Cultura

jaime-pacios-ramírez Por Jaime Pacios Ramírez

23 de enero de 2013

Muerte Blanca, de Unni Lindell

Muerte Blanca, de Unni Lindell

Jaime Pacios: La autora noruega, Unni Lindell, nos ofrece su visión de la novela negra mucho más apegada a la realidad, al retrato psicológico y al reflejo de la sociedad del siglo XXI; pero no exenta de los valores que caracterizan el género: la violencia, el crimen y el suspense.

Ver todas las noticias de Cultura

 

Cuando se habla de novela negra, uno recrea los submundos de las grandes urbes de Estados Unidos, personajes del hampa con americanas asolapadas y sombreros de fieltro, todo ello en blanco y negro, como mandan los cánones. Nadie ubicaría un relato de estos en una de las ciudades más civilizadas de Europa: Oslo, y mucho menos que sus personajes pertenecieran a la acomodada y feliz clase media de este país escandinavo. Pero es que aún no conocíamos a Unni Lindell, una de las autoras noruegas más reconocidas en este género tan pujante en los países del Báltico, quien ha sido capaz de elevar y darle una vertiente más humana y realista a este subgénero literario. 
Muerte Blanca cuenta como, a raíz de un suceso tan fortuito como la caída de una magdalena, se desencadena toda una trama de crímenes imbricados en el submundo del tráfico de drogas que deberán investigar los agentes Cato Isaksen y Marian Dahle. Dos detectives con una difícil relación de desconfianza y cuyas vidas se asemejan más a la de los delincuentes que a la de dos agentes modélicos de la policía noruega. A partir de este momento se trata de tejer un tapiz tan deshilvanado, aparentemente, que a veces resulta difícil seguir el hilo. 
La novela consigue, con una técnica realista y la introspección de sus personajes, ser también un reflejo de la sociedad actual de este país nórdico. El retrato de una sociedad que poco a poco ha ido transformándose y asumiendo los problemas derivados de las mafias internacionales, el tráfico de drogas y la llegada de una inmigración que, en algunos casos, altera la convivencia de un país considerado como uno de los más pacíficos del mundo. 
Todo autor ha bebido de unas fuentes literarias y en el caso de Unni Lindell está claro cuales son. El episodio de la caída de la magdalena, precisamente una magdalena, es una clara influencia de Marcel Proust en su novela "Por el Camino de Swann" (primer volumen de los siete que componen su obra En Busca del Tiempo Perdido). No es casual que elija este tópico literario del autor modernista francés, porque consigue emparentarla de una manera formal con la literatura culta, una de las preocupaciones de esta autora de un género, hasta ahora, infravalorado por los teóricos de la narrativa y que para ella es la fórmula perfecta de novela puesto que combina la denuncia social y el análisis psicológico de los personajes con una dosis de intriga para atrapar al lector. 
A pesar de la prosa depurada que rezuma toda la narración, cuesta entrar, dominar y hacer propios todos los personajes y situaciones que se plantean. Unni Lindell va exponiendo diversos personajes con sus tramas y coartadas que finalmente se cruzan para dar lugar a varios giros argumentales en las últimas páginas. 
Si embargo, los mayores logros de Muerte Blanca estriban en las magníficas caracterizaciones (tanto físicas como psicológicas) de algunos de los protagonistas. Resulta especialmente significativo el retrato de la personalidad de la detective Marian Dahle, una agente de la policía víctima de su propio pasado y con una especial empatía con las mentes criminales, muy útil para el trabajo que desempeña. Tampoco pasa desapercibido el carácter y la fisonomía de Kari Helene Bieler, una joven con obesidad mórbida encargada de desencadenar la espiral de violencia por el mero hecho de pedir una magdalena en una pastelería. 
Muerte Blanca significa un quiebro en la novela negra, el ennoblecimiento de un subgénero destinado ahora a un público mayoritario que reclama nuevas formas literarias. Prueba de ello es el éxito editorial que ha obtenido en su país y en otros como España, donde ya se han publicado las tres novelas de la saga en la que los detectives Cato Isaksen y Marian Dahle mantienen una tensión personal que ya veremos, si Unni Lindell lo propicia, hasta donde les lleva.

