Cultura

jaime-pacios-ramírez Por Jaime Pacios Ramírez

22 de febrero de 2013

Almudena Grandes nos habla de El lector de Julio Verne

Almudena Grandes nos habla de El lector de Julio Verne

Jaime Pacios: Almudena Grandes nos habla sobre su última novela, El lector de Julio Verne, la segunda entrega de su serie Episodios de una guerra interminable, que se ha convertido en uno de los libros más vendidos de todo 2012.

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Almudena Grandes nos habla sobre su última novela, El lector de Julio Verne, la segunda entrega de su serie Episodios de una guerra interminable, que se ha convertido en uno de los libros más vendidos de todo 2012.
Almudena Grandes es una gran escritora, y lo dicen los lectores: los internáutas del diario El Pais, han considerado que el Lector de Julio Verne es la mejor novela del año; pero hoy hemos asistido a un tipo de experiencia distinto al de la lectura: escucharla en un coloquio brillante y revelador de las claves de una novela que habla del miedo como protagonista y vertebrador de una España que  vivía una guerra interminable.
Y nos lo cuenta como se tienen que contar las cosas, desde el principio, con claridad y retrotrayéndonos al momento en el que surge la chispa que enciende el deseo de escribir, como muchas veces pasa, a raíz de una anécdota.
"En el año 2004 o 2005 hice un viaje por el Protectorado de Marruecos con mi marido, Luis García Montero y con un amigo mío, Cristino Pérez Meléndez, del que yo sabía que era de Jaén porque es la persona que más sabe de aceite de oliva entre las que conozco. Pero yo no tenía ni idea de su origen, salvo que era profesor de la universidad de Granada. Una noche yendo en coche entre Arcila y Tánger, me contó que era hijo de un guardia civil y que vivían en un cuartelillo en Fuensanta de Martos. Me contó que en su pueblo, donde había existido mucha guerrilla, el mando de la Guardia Civil corría las paredes de sitio constantemente para achicar las habitaciones y meter más guardias cada vez. Al achicar las habitaciones de las casas, los tabiques cada vez eran más frágiles y porosos y dejaban oír lo que los niños no tenían que oír. 
Me impresionaron dos detalles de la historia de Cristino. En primer lugar que oía los gritos de los detenidos, que en las noches de redadas eran terribles. Se iban a la cama, pero no podían dormir porque sabían lo que les esperaba. Las hermanas mayores, de alguna forma se ocupaban de eso con los pequeños, si se despertaban se metían con ellos en la cama y les cantaban... Había una especie de código por el que los mayores debían de cuidar de los pequeños. La otra cosa que Cristino me contó que oía, y que no debería haber oído, era las conversaciones de sus padres que dormían en el cuarto de al lado. Una noche mi amigo escuchó que su padre estaba muy preocupado porque Cristino era muy bajito, no iba a crecer y si no crecía no iba a dar la talla; y si no daba la talla no iba a ser guardia civil. Por eso, el padre, con una lógica que ahora parece absurda, pero que a mí me parece muy conmovedora, porque explica mucho del país que fue España; lo que ha sido España casi siempre, un país muy pobre donde la pobreza se sabía vivir con dignidad; pues el padre, con sus medios pequeños, y en noches de vigilia, se le había ocurrido que lo que tenía que estudiar su hijo era mecanografía porque así, aunque fuera bajito y no diera la talla, podría trabajar de secretario de Ayuntamiento o de oficinista de la Diputación y así no se iban a reir de él aunque fuera bajito y le iba a ir muy bien en la vida. 
Cristino me contó que todos los días cuando salía de la escuela, sus amigos se iban a jugar al fútbol y a él lo metían en el despacho del cuartelillo, que debía ser un lugar bastante sombrío y como era tan bajito, le ponían en la silla un tomo de la Espasa y un cojín para que llegara a la máquina de escribir. Era una máquina muy dura y los pies no le llegaban al suelo. Yo normalmente siempre escribo una novela a partir de una imagen. Una imagen que a veces veo con los ojos de la cara y a veces veo con los ojos de la imaginación; y de repente me sugiere que tengo que contar la historia de esa imagen. En este caso la imagen fue la de los pies de Cristino.
La historia del maquis supone un universo de desconocimiento y de sorpresas para todo el que quiera investigar sobre ello; pero Almudena Grandes lo descubre a través de la tradición oral en un tete a tete con su amigo Cristino. Así conoció a Cencerro que articula su novela y a la que imprime un carácter mítico y romántico.
"Quise escribir una novela con esa imagen y con otra historia que me contó Cristino aquella noche, la historia de Cencerro. Yo hasta aquella noche en Marruecos, tenía la idea de que la guerrilla era una cosa que tenía más que ver con el Norte porque lo poquísimo que se ha tratado de este tema ha sucedido allí, quiero decir: la novela de Julio Llamazares, la historia de Juanín; sin embargo guerrilla hubo en todas las regiones montañosas de España y la provincia más montañosa de España es Jaén. Por lo tanto donde más guerrilla hubo fue allí. Jaén es una provincia que tiene tres sistemas montañosos: Cazorla, Sierra Morena y la Sierra Sur, que era donde estaba el pueblo de mi amigo. En esta Sierra Sur hubo un guerrillero legendario del que yo no había oído hablar jamás, un personaje del que oía a mi amigo hablar y yo dudaba que fuera verdadero porque era como Robin Hood, tenía unos rasgos totalmente idealizados ... hasta que me contó una cosa que me llevó al convencimiento de que era real. Este hombre, al que conocían como Cencerro,  hacía una cosa que era dejar billetes de 100 pesetas firmados con tinta china, para constatar que era capaz de meterse en la boca del lobo. Era muy chulo y era un hombre con mucha conciencia política. Sabía perfectamente que el hecho de estar en el monte era un acto de propaganda. Le gustaba mucho ir a las ferias y fiestas, incluso llegó a ir una nochebuena a oír la misa del gallo a la catedral de Jaén. Se sabía que había estado en todos estos sitios porque al día siguiente debajo de una silla o debajo de una piedra, aparecía un billete de cien pesetas, en donde, con tinta china, había escrito: "así paga Cencerro". Esos billetes de veinte duros nunca aparecían. La Guardia Civil se volvía loca buscando esos billetes, había gente que pagaba 300 o 400 o 500 pesetas por cada uno.
Cuando escuché la historia volví a tener la misma sensación que he tenido muchas otras veces, que es que en realidad, yo y todos vosotros, todos los españoles vivimos encima de una mina de oro y no lo sabemos. Es decir, estamos pisando sobre un filón de historias extraordinarias de héroes y villanos; de aventuras y de desgracias; de pequeños y grandes heroísmos que han permanecido ocultas para la mayoría de los españoles de mi edad y más jóvenes. Durante algún tiempo estuve dándole vueltas, cuando decidí que iba a hacer una serie de los 25 años de la posguerra, entre el 39 y el 64, quise meter a Cristino y a Cencerro en una novela. Me fui a los libros a buscar a Cencerro, mejor dicho, a los dos libros sobre la guerrilla que existen en la historiografía española, uno de Secundino Serrano, y el otro de Paco Moreno Gómez porque no hay más. Y lo encontré en los dos, pero lo que más me asombró es que Cencerro había muerto un año antes de que Cristino naciera. Entonces pensé: si un niño que nace en 1948 puede hablar de este hombre como si lo hubiera conocido, es que en el fondo tiene algo que ver con Robin Hood y no se ha muerto todavía, quiero decir que de alguna forma ha seguido viviendo todo este tiempo. Entonces decidí escribir esta novela, que es la historia de un niño, que es un poco el trasunto literario de mi amigo, un niño de nueve años que vive en la casa cuartel de la Guardia Civil de un pueblo de la Sierra Sur de Jaén. Un niño atravesado por una contradicción que parece irresoluble y partido en dos: el amor que siente por su padre, que él sabe que es un buen hombre, aunque haga cosas que a él no le parecen bien; y la admiración secreta y casi clandestina que siente por Cencerro y por los hombres de Cencerro porque son la única isla de libertad que existe en el mundo al que este niño le ha tocado vivir".
El destino resulta implacable para las personas que viven en el fondo de un abismo; pero siempre hay algo o alguien, o ambas cosas a la vez que nos proporcionan y allanan una vía de escape por donde se puede respirar, soñar y llegar hasta donde queremos llegar.
"Este niño vive en un lugar en donde nadie ha podido escoger su propia vida, y cuando escucha que su padre le dice a su madre "Nino no va a dar la talla" lo que le asombra es que no va a tener ni siquiera la oportunidad de decir que no quiere ser guardia civil porque él nunca ha querido serlo. Nino es un niño que tiene un destino asignado, que está preso en una realidad odiosa y en esa realidad odiosa y horrible, hay unos hombres que hacen lo que les da la gana y que son los únicos que han elegido una vida. Viven como animales, no viven en casas, no tienen luz ni agua, sin embargo tienen la capacidad de decidir qué quieren hacer con su vida, a dónde quieren ir y cómo se quieren comportar.  
