Cultura

concepcion-muñoz-llorca Por Concepcion Muñoz Llorca

12 de febrero de 2013

El tango de la guardia vieja, Arturo Pérez Reverte

El tango de la guardia vieja,  Arturo  Pérez Reverte

Concepción Muñoz LLorca: el trasfondo es muy caliente, porque trata fundamentalmente de cómo el impacto del amor y del sexo pueden marcar una vida.

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“El hombre es un soldado perdido en territorio hostil”

(Anabasis, Jenofonte)

 

EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA¿Te hubiera gustado ser  “guapo, suavemente cínico y… algo canalla” como Max, el bailarín protagonista de la novela? O tal vez, has decidido admitir un deseo, hasta ahora oculto, de pertenecer a la casta privilegiada de Mecha, la protagonista femenina de la historia y poder decir: “Nosotros no somos gente rica, somos gente bien”.

 

Arturo Pérez Reverte ha tenido el acierto de entender que muchos lectores y lectoras podrían identificarse con esa nostalgia por un mundo que ya no existe. Pero, ¡alto!, él no. En palabras suyas: “Esto es una novela, no lo olvides. No escribo para contar mi vida sino para contar los amores que no he tenido, las cuentas que no he saldado, las mujeres que no he amado, los enemigos a los que no he matado, los amigos que no he podido abrazar” (entrevista publicada en la revista semanal Xl en diciembre de 2012). A juzgar por su vida y sus novelas no dudamos que pueden ser incontables. Pero hablemos del libro.

 

El argumento se puede resumir en dos líneas: se trata de una historia de amor que abarca cuarenta años, pero se sustenta tan sólo en tres encuentros fugaces separados por décadas. Precisando un poco más, se producen en Buenos Aires (1928), la Riviera Francesa (1937) y Sorrento (1966).

 

Los personajes principales son el arribista Max Costa, bon vivant, guapo, elegante, bailarín profesional; Mercedes Inzunza, Mecha, una dama glamurosa, inteligente y rica (algo así como Grace Kelly y Cary Grant en “Atrapa a un ladron” o Rick e Ilsa de “Casablanca”.); Armando de Troeyes, marido de Mecha, músico y compositor de éxito, amigo de Stravinsky, Diaghilev y Picasso, que descubre a Mecha su lado oscuro; y Jorge Keller, aspirante a campeón del mundo de ajedrez, hijo de Mecha. Hay muchos otros, chóferes, barman, recepcionistas, espías, policías, cocineros, legionarios y rufianes.

 

Los escenarios son: un transatlántico de lujo, el Cap Polonio, el Hotel Palace y las calles y arrabales de Buenos Aires, la Ferroviaria, un cafetín de mala muerte en las Barracas, un suburbio portuario y cabarets, bares, restaurantes y hoteles de lujo en Niza (paseo de los Ingleses, hotel Negresco), Montecarlo (Café de París), Sorrento (Hotel Vitoria) y la costa amalfitana.  La ropa de firma (Vionnet, Schiaparelli, Lanvin, para ellas; smokings, fracs, para ellos)los sombreros (Knapp-Felt flexible) y el calzado de marca, las bebidas (los cocktails como el Negroni, pero sobre todo el champagne), las joyas (collares de perlas y gemelos de oro), los coches (Rolls royce, Daimler, Ferraris), los perfumes (Arpège), el tabaco (cigarrillos turcos AbdulPashá), el encendedor Dupont, los relojes de oro (Omega Seamaster Deville), las pitilleras (de plata o carey), las música y los bailes de moda (el fox-trot, el tango), incluso las pistolas y las cajas de caudales son de marcas reconocidas.

 

Los ambientes generalmente lujosos, con algunas incursiones en los barrios bajos y en sórdidas pensiones. Y los temas bien documentados, como suele hacer siempre su autor: la música, el tango, los bailes, las modas, las relaciones sociales y la situación política de las distintas épocas, incluyendo los submundos del espionaje en la Europa de 1936 y el de los campeonatos del Mundo del  ajedrez en 1966.