Muerte Blanca, de Unni LindellCuando se habla de novela negra, uno recrea los submundos de las grandes urbes de Estados Unidos, personajes del hampa con americanas asolapadas y sombreros de fieltro, todo ello en blanco y negro, como mandan los cánones. Nadie ubicaría un relato de estos en una de las ciudades más civilizadas de Europa: Oslo, y mucho menos que sus personajes pertenecieran a la acomodada y feliz clase media de este país escandinavo. Pero es que aún no conocíamos a Unni Lindell, una de las autoras noruegas más reconocidas en este género tan pujante en los países del Báltico, quien ha sido capaz de elevar y darle una vertiente más humana y realista a este subgénero literario.

 

Muerte Blanca cuenta como, a raíz de un suceso tan fortuito como la caída de una magdalena, se desencadena toda una trama de crímenes imbricados en el submundo del tráfico de drogas que deberán investigar los agentes Cato Isaksen y Marian Dahle. Dos detectives con una difícil relación de desconfianza y cuyas vidas se asemejan más a la de los delincuentes que a la de dos agentes modélicos de la policía noruega. A partir de este momento se trata de tejer un tapiz tan deshilvanado, aparentemente, que a veces resulta difícil seguir el hilo.

 

La novela consigue, con una técnica realista y la introspección de sus personajes, ser también un reflejo de la sociedad actual de este país nórdico. El retrato de una sociedad que poco a poco ha ido transformándose y asumiendo los problemas derivados de las mafias internacionales, el tráfico de drogas y la llegada de una inmigración que, en algunos casos, altera la convivencia de un país considerado como uno de los más pacíficos del mundo.

 

Todo autor ha bebido de unas fuentes literarias y en el caso de Unni Lindell está claro cuales son. El episodio de la caída de la magdalena, precisamente una magdalena, es una claraUnni Lindell con el personaje de Muerte Blanca, Kari Helene influencia de Marcel Proust en su novela Por el Camino de Swann (primer volumen de los siete que componen su obra En Busca del Tiempo Perdido). No es casual que elija este tópico literario del autor modernista francés, porque consigue emparentarla de una manera formal con la literatura culta, una de las preocupaciones de esta autora de un género, hasta ahora, infravalorado por los teóricos de la narrativa y que para ella es la fórmula perfecta de novela, puesto que combina la denuncia social y el análisis psicológico de los personajes con una dosis de intriga para atrapar al lector.

 

A pesar de la prosa depurada que rezuma toda la narración, cuesta entrar, dominar y hacer propios todos los personajes y situaciones que se plantean. Unni Lindell va exponiendo, en Muerte Blanca, diversas identidades con sus tramas y coartadas que finalmente se cruzan para dar lugar a varios giros argumentales en las últimas páginas.

 

Sin embargo los mayores logros de Muerte Blanca estriban en las magníficas caracterizaciones (tanto físicas como psicológicas) de algunos de los protagonistas. Resulta especialmente significativo el retrato de la personalidad de la detective Marian Dahle, una agente de la policía víctima de su propio pasado y con una especial empatía con las mentes criminales, muy útil para el trabajo que desempeña. Tampoco pasa desapercibido el carácter y la fisonomía de Kari Helene Bieler, una joven con obesidad mórbida encargada de desencadenar la espiral de violencia por el mero hecho de pedir una magdalena en una pastelería.

 

Muerte Blanca significa un quiebro en la novela negra, el ennoblecimiento de un subgénero destinado ahora a un público mayoritario que reclama nuevas formas literarias. Prueba de ello es el éxito editorial que ha obtenido en su país y en otros como España, donde ya se han publicado las tres novelas de la saga en la que los detectives Cato Isaksen y Marian Dahle mantienen una tensión personal que ya veremos, si Unni Lindell lo propicia, hasta donde les lleva.

 

Muerte Blanca, Unni Lindell, Siruela/Policiaca (2012) 

 

Unni Lindell

Publicidad

Publicidad