De alguna forma esta es la hitoria de cómo un niño de 9 años de la Sierra Sur de Jaén consigue encontrar su propio camino para ser lo que quiera ser. Es la historia de como Nino consigue no ser guardia civil. Como consigue escapar de ese destino. Lo consigue gracias a la intersección o a la conjunción de dos adultos que van a resultar decisivos para él porque le dan herramientas para comprender la realidad que le ha tocado vivir; porque le arman simbólicamente para vencer ese desafío de encontrar su propio camino. Uno de estos adultos es Pepe el Portugués porque es un personaje muy importante en la novela, es un personaje muy importante para mí, por ser un personaje que va a salir en las seis novelas de la serie y es un poco como mi Gabriel Araceli, mi niño mimado. Pepe el Portugués es un hombre de veintimuchos años, que alquila un molino a las afueras del pueblo y le demuestra a Nino que hay una forma de ser libre, más pequeña que la de los hombres del monte, pero válida para ser libre también en el llano. Pepe el Portugués le enseña cosas que a él le parecen muy importantes como que si estira muy bien las camisas y las pone debajo del colchón no hará falta plancharlas, como que, cuando sea mayor, si quiere vivir solo no hará falta que limpie porque si tiene pocas cosas y las tiene ordenadas, parecerá que todo está limpio. A Nino este hombre que viene de un pueblo cercano al suyo, pero que para él podría ser de otro planeta porque no tiene nada que ver su mundo de la casa cuartel, le deslumbra completamente y le enseña a vivir de otra manera".
Nuestros padres no son el único modelo en el que nos fijamos para desarrollar nuestra personalidad, a veces son tan importantes las personas ajenas a la familia para contrastar los modos de vida y enseñanzas que, de alguna manera, resultarán definitivas en la forja del carácter.
"Pepe es un hombre muy enigmático porque parece más tonto de lo que es. Nino no entiende por qué le gusta parecer un pobre hombre... hay una serie de condiciones misteriosas que le rodean y que fascinan a Nino. Pero además va a conocer a otro adulto, una mujer que tiene un tesoro. En la Fuensanta de Martos de la ficción, donde sucede la novela, hay un lugar que se llama el Cruce, en este caso es un cruce de caminos que tiene un valor simbólico porque divide el llano del monte, digamos que del cruce al pueblo, cualquier ciudadano respetable puede caminar con tranquilidad sin tener encuentros. Pero del cruce hacia el monte, hacia arriba, es ya territorio de la guerrilla, es una zona donde se pueden correr riesgos. Sin embargo la única persona que puede enseñar a Nino a escribir a máquina,  cuando su padre decide que tiene que aprender mecanografía para llegar a ser oficinista en una Diputación, es una extraña mujer que vive en un cortijo que está más allá del pueblo. Una mujer que no tiene nada que ver con las mujeres que Nino conoce, ni siquiera con la familia de mujeres con las que vive. Una mujer que viene de una clase social diferente, que ha sido maestra, que lo ha perdido todo; pero no absolutamente todo porque conserva 300 libros distribuidos en unos estantes hechos de cajas de frutas a los que le ha quitado el fondo. Vive en una casa pequeña, sin baldosas en el suelo, alfombrada con esparto y encalada... pero en la que hay 300 libros. Cuando Nino descubre esta biblioteca siente que ha descubierto la biblioteca de Alejandría. Él nunca ha visto tantos libros juntos en su vida y su reacción es preguntarle a doña Elena, que es como se llama esta maestra, si ella es muy feliz. Ella le responde que no es muy feliz y a Nino le extraña porque asocia los libros con la felicidad y esos libros le van a proporcionar una extraña suerte teñida de amargura que es la felicidad del conocimiento. Doña Elena poseee 15 novelas de Julio Verne que rescató porque tiene una nieta a la que no le gusta leer y como sabe que a él sí, se los va a prestar".
De nuevo la literatura como válvula de escape y como tabla de salvación para un destino gris. De nuevo los valores de la educación y la cultura como único camino para huir de un destino indeseable y odioso.
"Nino se va leyendo las 16 novelas de Julio Verne, una detrás de otra y leyendo va a descubrir, por un lado, que la literatura es un camino para escapar de la realidad, que puede escapar de la realidad odiosa deslizándose en la vida de los protagonistas de las novelas que lee. Pero también la literatura le enseña a mirar el mundo de otra manera. Le enseña otros conceptos de lo que es bueno y lo que es malo, y sobre todo en un lugar como Fuensante de Martos en 1947, le enseña una manera distinta de distinguir a los héroes de los cobardes, a los leales y a los traidores. La literatura ensancha la mirada del niño y cambia también su posición en el mundo. Mientras lee esas novelas de aventuras que pasan en lugares exóticos y lejanísimos, de niños que van a la Patagonia, y vuelven y se van a Australia ... mientras lee todas esas historias inverosímiles, su vida se va convirtiendo en una aventura tan intrincada y tan peligrosa como las novelas de los libros que lee, sin que él se dé cuenta, hasta que llega un momento en el que Nino tiene que adoptar un riesgo, tiene que tomar decisiones y tiene que jugarse la vida igual que se la juegan los protagonistas de las novelas de aventuras".
Pero hay otro protagonista invisible, intangible e inaudible al que, sin embargo, se puede ver, tocar e incluso oir y cuyos efectos son más letales y más perdurables que los de que cualquier guerra civil.
"Éste es un poco el tema de una novela que tiene un protagonista especial, Nino, un niño de 9 años y otro protagonista encubierto: el miedo. El verdadero protagonista de esta novela es el miedo. Esta novela transcurre en un pueblo en el que el miedo lo determina todo, determina las historias de amor, las relaciones familiares, las relaciones laborales, las amistades y enemistades y hasta el color de la ropa que se tiende en los balcones. El miedo es el protagonista más omnipresente del libro. Nino a veces se asusta cuando pasan cosas "raras" de día porque de alguna forma tiene asumido que las cosas terribles suelen pasar de noche. Hay todo un código de situaciones, de riesgos y cosas que pueden pasar y cosas que no, y él las vive desde el interior de una casa cuartel, es decir, desde el corazón de la represión.
El miedo es tan omniprsente y poderoso en el libro porque la acción sucede en los peores años del siglo XX español. Los años más crueles y peligrosos... y fijaros si ha sido horrible el siglo XX en España. Lo que ocurrió en la zona rural entre 1947 y 1949 es lo que los historiadores llaman el trienio del terror y fue la aplicación deliberada y sistemática del terror para acabar con la guerrilla. Cuando en diciembre de 1946 Franco se dio cuenta de que nadie le iba a echar del poder, porque la ONU le dio un capón en vez de mandar a sus tropas, decide acabar con su gran problema que era la guerrilla. Como en el monte no podía, lo que hicieron fue aplicar una política de terror sistemática contra las poblaciones que la sostenían. Sólo en la provincia de Jaén entre 1947 y 1949 se le aplicó la ley de fugas a más de 100 personas civiles. En este contexto es en el que transcurre la novela".
Es difícil contar una historia de una manera veraz y sin tomar parte por ninguno de los bandos, más aún si se trata de las consecuencias de una guerra civil; pero en esta novela se recurre a una mirada limpia que será capaz de hacernos creer en la realidad porque nos la presenta sin manipular y libre de implicaciones. 
"Para mi es muy importante que esta novela la cuente un niño porque si no hubiera tenido un niño como protagonista, probablemente no habría podido escribirla. Es una historia terrible cargada de violencia y cadáveres. Si el narrador no hubiera sido un niño me habría tenido que enfrentar a dos peligros insuperables porque es una novela política y yo no quería, de ninguna manera, escribir un panfleto porque son un error político, literario, estilístico y de comunicación, un error general y además no quería escribir una novela truculenta porque la truculencia también es un error porque cuando hay demasiada sangre en un relato no vale para nada. Elegí que la novela la contara un niño porque son unos narradores muy especiales. Los niños son incapaces de deformar la realidad porque no han aprendido a hacerlo todavía. Son los únicos testigos veraces de un acontecimiento. Los adultos hemos aprendido, todos, a contar la verdad como nos conviene y cuando nos pasa una cosa la deformamos para que nos encaje en nuestra conveniencia o en nuestra idea de las cosas. Un niño no puede hacer eso. Un niño atrapado en una situación mucho más grande que él, no tiene más remedio que vivirla, aunque no sepa cómo, aunque no esté preparado, aunque no tenga herramientas; no tiene más remedio que vivirla porque es su vida. Así que esta es la historia de un niño que tiene que aprender a vivir lo que está pasando en su casa y en el pueblo en el que vive. Por eso mira a su alrededor con una inocencia que le hace distinguir las verdades que le dan miedo y las verdades que le repugnan porque le pueden destrozar la vida; y las verdades que no está dispuesto a aceptar porque sabe que son mentira. Nino se mueve durante toda la novela en ese dilema. 
