso de cualquier acompañamiento musical. En Weekend sólo son necesarios ellos: Tom Cullen y Chris New, dos actores que saben soportar con absoluta brillantez el peso íntegro de toda la cinta. Sencilla en su planteamiento, sencilla en su narración, sencilla en su ritmo y puesta en escena, pero arrebatadoramente certera. Es de esas pocas películas que al ser visionadas consiguen hacernos olvidar, al menos por un momento, que nos encontramos en el interior de una sala de cine.

 

Weekend no es ficción. Es una ventana abierta al mundo real, a las experiencias vividas, a esos momentos irrepetibles que por siempre llevaremos con nosotros, a esos instantes en los que el mundo parece detenerse en un sólo fin de semana y que quedarán plasmados por siempre en un conjunto de imágenes imborrables de nuestro recuerdo. Un homenaje al amor más sincero, a ese amor desnudo que no entiende de tiempos. Porque existen experiencias vividas en un sólo fin de semana que pueden marcar una vida para siempre, porque existen personas que se cruzan en nuestro camino tan sólo un instante y dejan una huella mucho más profunda que la de cientos o miles de pisadas.

 

Tom Cullen y Chris New en Weekend

 

La magistralidad de Andrew Haigh consiste en introducirnos casi desde el principio en una historia que rezuma verdad por todos sus poros. La cotidianeidad con la que narra la vida del personaje protagonista, recreándose en los gestos más cotidianos, aquellos que terminarían quedándose fuera en cualquier sala de montaje, logra que entremos en una historia que desde el primer momento sentimos ya como nuestra. Incluso sus delicadas escenas sexuales, aquellas que podrían violentar a priori a más de un espectador por lo explícito de las mismas, son tratadas con una sinceridad tal que consiguen integrarse en el conjunto de la historia de un modo absolutamente natural. Su público potencial (el espectador gay) encontrará mil y un motivos para verse reflejado en esta historia, porque Weekend no es la historia de ningún héroe, ni tampoco la de ningún personaje propio de mundos irreales. Weekend es la historia de un chico corriente, que tiene unos amigos corrientes, una casa corriente y un trabajo aún más corriente y que, cuando se enamora, lo hace del mismo modo corriente que lo haríamos todos los demás. Y es este carácter corriente lo que convierte a Weekend en una película grande, porque cuando nos cuenta su historia de amor por un momento creemos ser nosotros mismos los que la estamos viviendo, los que la estamos sintiendo y, cómo no, también los que nos estamos enamorando.

 

Tom Cullen y Chris New en Weekend

 

El excelente trabajo llevado a cabo por su director Andrew Haigh, que sabe situar la cámara en ese lugar estratégico desde el cual se respira auténtica verdad, que maneja brillantemente los tiempos y las distancias para convertirnos en parte partícipe de esa intimidad que él tan bien conoce, así como el realizado por unos absolutamente creibles Tom Cullen y Chris New, consiguen hacer de esta película todo un ejercicio de buen cine. Una de esas contadas ocasiones en las que una historia de amor nos hace sentir de verdad y uno de las títulos gays más honestos y certeros que ha dado el cine en los últimos años.

 

 

Weekend (2011), de Andrew Haigh, se estrena en España el 1 de marzo de 2013

 

 

*José Gómez Fernández es licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como escribió varios años para la guía de ocio y cultura lanetro, donde dedicaba un espacio a hablar de cine.

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