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Narciso y Goldmundo: Hermann Hesse

Narciso y Goldmundo: Hermann Hesse

Adéntrate en el universo de Hermann Hesse a través de una de sus novelas menos conocidas: Narciso y Goldmundo.

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Narciso y GoldmundoGeneralmente poco conocida, Narciso y Goldmundo (Narziss und Goldmund) pertenece a uno de los últimos períodos de creación de H. Hesse, aunque como veremos, representa una de las lecturas que mejor nos permite acercarnos a la biografía y filosofía de su autor. Obras anteriores como El lobo estepario (Der Steppenwolf, 1927), Siddharta (1922) o Demian (1919) copan de manera habitual los anaqueles de los aficionados a la narrativa, dejando de lado en algunas ocasiones otros títulos de gran importancia. Sin embargo, en Narciso y Goldmundo observamos la medida en que H. Hesse logra aunar muchos de los puntos comunes que desarrollará a la largo de su carrera, y que se concentran de manera magistral en la confección de los dos personajes principales.


La historia puesta en juego gira en torno al descubrimiento mutuo, lucha y conciliación final entre dos realidades -en principio- antagónicas: lo erótico-sensitivo y lo ideal-espiritual. En un diálogo que mantienen aún siendo jóvenes, Narciso explica a Goldmundo: «Vuestra patria es la tierra y la nuestra la idea. El peligro que os acecha es el de ahogaros en el mundo sensual; a nosotros nos amenaza el de asfixiarnos en un recinto sin aire» (Narciso y Goldmundo, Edhasa: Barcelona, 2000, p. 57).


Y digo “la historia puesta en juego” porque en este caso la narración cobra el papel de mero continente de lo realmente valioso de esta novela. En ella asistimos al choque frontal entre dos formas distintas y extremas de entender la vida –digamos, de dos cosmovisiones. Lo que pasa y lo que hace que las cosas pasen se sitúan en planos de importancia muy distintos, primando el segundo aspecto sobre la mera acción.


«Ahora veo con claridad, por vez primera, que hay muchos caminos para el conocimiento y que el del espíritu no es el único y acaso no sea el mejor» (ed. cit., p. 336), indica Narciso a Goldmundo al final de sus respectivos viajes vitales. Ambos personajes se caracterizan por llevar a las últimas consecuencias sus propios ideales: Narciso, como hombre puro alejado de la vida terrenal; Goldmundo, como hombre apegado a los goces sensitivos.


Los personajes se conocen cuando Goldmundo, obligado por su padre, ingresa en el convento en el que Narciso ejerce como preceptor. Las largas conversaciones que mantendrán dejan traslucir el núcleo filosófico de la obra: por caminos opuestos llegan a captar igualmente “el ser” de la vida, lo que caracteriza de modo más íntimo la existencia de los hombres. Ahora bien, este conocimiento viene dado por la continua confluencia y diálogo entre ambas posiciones (la erótico-sensitiva de Goldmundo, y la ideal-espiritual de Narciso); el centro de la novela, así, estriba en el desvelamiento de la verdad a partir de la aceptación del sí mismo, de lo que uno es, y del hacer que de tal aceptación se deriva.


En definitiva, H. Hesse despliega en esta novela -o tratado filosófico en forma de narración- la controversia que nace del corazón de los hombres: la pretensión de poner orden en el sí mismo a partir de la aceptación de lo que uno mismo es («En primer lugar existió el Caos…», Hesíodo, Teogonía).

 

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