Lo que tuve claro desde el principio de la novela, es que Nino tenía que ser un testigo de fiar. El niño debía tener una cierta autoridad para que el lector se pudiera creer lo que el niño contaba. Empecé esta novela muchas veces porque no daba con la mirada del niño y al final, lo que hice, fue buscar la solución en un homenaje a las novelas de aventuras. Yo me había leído, el verano anterior a escribir el libro, La isla del Tesoro, que es el gran correlato de esta novela; aunque no la escribiera Julio Verne, y me di cuenta de que en la Isla del Tesoro, el narrador no es el Jim Hawkins de 15 años, porque el narrador deja caer cosas como: "muchos años después comprendería..." o "hasta que no me hice adulto..." eran pistas que permitían al lector suponer que el que está contando la novela ya había crecido y estaba en una edad en la que ya tenía la autoridad del adulto. Yo copié eso, y el lector se da cuenta de que aquí el narrador no es exactamente Nino, sino el adulto en el que Nino se ha convertido,. lo cual a mi me emocionaba porque esta novela cuenta la historia de cómo Nino consigue no ser guardia civil".
El Lector de Julio Verne es una novela en la que los personajes escapan de ser prototipos y en la que se huye del maniqueísmo. La emoción y el sentimiento están presentes en todos y juegan un papel determinante en las acciones de cada uno.
"Respecto a la estructura moral del libro, yo hace mucho tiempo que creo que igual que el panfleto es contraproducente, igual que la truculencia también lo es, los malos malísimos de la muerte son contraproducentes para la literatura. Alguien que es tan malo, tan malo, tan malo que no necesitan que lo quieran, que ni siquiera le gustan las palmeras de chocolate, eso no existe en el mundo y como no existe y nadie conoce a un malo así, esos malos no dan miedo. Los malos a los que hay que temer, son los malos que tienen alguna luz porque son verdaderamente temibles. Yo esto lo he explicado alguna vez en actos como éste o en talleres de escritura o en conferencias. Cuando este verano vi el juicio del noruego que había matado a 37 criaturas y vi que cuando puso el vídeo de su ideario lloraba, pensé: ahí le tienes ¿por qué es tan malo? porque es capaz de emocionarse y de coger una metralleta y matar a diestro y siniestro. Esos son los malos, esos son los que dan miedo. Yo le di muchas vueltas a esto, lo hablé con Cristino y con otros hijos de guardias civiles y llegué a la conclusión de que el terror para que sea verdaderamente eficaz, tiene que estructurar la sociedad de arriba a abajo. Cuando escribí Inés y la Alegría tuve que reflexionar sobre cómo era posible que entrara todo un ejército por el Pirineo y que en Madrid no lo supieran, llegué a la conclusión de que, probablemente, tuvieran tanto miedo de decir: oye, que va a entrar un ejército... que uno por otro, la casa sin barrer, total que el soldado se lo dijo al cabo, el cabo al sargento, y de ahí al coronel que pensó... bueno cualquiera se lo dice ahora... y cuando quisieron darse cuenta estaban en Viella. El terror era eficaz porque estaba jerarquizado y abarcaba a toda la sociedad".
Pero en esta novela y durante toda la posguerra española existieron unos protagonistas silenciosas que, desde su propio dolor, fueron capaces de construir los cimientos en los que se asienta nuestra sociedad y que, de una manera muy real, ayudaron a acuñar ese concepto tan manido hoy en día: el estado del bienestar.
"En este libro hay un homenaje a un determinado tipo de mujeres españolas que en la posguerra estaban solas, con los maridos presos, con los maridos muertos o con los maridos en el monte. Estaban solas con los hijos y en condiciones, absolutamente incompatibles con la prosperidad, consiguieron sacar adelante a su familia y sus nietos son ahora ingenieros y médicos. Yo creo que no somos conscientes del mérito y de la pequeña y constante heroicidad cotidiana de esas mujeres que fueron también víctimas de ese terror. En esta novela no se cuenta sólo la historia de ese terror físico, se cuenta cómo en la Sierra de Jaén donde el esparto crece en el monte solo, sin que lo plante nadie y donde toda la vida, por generaciones la gente ha cogido esparto en el monte para hacerse alpargatas, para hacerse esteras o cortinas... estaba prohibido coger esparto como estaba prohibido revender los huevos de los cortijos. En los cortijos de la sierra había muchas gallinas y las familias no eran capaces de comerse todos los huevos, por eso había gente que se levantaban a las cinco de la mañana e iban por los cortijos recogiendo los huevos que los cortijeros no se comían y los revendían en el pueblo. Eso que es lo que se llama en Andalucía hacer la recova, estaba prohibido. Estaba prohibido vender espárragos... estaba prohibido absolutamente todo. Ese terror que afectaba a cosas tan elementales como cosechar en el monte una planta que crece sola y que estaba sujeta a un monopolio nacional, pasaba también por las mujeres a las que pillaban con la cesta de huevos y se los tiraban al suelo... y llegaba hasta la casa cuartel y Nino lo sabía porque estaba dentro".
Almudena Grandes presume de ser una persona positiva, a ella le gusta decir que su optimismo es antropológico, por eso en sus novelas, por muy duro que sea el horizonte, siempre hay personajes que se resisten al pesimismo y que impregnan la narración de momentos amables y situaciones divertidas.
"Una cosa que a mi me preocupaba mucho es que fuera una novela triste. No lo habría conseguido sin Pepe el Portugués, pero él tiene todo el día a Nino cazando cangrejos, contándole como tenían las tetas de gordas algunas mujeres, y obligándole a hacer de correveidile cuando se enfadaba con su novia... por eso Pepe el Portugués es el que consigue de alguna forma que ésta no sea una novela triste porque yo creo que, incluso en aquella época terrible la gente se las arreglaba para ser feliz. Hay una cosa que pienso yo mucho ahora y se la digo a mis hijos, el otro día un amigo de mi hijo mayor me dijo: ¿y cuándo vamos a tener hijos nosotros? y le contesté: mira si hubiera pensado eso tu abuelo, este país sería el desierto del Gobi, no habría nacido nadie. En una situación infinitamente peor de la que tenemos ahora, la gente se enamoraba, la gente se casaba, la gente viajaba y se movía ; buscaba trabajo, no lo encontraba... se desesperaba y lo único es que en esta novela, como su protagonista es el miedo, en Fuensanta de Martos, el pueblo de Nino, nada es como parece. nadie se atreve a demostrar espontáneamente lo que siente; nadie se atreve a mostrarse como es, nadie se atreve a reírse. Es la historia de un niño que crece en un pueblo donde, de puertas hacia fuera, todo el mundo está callado y va encogido; pero de puertas hacia dentro las cosas son de otra manera. Nino también conseguirá traspasar algunas puertas para comprobar que no todo es como él había creído".
Y como su optimismo es antropológico, el final de la novela no puede dar lugar a la desesperanza. Los que han luchado, los que se han resistido y se han negado a aceptar la realidad que la vida les reservaba, tendrán la oportunidad de recoger sus frutos.
"Esta novela tiene un epílogo. Todas las novelas de la serie tienen un epílogo que sitúa a los protagonistas después de la muerte de Franco. Esto es así por dos razones: primero porque es el único final feliz que le puedo dar a mis personajes, que sobrevivan a Franco; la situación de este país no daba para más alegrías. Pero hay otra cuestión y es que son novelas de la resistencia, son novelas de gentes que dijeron que no les daba la gana de aceptar esa situación. A veces  con las armas y a veces sin ellas, los que dijeron que no se enfrentaron con la realidad de una Transición que desconoció absolutamente lo que había sido la resistencia española. Es curioso como en París, que es una ciudad en el que la resistencia duró menos que una película, todas sus calles están llenas de placas de los resistentes caídos; y aquí, con una resistencia que duró 37 años, es absolutamente desconocida para la mayoría de la gente. Por eso hay un epílogo en el que, efectivamente, ni Pepe el Portugués ni Nino llegan a ser diputados"

