Cultura

gonzalo-muñoz-barallobre Por Gonzalo Muñoz Barallobre

07 de febrero de 2013

Diarios (2004-2007), Iñaki Uriarte

Diarios (2004-2007), Iñaki Uriarte

Para mí estos Diarios son literatura terapéutica, lo más parecido a un bálsamo anímico; y, decididamente, están emparentados con los Ensayos de ese filósofo francés que tanto le gusta a Uriarte. No se me ocurre mejor piropo.

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Diarios 2004-2007 Uriarte

«Cómo oye este gato. Cómo tiene las orejas en perpetuo movimiento. De los oídos decía Nietzsche que son "el órganos del miedo". Pero cómo viene a saludar a la puerta tras haberme oído llegar cuando todavía estoy en el ascensor. También son órganos del amor.»

Iñaki Uriarte

 

No es lo que pasa, es lo que hay en lo que pasa. Esta frase bien podría ser el leitmotiv de estos Diarios (2004-2007), ya que en ellos lo cotidiano, el día a día, deja entrever, transparenta, eso que el poeta Javier Cristóbal ha definido tan bellamente como “el fondo nacarado de las cosas”. Así, lo que empieza como una anécdota, termina como una sutil lección vital; y digo sutil porque está libre de aspavientos y subrayados. Iñaki Uriarte no va ni de apóstol ni de gurú, simplemente habla “solo” y deja que nos acerquemos a sus conversaciones. Lo que uno quiera aprender o desaprender dependerá exclusivamente de sí mismo. 

 

Cuando llegó a mis manos el primer volumen de la obra de Uriarte, quedé, sencillamente, maravillado. Pero basta pasear un poco por Internet para ver que no fui el único, ya que varios pesos pesados de nuestra literatura (Muñoz Molina, Vila-Matas, Trapiello…) y críticos de diferentes medios (Jordi Gracia o José Luis García Martín) se deshicieron en buenas palabras, logrando algo poco usual en este mundillo, que no es otra cosa que el acuerdo entre la crítica, los lectores y los compañeros de profesión.   

 

Corre el tópico por ahí de que segundas partes nunca fueron buenas, y es cierto que muchas veces se cumple, pero no es el caso de Diarios (2004-2007), ya que no sólo es una perfecta continuación de los primeros, calidad y sustancia se mantienen, sino que además en ellos late una nueva apuesta, quiero decir, que si en los Diarios (1999-2003) encontrábamos diseminado entre las múltiples anotaciones un elogio a la ociosidad, en Diarios (2004-2007) encontramos algo así como un decálogo del hedonista, cuyos “preceptos” bien podrían convergen en la famosa máxima de Chamfort: Goza y haz gozar sin causar daño ni a ti ni a nadie. Y todo ello, una vez más, aderezado con el humor tan personal de Uriarte: fino, inteligente y, sin duda, algo oscuro. Pero esta oscuridad, y esto es importante, no emana de un pesimismo facilón, sino más bien de una doble certeza: el hombre es una criatura frágil y todo acontecimiento es contingente y está marcado por la brevedad, que nos invita a no tomar nada demasiado en serio, que es una forma -por cierto, muy de la tierra-, de aligerar en gran medida el miedo y el vértigo a los que la existencia nos obliga.

 

Para mí estos Diarios son literatura terapéutica, lo más parecido a un bálsamo anímico; y, decididamente, están emparentados con los Ensayos de ese filósofo francés que tanto le gusta a Uriarte. No se me ocurre mejor piropo.

 

Diarios (2004-2007), Iñaki Uriarte, Pepitas de calabaza, 2011.

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