Cultura

joseluismunoz Por Luis Muñoz Diez

29 de enero de 2013

Luz de los escombros, Manuel García Pérez

Luz de los escombros, Manuel García Pérez

Hoy contamos con la firma invitada de Manuel García Pérez, que nos habla de su poemario Luz de los escombros, editado por Germanía Ediciones e ilustrado por Roberto Ferrández.

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luz de los escombrosConfiesa el escritor para Travelarte que la poesía ha sido siempre un ejercicio de autodestrucción en su caso. La escritura, lejos del placer, es una necesidad que le sumerge en espacios desolados, en estampas turbias donde los osarios, el crimen, lo apocalíptico, la frondosidad frente a la sequía y toda suerte de aves, por ejemplo, se convierten en símbolos premonitorios de una existencia en continuo conflicto con la vida entendida como efusión o exaltación.

 

Insiste en quelos escenarios y las acciones de aquellos que conviven en estos lugares hostiles advierten de las continuas catástrofes que pasan desapercibidas ante nuestros ojos, pero que están inmersas en nuestro organismo, en la propia naturaleza del paisaje, porque la vida es depredación y, en ese trance indómito, el hombre que contempla es el hombre que sobrevive.

 

El poeta José Luis Zerón, autor de un riguroso prólogo de “Luz de los escombros” indaga en la poesía de Manuel García afirmando que: “No existe una clara línea divisoria entre la prosa y el verso (del autor): en toda su obra creativa encontramos el mismo imaginario insólito, la misma intensidad, el mismo lenguaje depurado, preciso, intemporal, relacionado con la finitud, la devastación y el sentido más primario de la existencia. En realidad este poemario –como las novelas y cuentos del autor- revela cierto aire de parentesco con narradores singulares e irreductibles como Juan Rulfo, William Faulkner, Juan Carlos Onetti, Malcolm Lowry y Cormac McCarthy”.

 

El autor, antes de la presentación de su libro, que será este jueves próximo, a las 20:30 horas, en el aula de la CAM de Orihuela (Alicante), nos ha cedido algunos de sus versos de “Luz de los escombros” para este medio.

 

 

I

La ardiente zarza se fundió con la niebla

cuando escribiste -el dolor no tiene raíces-.

Y las aves enmudecieron.

Y de la profundidad del pozo, de la hendidura,

emergió el verbo:

Lejos de sus huesos, han de enterrar cada cuerpo.

 

 

II

Las márgenes del cieno conservan su escoria.

No soy digno de que entres en mi casa

pero convocas pájaros migratorios.

Ascienden los tordos entre los vapores

que exhalan tarquines desde la víspera.

 

Una palabra tuya bastará para sanarme:

El barro nunca es la vida.


Luz de los escombros, Manuel García Pérez, Germania:2012.


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