Almudena Grandes es una gran escritora, y lo dicen los lectores: los internáutas del diario El Pais, han considerado que el Lector de Julio Verne es la mejor novela del año; pero hoy hemos asistido a un tipo de experiencia distinto al de la lectura: escucharla en un coloquio brillante y revelador de las claves de una novela que habla del miedo como protagonista y vertebrador de una España que  vivía una guerra interminable. Y nos lo cuenta como se tienen que contar las cosas, desde el principio, con claridad y retrotrayéndonos al momento en el que surge la chispa que enciende el deseo de escribir, como muchas veces pasa, a raíz de una anécdota.

"En el año 2004 hice un viaje por el Protectorado de Marruecos con mi marido, Luis García Montero y con un amigo mío, Cristino Pérez Meléndez, del que yo sabía que era de Jaén, pero no tenía ni idea de su origen, salvo que era profesor de la universidad de Granada. Una noche yendo en coche entre Arcila y Tánger, me contó que era hijo de un guardia civil y que vivían en un cuartelillo en Fuensanta de Martos. Me contó que en su pueblo, donde había existido mucha guerrilla, el mando de la Guardia Civil corría las paredes de sitio constantemente para achicar las habitaciones y meter más guardias cada vez. Al achicar las habitaciones de las casas, los tabiques cada vez eran más frágiles y porosos y dejaban oír lo que los niños no tenían que oír. Me impresionaron dos detalles de la historia de Cristino. En primer lugar que oía los gritos de los detenidos, que en las noches de redadas eran terribles. Se iban a la cama, pero no podían dormir porque sabían lo que les esperaba. Las hermanas mayores, de alguna forma se ocupaban de eso con los pequeños, si se despertaban se metían con ellos en la cama y les cantaban... Había una especie de código por el que los mayores debían de cuidar de los pequeños. La otra cosa que Cristino me contó es que oía conversaciones de sus padres en el cuarto de al lado. Una noche escuchó que su padre estaba muy preocupado porque Cristino era muy bajito, no iba a crecer y si no crecía no iba a dar la talla; y si no la daba, no iba a ser guardia civil. Por eso, el padre, con una lógica que a mí me parece muy conmovedora, porque explica mucho del país que fue España; lo que ha sido España siempre, un país muy pobre donde la pobreza se sabía vivir con dignidad; pues el padre, con sus medios pequeños, y en noches de vigilia, se le había ocurrido que lo que tenía que estudiar su hijo era mecanografía porque así, aunque fuera bajito y no diera la talla, podría trabajar de secretario de Ayuntamiento o Diputación y así no se iban a reir de él y le iba a ir muy bien en la vida. Cristino me contó que todos los días cuando salía de la escuela, sus amigos se iban a jugar al fútbol y a él lo metían en el despacho del cuartelillo, como era tan bajito, le ponían en la silla un tomo de la Espasa y un cojín para que llegara a la máquina de escribir. Era una máquina muy dura y los pies no le llegaban al suelo. Yo normalmente siempre escribo una novela a partir de una imagen. Una imagen que a veces veo con los ojos de la cara y a veces veo con los ojos de la imaginación; y de repente me sugiere que tengo que contar la historia de esa imagen. En este caso la imagen fue la de los pies de Cristino".

