Cultura

joseluismunoz Por Luis Muñoz Diez

24 de septiembre de 2012

Les bicicletes no es mengen, Alexandra Grebennikova

Les bicicletes no es mengen, Alexandra Grebennikova

Alexandra Grebennikova: "escribo por miedo al caos"

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Para presentar a nuestra firma invitada de hoy, Alexandra Grebennikova, nada mejor que las palabras que Eva Arasa Altimira le dedica:

 

"Yo, rusa de mentira y andorrana de hecho, no de derecho". Así se define la escritora Alexandra Grebennikova (Ekaterinburg, Rusia, 1974) en un artículo dedicado a la celebración de la Constitución de Andorra ("Las Constituciones del 1993"), un artículo donde reivindica la Carta Magna como "una de las cosas que hacen que la cultura de Andorra sea tan especial, el hecho de ser un sujeto pleno del ordenamiento internacional, uno de los miembros de las Naciones Unidas, siendo un país tan pequeño."

En sus escritos que forman parte del libro "Les bicicletes no es mengen" (El Toll, 2012), Grebennikova, colaboradora habitual de diferentes medios de comunicación de Andorra, analiza diferentes aspectos de lo que llamamos el día a día: desde los detalles de la vida doméstica y familiar hasta la última medida anunciada por el Gobierno, pasando por las peripecias más diversas en entornos reales o virtuales, personales o ajenos. Y todo eso, desde una perspectiva ¿rusa? ¿Andorrana? ¿O tal vez rusa y andorrana a la vez?

Lo que nadie puede dudar es que su perspectiva es una perspectiva única, con una voz también única que combina una fina ironía con buenas dosis de lirismo - inspirada probablemente tanto por los Urales como por los Pirineos, estas "montañas arbitrarias, majestuosas, caprichosas", con una elevada " concentración de hierro" que puede "atraer o rechazar violentamente" a las personas que pisan esta tierra. Así lo ha valorado la editorial valenciana "El Toll", que ha decidido publicar una compilación de sus artículos bajo el título de uno de los blocs de la autora: "Les bicicletes no es mengen". El volumen, en el cual se recogen escritos publicados en diferentes medios des del año 2009, cuenta, además, con las ilustraciones de Jordi Casamajor.

"Escritora entusiasta, conspiradora feliz, sin ninguno de los prejuicios culturales y comunitarios que formatean nuestra visión de las cosas, la perspectiva alegre de Alexandra nos abre el horizonte a una idea más positiva y tal vez más ajustada de nosotros mismos." El Síndico General de los Valles de Andorra, Vicenç Mateu, en su introducción al libro, da en el clavo: Grebennikova se ha convertido en una de las voces principales a través de las cuales Andorra de las primeras décadas del siglo XXI se contempla a sí misma. "

(Eva Arasa Altimira, "Desde Andorra, con amor", "El Periòdic d'Andorra", el 27 de agosto del 2012)

 

 

Les bicicletes no es mengenAlexandra Grebennikova:

 

Desde que se ha puesto en venta la primera compilación de mis artículos, anteriormente publicados en la prensa andorrana, he tenido que contestar a toda una serie de preguntas que nadie me había hecho antes. ¿Qué me considero, rusa o andorrana? ¿Por qué escribo? ¿Para quién escribo? ¿Y por qué escribo en catalán?

Vicenç Mateu Zamora, un estimado amigo y excelente persona, -y un político sabio y prudente-, en su introducción a "Les bicicletes no es mengen" me define como "rusa optimista". Nada podría estar más lejos de la verdad. En realidad, escribo por miedo al caos. Es un miedo constante que tengo de cuando vivía en Moscú. Estudié la primera carrera en Moscú, a principios de los años noventa. Era un momento histórico interesantísimo y muy peligroso, con colas enormes para comprar azúcar y queso, tanques que de tanto en cuanto salían a las calles y frecuentes asesinatos de personalidades destacadas en el mundo del arte, del pensamiento y de la cultura rusa. En los seis años que pasé allá, aprendí que la única manera de conservar la relativa salud mental era la de intentar encontrar la belleza en un mundo que se había vuelto loco desde hacía siglos. Encontrar la belleza allí donde la haya. Conjurar la armonía. Y cuando, hace quince años, me trasladé a Andorra, seguí creyendo lo mismo, por pura inercia o quizás porque se trata de mi única verdad, mi única manera de vivir. 

Poca gente es consciente de lo que representa en realidad Andorra. De hecho, es un pequeño paraíso entre montañas. En la foto que cierra esta pequeña presentación, estoy al lado del Estanque de las Truchas (L'Estany de les Truites), a pocos pasos del refugio guardado de Comapedrosa, rodeada por uno de los paisajes más bellos del mundo. A una hora de camino de cualquier núcleo urbano de Andorra, es fácil retroceder en el tiempo, porque la montaña es exactamente igual a lo que era ciento cincuenta años atrás. Para entender como somos, hay que saber que nuestras vidas transcurren en la eterna contradicción entre la vida en la naturaleza y la vida de ciudad comercial, de turismo masivo. Para entender Andorra, hay que ver sus lagos, hay que subir sus picos. El que ha venido a vernos y no se ha puesto botas de montaña, no sabe nada de Andorra.

No puedo acabar la presentación sin decir unas palabras sobre la lengua catalana, para mí una parte inseparable de la magia de los Pirineos.  Es una lengua en la cual se han escrito grandes obras de literatura mundial, desde Ramon Llull hasta Salvador Espriu, pero lo que más me fascina de ella no es su pasado sino su presente. Todos los idiomas tienen sus épocas de gloria y sus épocas de decadencia; y la lengua catalana es como una flor entreabierta, a punto de mostrarse en toda su esplendor. Es una lengua de una riqueza fonética enorme, y es un honor poder trabajar en ella. 

 

              Alexandra Grebennikova

 

 

 

Les bicicletes no es mengen, Alexandra Grebennikova, El Toll: 2012.

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