Cultura

juan-carlos-ortega Por Juan Carlos Ortega

11 de diciembre de 2012

Memorias circulares del hombre-peonza. Carlos Salem

Memorias circulares del hombre-peonza. Carlos Salem

Juan Carlos Ortega: Hoy presentamos el poemario  Memorias circulares del hombre-peonza de Carlos Salem (Editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, 2010)

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A mis alumnos de bachillerato les gusta Carlos Salem. Cuando llego a clase con su libro Memorias circulares del hombre-peonza, descubro que alguno ya ha leído su novela negra Nadar y guardar la ropa, y cuando les ofrezco el poemario para que lean en alto algún poema al azar, lo hacen con ganas, porque saben que será divertido, que va a hablar de asuntos que pueden entender y que lo hará con originalidad, de forma ocurrente y con un lenguaje, que no por poético, deja de ser directo, cercano al suyo, a veces coloquial, y siempre accesible.

                       

En definitiva, que conecta y engancha incluso a los que no son lectores habituales de poesía. Y cuando acaba la clase me piden el libro prestado e incluso llegan a preguntarme si pueden encontrar el libro en la biblioteca pública. Quién sabe, respondo, porque si no ha llegado a las bibliotecas, desde luego no es por falta de mérito.

 

También el azar, siempre tan creativo y poético, me hizo descubrir a Carlos Salem en la Casa Encendida, cuando en septiembre de 2011 acogió el Festival de Poesía de Madrid. Allí estaba, entre otros compañeros de la poesía actual, recitando poemas de Memorias circulares del hombre-peonza. A mí también me enganchó desde el primer momento. Y al finalizar el recital me compré su libro, porque quería seguir leyéndolo, seguir descubriéndolo.

 

Aunque descubrir a Carlos Salem es como descubrir la pólvora. Porque además de una dilatada producción literaria, ha dirigido durante años los ya míticos encuentros de Jam session de poesía, primero en el Bukowski Club y actualmente en el local Los diablos Azules, donde los poetas pueden leer poemas propios y mostrar lo que escriben, al tiempo que pueden descubrirse otras voces de la poesía actual.

 Memorias circulares del hombre-peonza. Carlos Salem

Memorias circulares del hombre-peonza está dividido en tres partes. La primera, titulada Primeras vueltas, gira en torno a la infancia y a las experiencias juveniles. La infancia, nos dice Carlos Salem no es un jardín bucólico. “Casi siempre / es un campo minado”. Y la juventud, un momento de la vida en la que nos empeñamos en buscar certezas para terminar escalando “por la pendiente de las dudas”.

 

La segunda parte, Vuelta a empezar, tiene como eje temático el amor. O quizá sería más preciso hablar del desamor y las rupturas. Mujeres a las que amó, pero no como ellas querían, van apareciendo  en poemas de tono entre melancólico y mordaz. El retrato que hace el poeta de sí mismo es un tanto sarcástico: “Soy pésimo partido y no es noticia / fumo demasiado  bebo lo que puedo / y necesito de tu ayuda / inestimable / para cometer errores nuevos”. No por ello deja de buscar a la mujer “que sepa lo que intento olvidar / y algunas veces me permita olvidarlo. / Que me dure tantos años / como los sueños de gloria. / Que me aplaste con un dedo. / Que me haga volar soplando”.

 

Finalmente, la tercera parte, A vueltas con el tiempo, nos habla del tiempo que ya pasó, de lo que no pudo hacer y ya no hará: “Se me pasó la hora de lo heroico y lo estúpido / y apenas me queda tiempo / para acariciar recuerdos”; del tiempo que se escapa: “alguien se está quedando con mi tiempo / para venderlo los domingos en el rastro”; y de las tareas pendientes antes de que el tiempo se acabe, algunas como: “decirle a la mujer que amo que la amo sin peros ni porqués” y otras como “volar en ala delta y cagar desde arriba a las palomas”.

 

Carlos Salem es autor de los poemarios Si dios me pide un bloody mary (2008, Editorial Ya lo dijo Casimiro Parker), Orgía de andar por casa (2009. Albatros, Ginebra) y Memorias circulares del hombre-peonza (2010, Editorial Ya lo dijo Casimiro Parker).

 

Ha publicado las novelas Camino de ida, (Salto de Página, 2007, que mereció el Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón 2008 a la Mejor Primera Novela Policial),  Matar y guardar la ropa, (Salto de Página, 2008, Premio NOVELPOL de novela negra), Pero sigo siendo el rey (Salto de Página, 2009), Cracovia sin ti (Imagine Ediciones, 2010, Premio Internacional Ciudad de Seseña de Novela) y Un jamón calibre 45 (RBA, 2011).

 

También ha publicado los libros de relatos Yo también puedo escribir una jodida historia de amor (Ediciones Escalera, 2008) y Yo lloré con Terminator 2 - Relatos de Cerveza-ficción (Ediciones Escalera, 2009).

 

Además, el teatro es otra de sus facetas como escritor. Su primera obra de teatro El torturador arrepentido (Editorial Talentura,  2011) ha sido representada en Madrid y Barcelona.

 

                    A UNA MUJER QUE FUMA

 

                    Nunca he podido querer a una mujer que no fumara.

                    Son tonterías        lo sé

                    que soy un tonto

                    atado a las películas que vi

                    cuando era niño

                    cuando era algo

                    que vivía esas imágenes

                    a 24 emociones por segundo.

                    Pero lo mío con el humo y las mujeres

                    que lo expulsan y lo beben

                    es más que la mitología irregular

                    de una butaca

                    y es que nunca he podido querer a una mujer

                    que no fumara.

 

                    Hay algo distinguido

                    algo animal

                    algo que desafía la propia y femenina nicotina

                    en una bella mujer que fuma

                    espere

                    o no

                    al hombre de su vida

                    al golpe de su vida

                    al desengaño de su vida.

 

                    Y por supuesto

                    no haría falta matizar

                    que nada tiene que ver esa fascinación

                    con la fálica pintura de una mujer y un puro

                    -seamos maduros

                    aunque seamos hombres-

                    porque la imaginación es humo

                    y la sensibilidad la brasa

                    y al otro extremo ella eleva la barbilla

                    y traga el humo

                    y el pelo se desliza hacia atrás

                    y entorna ojos

                    que siempre guardan el mejor-peor de los secretos.

 

                    Y el humo sabe

                    por efímero y constante

                    que en el momento en que ella le da vida

                    le da muerte

                    y todo después será este deshacerse

                    en arabescos

                    que nadie sabrá leer a ciencia cierta

                    porque con una bella mujer que fuma

                    cualquier ciencia es incierta.

 

                    Quedan teólogos de lo supuesto femenino

                    que niegan al fumar delicadezas

                    ¿quién la pide?

                    hablamos de mujeres y no de porcelanas

                    hablamos de corrientes

                    de corrientes en contra

                    de dedos como dagas

                    como alas

                    como alivios

                    cuando sostienen el frágil cigarrillo

                    y lo convierten en algo más

                    que un cigarrillo

                    en algo menos que una breve alegoría.

 

                    Y sin embargo

                    cuando te veo fumar

                    y no me miras

                    repito siempre la sensación

                    de que soy yo eso que fumas.

                    Y me hago humo en un momento

                    humo feliz de andar girando en remolinos

                    de conocerte dentro

                    y sin pensar

                    jamás

                    en ceniceros.

 

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