 

El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes

 

La historia del maquis supone un universo de desconocimiento y de sorpresas para todo el que quiera investigar sobre ello; pero Almudena Grandes lo descubre a través de la tradición oral en un tete a tete con su amigo Cristino. Así conoció a Cencerro que articula su novela y a la que imprime un carácter mítico y romántico.

"Quise escribir una novela con esa imagen y con otra historia que me contó Cristino aquella noche: la historia de Cencerro. Yo hasta aquella noche en Marruecos, tenía la idea de que la guerrilla era una cosa que tenía más que ver con el Norte porque lo poquísimo que se ha tratado de este tema ha sucedido allí, quiero decir: la novela de Julio Llamazares, la historia de Juanín; sin embargo guerrilla hubo en todas las regiones montañosas de España y la provincia más montañosa de España es Jaén. Por lo tanto donde más guerrilla hubo fue allí. Jaén es una provincia que tiene tres sistemas montañosos: Cazorla, Sierra Morena y la Sierra Sur, que era donde estaba el pueblo de mi amigo. En esta Sierra Sur hubo un guerrillero legendario del que yo no había oído hablar jamás, un personaje del que oía a mi amigo hablar y yo dudaba que fuera verdadero porque era como Robin Hood, tenía unos rasgos totalmente idealizados ... hasta que me contó una cosa que me llevó al convencimiento de que era real. Este hombre, al que conocían como Cencerro,  hacía una cosa que era dejar billetes de cien pesetas firmados con tinta china, para constatar que era capaz de meterse en la boca del lobo. Era muy chulo y era un hombre con mucha conciencia política. Sabía perfectamente que el hecho de estar en el monte era un acto de propaganda. Le gustaba mucho ir a las ferias y fiestas, incluso llegó a ir una nochebuena a oír la misa del gallo a la catedral de Jaén. Se sabía que había estado en todos estos sitios porque al día siguiente debajo de una silla o debajo de una piedra, aparecía un billete de cien pesetas, en donde, con tinta china, había escrito: "así paga Cencerro". Esos billetes de veinte duros nunca aparecían. La Guardia Civil se volvía loca buscando esos billetes, había gente que pagaba trescientas o cuatrocientas pesetas por cada uno.

