Cultura

justosotelo Por Las tertulias de Justo Sotelo

22 de noviembre de 2012

Gabriela Amorós Seller. Escritora y pintora

Gabriela Amorós Seller. Escritora y pintora

Justo Sotelo: Esta semana nos visita en la tertulia la escritora y pintora Gabriela Amorós Seller, una artista total.

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El Mirador de las Tres Victorias de Gabriela Amorós Seller¿Desde cuándo escribes?

Bueno, como acto consciente para reubicar sensaciones o percepciones en el papel, desde muy niña, probablemente desde que tenía seis o siete años. Recuerdo que en los viajes que hacía con mis padres siempre me llevaba una libretita e iba describiendo, sobre todo paisaje. Intentar ahondar -a sabiendas- en las emociones humanas propias o ajenas fue algo más tardío. No obstante, sí recuerdo muchos instantes creativos desligados del testigo en que se convierte lo escrito. La libretita no la llevaba siempre encima, pero mi cabeza funcionaba como una dínamo que no obedece a la precisión de ningún resultado, sólo se debía a detraer de la realidad todo lo que podía captar su atención para convertirlo en metáfora, siempre presente en mi camino.

 

¿Por qué escribes?

Escribir -en mi caso- es una honesta traición. Aunque siempre me refiero a ello como un intento porque uno no sabe las resultas de algo tan inherente. En primer lugar hay una voluntad de no someterse al lenguaje dado, al escenario previsto; supone pues una suerte de deconstrucción que, como tal, va generando un escombro en el que la multitud de caminos que se abren es el que voy invadiendo. En el mismo instante en el que se comienza a penetrar en los nuevos caminos aparece el segundo movimiento de mi escritura, el arranque propiamente dicho del proceso creativo. Por tanto, en mi caso, son dos movimientos claros (luego habrá otros intermedios). Precisamente ahí radica la -humilde- honestidad de la escritura, en el instante del arranque, que permanece muchas veces sin pulir en mis textos, por lo que es más franco que otros fragmentos que sí intento concertar. Pienso que en la improvisación reside la libertad.

 

¿Cómo calificarías tu obra?

Intento la literatura (poesía, relato), el dibujo y también algo de escultura, y vaya, parece algo pretencioso pero no, no creo que sea eso, precisamente es cierta responsabilidad para con lo que me voy encontrando en aquella escombrera lo que me lleva a hacer una cosa u otra. Allí donde siento la incapacidad de mi lenguaje escrito hago intentos por alcanzar con otro procedimiento, otro testigo que quizá contenga diferentes propiedades para expresar. Pero no es inversamente proporcional esta relación, quiero decir, expresar de una forma en detrimento de otra, muchas veces elijo que vayan de la mano poesía y dibujo, pongo por caso, aquí sí que hay una elección fehaciente para complementar o reforzar.

La palabra obra quizá la viva con cierta carga estática que haga que no me identifique con ella. Movimiento, esa es quizá la palabra…, pero no quedaría bien preguntar sobre el movimiento, sería algo chocante la pregunta de cómo calificarías tu movimiento. Siempre he dicho que unas veces se cree que se va y otras que se viene, o al menos esa pequeña libertad nos queda del reconocerse sólo movimiento.

Además, ese mismo desarraigo y la convicción de que no sólo se va a expresar sino también a ir y venir, a aprender o desaprender de todo ello es muy importante. Prefiero ser un tránsito a una meta.

 

Presiento un reino de Gabriela Amorós Seller¿En quién te inspiras para crear?

Influye lo que vives, lo que contemplas, lo que persigues, lo que dudas, lo que amas, lo que ríes, lo que abres, lo que pospones…, desde su todo a cualquier parte de ese todo, o las interrelaciones que se van generando, no creo que tenga que haber nombres como cifras, está todo tan embebido recíprocamente. Pero si tengo que citar nombres pues sí que hay autores o artistas, compositores o músicos que reverberan ahí adentro.

La especial predilección por Borges o Kundera en el ámbito del discurso narrativo, Doré, Martin, Escher respecto al dibujo, Bach, Mendelssohn, Wagner, la obra lírica de Massenet, devoción por Du Pré, también hay mucho de jazz (Coltrane, sobre todo)… pero el gran surtidor que va dejando posos importantes e incluso profundos y desconocidos -hasta que a algunos los reconozco- es la lectura de filosofía. Ella, la filosofía, permanece agazapada, urdiéndose ahí adentro junto con las particulares sombras, e inesperadamente irrumpe en algún texto, sobre todo puebla mi poesía. De hecho, reconozco que no soy buena lectora de poesía propiamente dicha.

De modo que, en gran medida, es a través de la brecha filosófica por donde van saliendo hacia afuera los géiseres (permítaseme la expresión, hay motivos para llamar así a mis versos). Por tanto hay un asalto inverso -de dentro hacia afuera- e “in verso”. Hablo de filosofía propia (sin pretender arrogarme nada, por supuesto) y también de la ajena, de que leo desde autores clásicos como podrían ser Heráclito, Epícteto…, los filósofos griegos…, hasta autores como Nietzsche, Sartre, Foucault, Lacan, etc… También son predilectos ciertos textos religiosos; he dedicado cierto tiempo a la obra de Bernardo de Claraval, a manuscritos medievales de la Santa Inquisición, el Codex Gigas… La religión cristiana es una constante en los relatos de ficción histórica sobre todo para intentar deconstruir postulados.

