Cultura

gonzalo-muñoz-barallobre Por Gonzalo Muñoz Barallobre

31 de enero de 2013

Muss: el gran imbécil, Curzio Malaparte

Muss: el gran imbécil, Curzio Malaparte

Gonzalo Muñoz Barallobre: "un texto indispensable para entender a ese animal llamado fascismo que desfiguró, para siempre, el rostro de Europa"

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Muss, el gran imbécil MalaparteEn 1922 los Camisas negras marchan sobre Roma y toman el poder. Desde ese momento, su líder, deja de llamarse Benito Mussolini y se convierte en el Duce.

 

En mitad de la marea de Camisas negras, se encontraba el autor de este Muss, el gran imbécil, y no, cómo muchos podrían pensar, como un espectador que no quiso perderse un acontecimiento fundador de Historia, sino como participante, como un camisa negra más, como alguien que formaba parte del Partido Nacional Fascista y que creía sin titubeos en un nuevo futuro para Italia. Pero el tiempo, ese gran desemascarador, pronto le abrió los ojos: Mussolini era alguien para el que sólo una palabra era sagrada “yo”. Así, lejos de ser el guía del pueblo, esa promesa de futuro, no era otra cosa que un dictador cruel, un perturbado capaz de convertir en dolor todo lo que tocaba. Pero Curzio Malaparte (1898-1957) en lugar de abandonar el barco del fascismo italiano, decidió reventarlo desde dentro. ¿Su primer paso? Un libro que ha pasado a la historia, un ataque sin cuartel tanto contra Hitler como contra su perro, Mussolini: Técnica del golpe de Estado (1931). Pero el desafío, pronto llegó a las manos del Duce y Malaparte fue expulsado del Partido Nacional Fascista y obligado al exiliarse en la isla de Lipari. Este exilio duraría la friolera de seis años, y si no fue de por vida, es porque el yerno de Mussolini le convenció para que le liberara.

 

¿Qué hizo Malaparte nada más pisar Roma después de su exilio? Pues algo poco frecuente después de estar seis años encerrado en una piedra en mitad del mar: seguir con los ataques al Duce. Actitud que le valió hasta cuatro estancias en una cárcel con nombre de oración, Regina Coeli, y que no era otra cosa que un pudridero de carne. Pero de nuevo, Malaparte, lejos de dejarse someter se hace más fuerte y comienza un ataque impío contra Mussolini: Muss, el gran imbécil. Estamos en 1930 y hasta 1950 continuará con el proyecto sin llegar a completarlo del todo, tal vez porque hizo suya aquello de “muerto el perro se acabó la rabia”.

 

Ahora bien, cuidado con eso de que esta obra está sin acabar, porque estamos ante una de las críticas más lucidas contra Mussolini, cuya forma de operar, la suya en particular y la del fascismo en general, queda tan bien registrada en fragmentos como los que siguen: «Había comprendido muy bien la ventaja que podía sacar de un desencadenamiento incontrolado de odio y de violencia. Su regla constante siempre fue la de servirse para sus fines de todas las fuerzas oscuras y ciegas que actúan inconscientemente en los bajos fondos del pueblo italiano. Para poder servirse de esas fuerzas necesitaba despertarlas, hacerlas salir a flote. Y eso es lo que hizo. La organización de esas fuerzas es la obra maestra del Mussolini hombre de Estado» y «En el Decálogo del fascista, decálogo oficial escrito por el propio Duce, el primer mandamiento es éste: “Mussolini siempre tiene la razón”».

 

Pero si hay algo que me ha sorprendido encontrar, algo que me ha estimulado intelectualmente, es la relación que Malaparte establece entre catolicismo y fascismo, y no sin razón, ya que ambos están marcados por lo mismo: odio a los comunistas, a los demócratas y a los liberales. Y como prueba, nos hace ver que el fascismo sólo ha visto la luz en países de tradición católica; y cuando alguien le reprocha el caso de Alemania,  le recuerda, rápidamente, que Hitler era austriaco y que fue educado en un colegio católico. Pero Malaparte va más allá en su acusación, al establecer que el fascismo es el último aspecto de la Contrarreforma: «La palabra Contrarreforma, para la crítica histórica moderna, no tiene sólo un significado religioso. De hecho, el fascismo, en cuanto reacción al liberalismo, a la democracia y al socialismo, que tiene origen y alimento en el pensamiento protestante, aparece como una consecuencia lógica, si bien lejana, de la contrarrevolución católica de los siglos XVI y XVII, que en principio fue únicamente religiosa pero que pronto se convirtió en un fenómeno europeo de claras tendencias políticas y sociales».

 

Pero estos dos fragmentos son sólo la punta del iceberg, ya que Muss, el gran imbécil lo conforman 194 páginas de pura fibra. En definitiva, un texto indispensable para entender a ese animal llamado fascismo que desfiguró, para siempre, el rostro de Europa.

 

 

Benito Mussolini

 

Muss, el gran imbécil, Curzio Malaparte, Sexto Piso, 2013.

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