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Las veinticuatro categorías de la poesía

Las veinticuatro categorías de la poesía

Trotta presenta Las veinticuatro categorías de la poesía, un precioso volumen bilingüe (chino-español) en el que el lector podrá dar cuenta de uno de los escritos más importantes del poeta y crítico literario Si Kongtu (837-908), considerado por la tradición como el mayor teórico de la dinastía Tang.

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Las veinticuatro categorías de la poesía

Desde antiguo, la literatura ha buscado el modo adecuado no sólo de relatar diversos sucesos –salvando, con ello, numerosos acontecimientos del olvido, fueran o no reales–, sino la manera de desentrañar la historia oculta del corazón humano. En este sentido, y concretamente en la literatura china de los siglos IX a XII d.C., la poesía se convirtió en un temprano método mediante el que se trató de destapar la música y el sentido propio de las palabras.

 

¿Prosa o poesía? “Más allá del intelecto está lo genuino”

 

Existen muchas maneras de escribir –y de leer. Hay quien no duda en defender la primacía de la prosa a la hora de abordar asuntos más o menos serios (científicos o filosófico-especulativos), mientras que la poesía quedaría estrictamente anclada al terreno de la creatividad y de la emoción.

El problema, para estos puristas, surge cuando ambas aspiraciones confluyen en un mismo texto: ¿son prosa y poesía dos modos que nos permiten expresar lo mismo de distinta manera –y que se escogen en función de lo que se quiera decir–, o son las palabras y el mensaje los aspectos que (pre)configuran la disposición del propio texto?

Si Kongtu, funcionario de la corte imperial en el periodo más tardío de la dinastía Tang (835-907) –apodado por él mismo Zu Biaosheng (“Manifestación del sabio”), Zhi Feizi (“Maestro del error comprensible”) o Nairu Jushi (“Escolar en retiro que puede soportar insultos”)–, explicaba que es posible escribir, aunque hacerlo “como los dioses” sólo le esté permitido a escasos elegidos. El auténtico creador se aleja de los discursos racionales y acude a la fuerza de los opuestos: “en medio de esa tormenta atroz de las palabras –aclara Gong Bilan, comentarista de la edición– es posible no sólo la supervivencia sino la superación de todas las limitaciones”.

La poesía (shi) es el esfuerzo por emprender la búsqueda de uno mismo, el ahínco por revelar la fuerza del corazón –que entiende mejor lo que se puede sentir que lo que se puede comprender: “Poesía es hacia donde va la intencionalidad. En la mente/corazón hay intencionalidad; cuando ésta se verbaliza, aparece el poema” (Da xu o Gran Prefacio, atribuido a un discípulo de Confucio).

 

El verso: silencio sonoro tras una lucha agónica

 

Si Kongtu vivió una época decisiva para China en la que, tras una larga e intensa edad de oro de la poesía, comienza una decadencia cultural, económica y política de todo el imperio. Por añadidura, entre los años 842 y 845 el budismo sufre una de las mayores represiones de su historia: como nos cuenta Pilar González España en la Introducción, “expoliaron sus templos, confiscaron todas las tierras que poseían sus fieles, saquearon sus bienes y secularizaron a los monjes”.

Tan tensos avatares históricos quedan también reflejados en la obra de nuestro autor, quien asegura que el mundo surge de la polaridad extrema, de fuerzas opuestas que a la vez se aman y repudian (“ser y no ser se engendran mutuamente”, escribía Lao-Tse); el verdadero creador es aquel que se hace consciente de este desequilibrio que alienta y da forma a todo cuanto existe: pero apenas puede hablar, sólo proferir algunos balbuceos… que quedan traducidos en versos.

Escribir es simplemente ser, buscar una razón a la existencia: la literatura es entendida como aprehensión del Tao (del camino hacia el principio primordial, origen de todo y al cual todo debe retornar).

 

El poeta huye de la sociedad

 

Tras algunas tragedias nacionales y humanas, en las que Si Kongtu se vio envuelto y que le afectaron profundamente (como la ascensión al trono del emperador Xizong, de tan sólo 14 años de edad, que inició el declive de la clase noble y terrateniente del imperio Tang), nuestro autor decide retirarse voluntariamente del servicio gubernamental. Con 48 años, redacta una carta en la que asegura que desea desertar de los “asuntos del mundo”: “no he olvidado mis buenas hazañas –escribía–, pero voy a conseguir para mí un buen final”.

Años más tarde, tras ser convocado por la nueva corte, rechaza los puestos que le son ofrecidos, y se convierte al budismo y al taoísmo: “no tengo talento ni sabiduría pero tengo suerte de vivir en el campo, sin agresiones y sin sufrir humillaciones. Ni las plantas ni las criaturas que hay aquí serán asesinadas o dañadas en su corta vida”.

Es en este periodo, comprendido entre los años 889 y 903, cuando escribe “Las veinticuatro categorías de la poesía”. Su obra sólo fue reconocida póstumamente por poetas como Su Shi, Wang Shizhen o Yuan Mei, cuando es ensalzada como modelo por excelencia de la poética Tang.

 

Por qué leer este libro

 

Como decíamos, el presente volumen es compuesto por Si Kongtu en su etapa de retiro. Su trabajo presenta una importante aportación al pensamiento literario chino en la medida en que trata de los asuntos más sutiles referentes a la contemplación y a la percepción de la naturaleza y la creación.

Se trata de poemas que hablan de poesía, con un lenguaje rico y artístico de gran carga filosófica. En ellos pretende comunicar su teoría de una forma intuitiva, no racional. Pilar González España apunta que “toda la obra se caracteriza por la imprecisión y la vaguedad, una suerte de impresionismo” que siempre atrajo al autor.

Un libro magníficamente editado que puede transportarse fácilmente, y que hará las delicias de todo lector curioso, atraído por la fuerza y musicalidad que cobran las palabras cuando forman parte de un poema. Cada una de las veinticuatro composiciones es una síntesis del arte poético dividido en el mismo número de categorías, en las que quedan ilustradas (mediante breves poemas de doce versos) tres diferentes niveles: el nivel físico de los sentidos, el mundo sensible de las sensaciones y los afectos, y un componente intelectual.   

El poeta queda así definido como un ser intermedio entre los seres humanos y los dioses, como alguien capaz de ir más allá de los límites de la percepción guidado por la pura intuición, y que puede conseguir que su obra sea como un espejo que refleje la realidad más esencial…

 

Las veinticuatro categorías de la poesía

Si Kongtu.

Preludios de Gong Bilan. Edición de Pilar González España.

Trotta: Madrid, 2012, 176 pp., 11 €.

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