Pero tengo bien presente que igual o más determinante incluso en el proceso de la inspiración es cierto grado de vitalidad, no convertirse en un mero destilador de la obra de otros. Lo anterior son algunas inquietudes intelectuales pero las hay también mientras se sienta una en un escalón a percibir, a respirar, sin pretender subir la escalera, pongo por caso.

También mis compañeros de escritura, con los que comparto y de los que aprendo, muchos de ellos amigos, que he conocido sobre todo en el primer medio en el que empecé a mostrar contenidos, en “blogguer”, son muy importantes, sus comentarios respecto de lo que uno ha ido publicando así como sus propios textos influyen indudablemente, estoy muy agradecida por ello y nunca me cansaré de agradecer porque es incluso diaria la aportación que me hacen.

 

Fragmento de La Flor de los Mil Nombres Gabriela Amorós SellerHáblanos de tu poesía.

Como digo, es difícil y peligroso valorar una misma lo inherente, bueno, podría aventurarme… podría decir tantas cosas y no decir nada, podría decir que, personalmente, la poesía es la torpeza más potente y solitaria, la posibilidad de palpar lo invisible sin poder explicarlo (una invisibilidad que precisa de lo tangible para no ser tocada y sí sentida), podría decir que cada poesía mía representa todo lo que me queda aún sin decir mientras lo digo todo de golpe, podría decir que la poesía no es nada, no tiene importancia, que no pretende, como cualquier estremecimiento puro que fulmina hasta a su propia levedad.

Respecto a, digamos, la textura que adopta esta fuerza expresiva, es que no escribo poemas de nostalgia, no suelo utilizar el pasado, hay lirismo, potencia, muchas veces descarnada. Con permiso dejo algo aquí por si al lector le apetece, una poesía que reproduce algunas cosas que ya he dicho anteriormente, mejor que intentar explicar una misma su poesía (que puede ser imprudente e improcedente incluso).

 

 

 

 

POR NO TENER TAMAÑO.

 

Como perlas clavándole seda

a mi corazón los dedos

y cuanto me queda

por dejar sin decir

 

y por dejar sin decir

cuanto me queda

de escuchar a los jaspes

atravesar el dolor

de su verde,

cuanto me queda

de quemadura fresca,

de carne de peces y lenguas

derrumbando la importancia

del rocío,

 

tambores finos

transparentes

me sobresalen

de lo que dejo sin decir

porque voy adelgazando

a música

 

y abierta como una fiera

hermosa

por no tener tamaño

tengo una alondra de bocas

tremendas

desnuda y pequeña

mendigando,

porque decir que me queda

dejar de decirlo todo

de golpe,

tantas veces…

 

infinitas

 

espinas boreales, mis costillas,

sujetáis ardidas

como nidos las brechas

de los excesos que le hago

al silencio,

a su agonía y a su cuerpo,

que cada una es todo

lo que me dejo sin decir,

 

cada poesía mía,

cuánto nos queda aún

cuánto nos queda,

cuánto de fiera

que descarnas con tus fauces

mientras besas.

 

 

Noctis arcana de Gabriela Amorós Seller¿De tus relatos qué podrías decir?

Bueno, ya adelanté algo, me gusta el relato de ficción histórica, disfruto mucho la parte de investigación y estudio previos para delimitar el contexto, aprendo muchísimo con ello. El período de la Edad Media me fascina, quizá también porque la religión es más visible, más ostentosa pero también más procelosa y oscura. Intento darle la vuelta a textos de contenido cristiano, parto de que cada hombre es un órgano que proyecta la divinidad para sentir el mundo, intento cierto derrumbe (por favor, que no se entienda que lo consigo, eso sería tan presuntuoso como inexacto), y para ello hay que conocer, indagar pilares maestros. También me gusta el medio camino entre el ensayo y el relato, desmenuzar una determinada emoción humana. Tengo muchos textos de prosa poética que reflejan fundamentalmente estadios del ser y se acercan al contenido filosófico.

 

¿Dónde encaja el dibujo en este trance poético y narrativo?

Cada dibujo es una puerta para que salga el trozo que más se acerca de una lejanía. Así lo vivo, de modo que cuando consigo terminar uno hay cierto descarga, cierta levedad, lo que, por ejemplo, no ocurre con la poesía. El dibujo fue antes que la escritura, tiene una presencia más originaria y, aunque es cierto que existen largos períodos en los que no he cogido un lápiz, la libertad, la viabilidad expresiva y, por tanto, la satisfacción personal es mucho mayor que con la palabra dada.

 

¿Cuáles son tus proyectos?

Mis proyectos más inmediatos, pero a medio plazo, lo son precisamente con el dibujo. Seguramente esta elección esté motivada por esa satisfacción personal que me está aportando. Estoy completando una colección para, finalmente, intentar exponer. De todos modos me queda mucho por hacer para este pequeño proyecto pero también de disfrutar del trayecto.

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