 

Tomás Villén Roldán "Cencerro"

 Tomás Villén Roldán "Cencerro"

 

Cuando escuché la historia volví a tener la misma sensación que he tenido muchas otras veces, que es que en realidad, los españoles vivimos encima de una mina de oro y no lo sabemos. Estamos pisando sobre un filón de historias extraordinarias de héroes y villanos; de aventuras y de desgracias; de pequeños y grandes heroísmos que han permanecido ocultas para la mayoría de los españoles de mi edad y más jóvenes. Pronto decidí que iba a hacer una serie de los 25 años de la posguerra, entre 1939 y el 1964, quise meter a Cristino y a Cencerro en una novela. Me fui a los libros a buscar a Cencerro, mejor dicho, a los dos libros sobre la guerrilla que existen en la historiografía española, uno de Secundino Serrano, y el otro de Paco Moreno Gómez y lo encontré en los dos, pero lo que más me asombró es que Cencerro había muerto un año antes de que Cristino naciera. Entonces pensé: si un niño que nace en 1948 puede hablar de este hombre como si lo hubiera conocido, es que en el fondo tiene algo que ver con Robin Hood y no se ha muerto todavía, quiero decir que de alguna forma ha seguido viviendo todo este tiempo. Decidí escribir esta novela, que es el trasunto literario de mi amigo, un niño de nueve años que vive en la casa cuartel de la Guardia Civil de un pueblo de Jaén. Un niño atravesado por una contradicción que parece irresoluble y partido en dos: el amor que siente por su padre, que él sabe que es un buen hombre, aunque haga cosas que a él no le parecen bien; y la admiración secreta y casi clandestina que siente por Cencerro y por los hombres de Cencerro porque son la única isla de libertad que existe en el mundo al que este niño le ha tocado vivir".

 

El destino resulta implacable para las personas que viven en el fondo de un abismo; pero siempre hay algo o alguien, o ambas cosas a la vez que nos proporcionan y allanan una vía de escape por donde se puede respirar, soñar y llegar hasta donde queremos llegar.

"Este niño vive en un lugar en donde nadie ha podido escoger su propia vida, y cuando escucha que su padre le dice a su madre "Nino no va a dar la talla" lo que le asombra es que no va a tener ni siquiera la oportunidad de decir que no quiere ser guardia civil porque él nunca ha querido serlo. Nino es un niño que tiene un destino asignado, que está preso en una realidad odiosa y en esa realidad odiosa y horrible, hay unos hombres que hacen lo que les da la gana y que son los únicos que han elegido una vida. Viven como animales, no viven en casas, no tienen luz ni agua, sin embargo tienen la capacidad de decidir qué quieren hacer con su vida, a dónde quieren ir y cómo se quieren comportar.  
De alguna forma esta es la hitoria de cómo un niño de nueve años de la Sierra Sur de Jaén consigue encontrar su propio camino para ser lo que quiera ser. Es la historia de como Nino consigue no ser guardia civil. Como consigue escapar de ese destino. Lo consigue gracias a la intersección o a la conjunción de dos adultos que van a resultar decisivos para él porque le dan herramientas para comprender la realidad que le ha tocado vivir; porque le arman simbólicamente para vencer ese desafío de encontrar su propio camino. Uno de estos adultos es Pepe el Portugués porque es un personaje muy importante en la novela, es un personaje muy importante para mí, por ser un personaje que va a salir en las seis novelas de la serie y es un poco como mi Gabriel Araceli, mi niño mimado. Pepe el Portugués es un hombre de veintimuchos años, que alquila un molino a las afueras del pueblo y le demuestra a Nino que hay una forma de ser libre, más pequeña que la de los hombres del monte, pero válida para ser libre también en el llano. Pepe el Portugués le enseña cosas que a él le parecen muy importantes como que si estira muy bien las camisas y las pone debajo del colchón no hará falta plancharlas, como que, cuando sea mayor, si quiere vivir solo no hará falta que limpie porque si tiene pocas cosas y las tiene ordenadas, parecerá que todo está limpio. A Nino este hombre que viene de un pueblo cercano al suyo, pero que para él podría ser de otro planeta porque no tiene nada que ver su mundo de la casa cuartel, le deslumbra completamente y le enseña a vivir de otra manera".

 

Cristino Pérez Meléndez con su hermana

Cristino Pérez Meléndez con su hermana

 

Nuestros padres no son el único modelo en el que nos fijamos para desarrollar nuestra personalidad, a veces son tan importantes las personas ajenas a la familia para contrastar los modos de vida y enseñanzas que, de alguna manera, resultarán definitivas en la forja del carácter.