 

Este sucinto resumen señala fríamente lo que podéis encontrar en el libro, si os aventuráis en su lectura descubriréis que el trasfondo es, por el contrario, muy caliente, porque trata fundamentalmente de cómo el impacto del amor y del sexo pueden marcar una vida. Reverte comenzó a escribirlo a los 39 pero se dio cuenta que le faltaban años para poder incluir la perspectiva del paso del tiempo y lo aparcó en un cajón hasta 1990. Lo terminó de escribir en Sorrento en 2012, con 67 años y otros muchos libros publicados, amén de miles de reportajes, artículos, conferencias, etc.

 

Nacido en Cartagena en 1951, licenciado en Ciencias de la Información, tras una larga trayectoria como corresponsal de guerra (21 años en la prensa escrita, la radio y la televisión), en 1986 publica El húsar, su primera novela y continúa escribiendo y publicando: En 1988 El maestro de esgrima, en 1990 La tabla de Flandes y en 1992 El Club Dumas, novelas adaptadas posteriormente al cine que, unido a sus reportajes en TVE, le proporcionan fama, éxito y suponemos que el dinero necesario para dedicarse por completo a la literatura. Con Territorio Comanche, libro autobiográfico en el que relata sus experiencias como reportero de guerra publicado en 1994, abandona su puesto en primera fila como testigo de innumerables conflictos bélicos (Líbano, Sahara, Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Mozambique, Angola, la Guerra del golfo, la de los Balcanes, Croacia y por último Bosnia), y se sumerge en una profunda y apasionada búsqueda de documentación sobre el Siglo de Oro español para escribir y publicar en 1995 el primer libro de Las aventuras del Capitán Alatriste, una saga que continuará con varios títulos más. En el 2003 llega incluso a ocupar un sillón en la Real Academia de la Lengua. Mientras, ha publicado otras novelas como La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur y otras, caracterizadas todas por una documentación irreprochable y una impecable factura estilística, a pesar de lo cual su nombramiento como académico causó cierta polémica en un país que Reverte ha definido como “paraíso de la infamia y la vileza” y que, a menudo, no perdona el éxito. Afortunadamente, no todos pensaban así y concretamente los académicos Eduardo García de Enterría, Antonio Muñoz Molina y Gregorio Salvador reconociendo su capacidad para la observación lingüística, su facilidad para contar y su fidelidad histórica. Reverte sorprendió a todos con un discurso de aceptación: “El habla de un bravo del Siglo XVII”, sobre el lenguaje de germanía, salpicado de jácaras y versos de Lope, Calderón o Cervantes 

 

He querido extenderme en la excepcional biografía de Reverte por ser además de escritor un hombre culto y apasionado que, en boca de Max, el protagonista de El Tango de la guardia Vieja, expresa su particular teoría del arte: “Se requiere mucha inteligencia para disfrazar de artificio las propias emociones”, una definición que podría explicar su amor por la vida y la literatura incluyendo, creo yo, ”la insoportable levedad del ser” cómo diría Kundera. Tal vez por eso, en este libro, Reverte, al igual que su personaje el compositor Armando de Troeyes, marido de Mecha, que se apostó una cena con Maurice Ravel a que lograba componer un tango que lograría ser más famoso que su bolero, haya logrado dar una forma musical a una historia que de forma repetitiva e increscendo nos recuerda el paso del tiempo y la decadencia física que, como dice Mecha, “supongo que les ocurre a todos los que de alguna manera alcanzan alguna clase de certidumbre”.

 

Arturo Pérez Reverte ya manifestó su certeza: “Ni siquiera ahora, cuando llevo años publicando libros, me sé escritor. Yo soy ante todo, un lector cuya verdadera patria son los libros que ha amado”  

 

Si coincides cómo yo con él disfrutarás de la lectura de El Tango de la Vieja Guardia, una historia más, contada por un escritor y lector profesional.

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