Cultura

joseluismunoz Por Luis Muñoz Diez

12 de noviembre de 2012

El humo en la botella, Juan Ramón Biedma

El humo en la botella, Juan Ramón Biedma

Luis Muñoz Díez: hoy contamos con la firma invitada de Juan Ramón Biedma, que nos habla de El humo en la botella, un libro que nos sumerge en una de las realidades que el hombre más teme: la locura

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La raíz de un escritor es difícil de datar sino se cuenta con la confidencia del mismo autor, porque obra y obra publicada a veces son conceptos distintos o tiempos diferentes. ¿Dónde destaca Juan Ramón Biedma por primera vez? Esta respuesta es fácil de dar: en la Semana Negra de Gijón de 2004, con su novela  El manuscrito de Dios (Ediciones B), que recibe una mención especial del jurado. Y con ese mismo título es finalista del Memorial Silverio Cañada. Le siguen El espejo del monstruo (Ediciones B), El imán y la brújula (Ediciones B) y El efecto Transilvania (Roca Editorial), que marcará un antes y un después en su carrera de fondo como escritor, porque con este título no sólo es premiado y reconocido por la crítica, que ya lo situaba en un lugar destacado como autor policiaco y de ciencia ficción, sino que este libro sería también un éxito de ventas y será traducido a varios idiomas.  

 

La obra de Biedma ha traspasado fronteras y está traducida al portugués, griego, ruso alemán y turco, y su última novela publicada es Antiresurreción (Dolmem 2011). Pero hoy acude a esta página para hablarnos de su novela anterior El humo en la botella (Salto de Página 2010).

 

Y si le he pedido que escriba sobre ella, es porque me atrae de manera especial el escenario por el que su protagonista, Eme Tobasa, deambula: un panorama apocalíptico. Pero además, porque nadie puede hablar de ese humo en la botella como su propio autor.  

 

 

Juan Ramón Biedma:


Eme está bien. Tiene veintiocho años y desde los catorce, edad a la que sufrió su primer brote de esquizofrenia, ha pasado por todo tipo de terapias e instituciones; en los meses transcurridos desde que ingresó de forma voluntaria en una casa de reposo parece haber recuperado al fin el equilibrio que necesitaba para rehacer nuevos trayectos de vida. Está bien.

Peña, Mengele y Anube también han pasado por diversos tratamientos psiquiátricos.

Anube comparte con tres compañeros un piso tutelado por las autoridades sanitarias; pero hace tiempo que no ve a uno de ellos, y sospecha que los otros dos pueden habérselo comido.

Mengele acecha al ayudante de un médico conocido como el doctor Frankenstein.

Peña se siente acosada por personas aparentes respetables que aparecen y desaparecen en cualquier punto de la ciudad.

Peña, Mengele y Anube se reúnen para perfilar los últimos detalles del plan y para conseguir las armas con las que llevar a cabo un secuestro que tienen proyectado hace tiempo.

Todos están bien.

Eme termina huyendo del sanatorio y Set Santiago, un abogado ex presidiario que se siente amenazado por su hija de quince años, recibe el encargo de encontrarlo.

En ese punto, la historia ni siquiera ha comenzado.

 

El humo en la botellaEl humo en la botella es una novela muy negra sin policías ni delincuentes en la que pretendo plasmar el mundo de los seres invisibles: mis protagonistas malviven del auxilio social, de la economía sumergida, son inmigrantes no deseados, delincuentes de tres al cuarto, abogados de última división, adolescentes para los que ya no hay esperanza, enfermos que viven solos y escondidos... la clase de seres cuya existencia queremos olvidar.

 

Pero sobre todo, se materializa en esta historia la problemática de la atención ambulatoria de la patología mental. La ventaja de ser novelista es que puedes denunciar, mostrar problemas, sin tomar partido o sin contar necesariamente con una solución: los encierros sine die de estas personas eran una práctica absurda; pero la panorámica derivada de la revolución antisiquiátrica de los 70 consistente en dejarlos a cargo de sus familiares confiando que la medicación sea suficiente para controlarlos en todos los casos, también.

 

Mi propósito es hablar del trastorno en todos esos seres inadvertidos y hablar de mí. No conozco un fenómeno más parecido al proceso diario de fabulación de un novelista que los delirios de un enfermo mental; en ese sentido, podemos decir que somos como de la familia, transitamos un territorio común.

 

Y recuerden: los manicomios se han abolido. Ahora, las calles son el nuevo manicomio.

 

El humo en la botella. Juan Ramón Biedma. Salto de Página: 2010.

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