"Pepe es un hombre muy enigmático porque parece más tonto de lo que es. Nino no entiende por qué le gusta parecer un pobre hombre... hay una serie de condiciones misteriosas que le rodean y que fascinan a Nino. Pero además va a conocer a otro adulto, una mujer que tiene un tesoro. En la Fuensanta de Martos de la ficción, donde sucede la novela, hay un lugar que se llama el Cruce, en este caso es un cruce de caminos que tiene un valor simbólico porque divide el llano del monte, digamos que del cruce al pueblo, cualquier ciudadano respetable puede caminar con tranquilidad sin tener encuentros. Pero del cruce hacia el monte, hacia arriba, es ya territorio de la guerrilla, es una zona donde se pueden correr riesgos. Sin embargo la única persona que puede enseñar a Nino a escribir a máquina,  cuando su padre decide que tiene que aprender mecanografía para llegar a ser oficinista en una Diputación, es una extraña mujer que vive en un cortijo que está más allá del pueblo. Una mujer que no tiene nada que ver con las mujeres que Nino conoce, ni siquiera con la familia de mujeres con las que vive. Una mujer que viene de una clase social diferente, que ha sido maestra, que lo ha perdido todo; pero no absolutamente todo porque conserva trescientos libros distribuidos en unos estantes hechos de cajas de frutas a los que le ha quitado el fondo. Vive en una casa pequeña, sin baldosas en el suelo, alfombrada con esparto y encalada... pero en la que hay trescientos libros. Cuando Nino descubre esta biblioteca siente que ha descubierto la biblioteca de Alejandría. Él nunca ha visto tantos libros juntos en su vida y su reacción es preguntarle a doña Elena, que es como se llama esta maestra, si ella es muy feliz. Ella le responde que no es muy feliz y a Nino le extraña porque asocia los libros con la felicidad y esos libros le van a proporcionar una extraña suerte teñida de amargura que es la felicidad del conocimiento. Doña Elena posee quince novelas de Julio Verne que rescató porque tiene una nieta a la que no le gusta leer y como sabe que a él sí, se los va a prestar".


De nuevo la literatura como válvula de escape y como tabla de salvación para un destino gris. De nuevo los valores de la educación y la cultura como único camino para huir de un destino indeseable y odioso.

 
El lector de Julio Verne"Nino se va leyendo las quince novelas de Julio Verne, una detrás de otra y leyendo va a descubrir, por un lado, que la literatura es un camino para escapar de la realidad, que puede escapar de la realidad odiosa deslizándose en la vida de los protagonistas de las novelas que lee. Pero también la literatura le enseña a mirar el mundo de otra manera. Le enseña otros conceptos de lo que es bueno y lo que es malo, y sobre todo en un lugar como Fuensante de Martos en 1947, le enseña una manera distinta de distinguir a los héroes de los cobardes, a los leales y a los traidores. La literatura ensancha la mirada del niño y cambia también su posición en el mundo. Mientras lee esas novelas de aventuras que pasan en lugares exóticos y lejanísimos, de niños que van a la Patagonia, y vuelven y se van a Australia ... mientras lee todas esas historias inverosímiles, su vida se va convirtiendo en una aventura tan intrincada y tan peligrosa como las novelas de los libros que lee, sin que él se dé cuenta, hasta que llega un momento en el que Nino tiene que adoptar un riesgo, tiene que tomar decisiones y tiene que jugarse la vida igual que se la juegan los protagonistas de las novelas de aventuras".


Pero hay otro protagonista invisible, intangible e inaudible al que, sin embargo, se puede ver, tocar e incluso oir y cuyos efectos son más letales y más perdurables que los de que cualquier guerra civil.

"Éste es un poco el tema de una novela que tiene un protagonista especial, Nino, un niño de nueve años y otro protagonista encubierto: el miedo. El verdadero protagonista de esta novela es el miedo. Esta novela transcurre en un pueblo en el que el miedo lo determina todo, determina las historias de amor, las relaciones familiares, las relaciones laborales, las amistades y enemistades y hasta el color de la ropa que se tiende en los balcones. El miedo es el protagonista más omnipresente del libro. Nino a veces se asusta cuando pasan cosas "raras" de día porque de alguna forma tiene asumido que las cosas terribles suelen pasar de noche. Hay todo un código de situaciones, de riesgos y cosas que pueden pasar y cosas que no, y él las vive desde el interior de una casa cuartel, es decir, desde el corazón de la represión.
El miedo es tan omnipresente y poderoso en el libro porque la acción sucede en los peores años del siglo XX español. Los años más crueles y peligrosos... y fijaros si ha sido horrible el siglo XX en España. Lo que ocurrió en la zona rural entre 1947 y 1949 es lo que los historiadores llaman el trienio del terror y fue la aplicación deliberada y sistemática del terror para acabar con la guerrilla. Cuando en diciembre de 1946 Franco se dio cuenta de que nadie le iba a echar del poder, porque la ONU le dio un capón en vez de mandar a sus tropas, decide acabar con su gran problema que era la guerrilla. Como en el monte no podía, lo que hicieron fue aplicar una política de terror sistemática contra las poblaciones que la sostenían.

 

Almudena Grandes
 

  

Es difícil contar una historia de una manera veraz y sin tomar parte por ninguno de los bandos, más aún si se trata de las consecuencias de una guerra civil; pero en esta novela se recurre a una mirada limpia que será capaz de hacernos creer en la realidad porque nos la presenta sin manipular y libre de implicaciones. 

"Para mi es muy importante que esta novela la cuente un niño porque si no hubiera tenido un niño como protagonista, probablemente no habría podido escribirla. Es una historia terrible cargada de violencia y cadáveres. Si el narrador no hubiera sido un niño me habría tenido que enfrentar a dos peligros insuperables porque es una novela política y yo no quería, de ninguna manera, escribir un panfleto porque son un error político, literario, estilístico y de comunicación, un error general y además no quería escribir una novela truculenta porque la truculencia también es un error porque cuando hay demasiada sangre en un relato no vale para nada. Elegí que la novela la contara un niño porque son unos narradores muy especiales. Los niños son incapaces de deformar la realidad porque no han aprendido a hacerlo todavía. Son los únicos testigos veraces de un acontecimiento. Los adultos hemos aprendido, todos, a contar la verdad como nos conviene y cuando nos pasa una cosa la deformamos para que nos encaje en nuestra conveniencia o en nuestra idea de las cosas. Un niño no puede hacer eso. Un niño atrapado en una situación mucho más grande que él, no tiene más remedio que vivirla, aunque no sepa cómo, aunque no esté preparado, aunque no tenga herramientas; no tiene más remedio que vivirla porque es su vida. Así que esta es la historia de un niño que tiene que aprender a vivir lo que está pasando en su casa y en el pueblo en el que vive. Por eso mira a su alrededor con una inocencia que le hace distinguir las verdades que le dan miedo y las verdades que le repugnan porque le pueden destrozar la vida; y las verdades que no está dispuesto a aceptar porque sabe que son mentira. Nino se mueve durante toda la novela en ese dilema. 
Lo que tuve claro desde el principio de la novela, es que Nino tenía que ser un testigo de fiar. El niño debía tener una cierta autoridad para que el lector se pudiera creer lo que el niño contaba. Empecé esta novela muchas veces porque no daba con la mirada del niño y al final, lo que hice, fue buscar la solución en un homenaje a las novelas de aventuras. Yo me había leído, el verano anterior a escribir el libro, La isla del Tesoro, que es el gran correlato de esta novela; aunque no la escribiera Julio Verne, y me di cuenta de que en la Isla del Tesoro, el narrador no es el Jim Hawkins de quince años, porque el narrador deja caer cosas como: "muchos años después comprendería..." o "hasta que no me hice adulto..." eran pistas que permitían al lector suponer que el que está contando la novela ya había crecido y estaba en una edad en la que ya tenía la autoridad del adulto. Yo copié eso, y el lector se da cuenta de que aquí el narrador no es exactamente Nino, sino el adulto en el que Nino se ha convertido,. lo cual a mi me emocionaba porque esta novela cuenta la historia de cómo Nino consigue no ser guardia civil".

 

Maquis en una sierra

 

El Lector de Julio Verne es una novela en la que los personajes escapan de ser prototipos y en la que se huye del maniqueísmo. La emoción y el sentimiento están presentes en todos y juegan un papel determinante en las acciones de cada uno.

"Respecto a la estructura moral del libro, yo hace mucho tiempo que creo que igual que el panfleto es contraproducente, igual que la truculencia también lo es, los malos malísimos de la muerte son contraproducentes para la literatura. Alguien que es tan malo, tan malo, tan malo que no necesitan que lo quieran, que ni siquiera le gustan las palmeras de chocolate, eso no existe en el mundo y como no existe y nadie conoce a un malo así, esos malos no dan miedo. Los malos a los que hay que temer, son los malos que tienen alguna luz porque son verdaderamente temibles. Yo esto lo he explicado alguna vez en actos como éste o en talleres de escritura o en conferencias. Cuando este verano vi el juicio del noruego que había matado a 37 criaturas y vi que cuando puso el vídeo de su ideario lloraba, pensé: ahí le tienes ¿por qué es tan malo? porque es capaz de emocionarse y de coger una metralleta y matar a diestro y siniestro. Esos son los malos, esos son los que dan miedo. Yo le di muchas vueltas a esto, lo hablé con Cristino y con otros hijos de guardias civiles y llegué a la conclusión de que el terror para que sea verdaderamente eficaz, tiene que estructurar la sociedad de arriba a abajo. Cuando escribí Inés y la Alegría tuve que reflexionar sobre cómo era posible que entrara todo un ejército por el Pirineo y que en Madrid no lo supieran, llegué a la conclusión de que, probablemente, tuvieran tanto miedo de decir: oye, que va a entrar un ejército... que uno por otro, la casa sin barrer, total que el soldado se lo dijo al cabo, el cabo al sargento, y de ahí al coronel que pensó... bueno cualquiera se lo dice ahora... y cuando quisieron darse cuenta estaban en Viella. El terror era eficaz porque estaba jerarquizado y abarcaba a toda la sociedad".

 

Pero en esta novela y durante toda la posguerra española existieron unos protagonistas silenciosas que, desde su propio dolor, fueron capaces de construir los cimientos en los que se asienta nuestra sociedad y que, de una manera muy real, ayudaron a acuñar ese concepto tan manido hoy en día: el estado del bienestar.Agentes de la Guardia Civil en la posguerra española

"En este libro hay un homenaje a un determinado tipo de mujeres españolas que en la posguerra estaban solas, con los maridos presos, con los maridos muertos o con los maridos en el monte. Estaban solas con los hijos y en condiciones, absolutamente incompatibles con la prosperidad, consiguieron sacar adelante a su familia y sus nietos son ahora ingenieros y médicos. Yo creo que no somos conscientes del mérito y de la pequeña y constante heroicidad cotidiana de esas mujeres que fueron también víctimas de ese terror. En esta novela no se cuenta sólo la historia de ese terror físico, se cuenta cómo en la Sierra de Jaén donde el esparto crece en el monte solo, sin que lo plante nadie y donde toda la vida, por generaciones la gente ha cogido esparto en el monte para hacerse alpargatas, para hacerse esteras o cortinas... estaba prohibido coger esparto como estaba prohibido revender los huevos de los cortijos. En los cortijos de la sierra había muchas gallinas y las familias no eran capaces de comerse todos los huevos, por eso había gente que se levantaban a las cinco de la mañana e iban por los cortijos recogiendo los huevos que los cortijeros no se comían y los revendían en el pueblo. Eso que es lo que se llama en Andalucía hacer la recova, estaba prohibido. Estaba prohibido vender espárragos... estaba prohibido absolutamente todo. Ese terror que afectaba a cosas tan elementales como cosechar en el monte una planta que crece sola y que estaba sujeta a un monopolio nacional, pasaba también por las mujeres a las que pillaban con la cesta de huevos y se los tiraban al suelo... y llegaba hasta la casa cuartel y Nino lo sabía porque estaba dentro".

 

El lector de Julio VerneAlmudena Grandes presume de ser una persona positiva, a ella le gusta decir que su optimismo es antropológico, por eso en sus novelas, por muy duro que sea el horizonte, siempre hay personajes que se resisten al pesimismo y que impregnan la narración de momentos amables y situaciones divertidas.

"Una cosa que a mi me preocupaba mucho es que fuera una novela triste. No lo habría conseguido sin Pepe el Portugués, pero él tiene todo el día a Nino cazando cangrejos, contándole como tenían las tetas de gordas algunas mujeres, y obligándole a hacer de correveidile cuando se enfadaba con su novia... por eso Pepe el Portugués es el que consigue de alguna forma que ésta no sea una novela triste porque yo creo que, incluso en aquella época terrible la gente se las arreglaba para ser feliz. Hay una cosa que pienso yo mucho ahora y se la digo a mis hijos, el otro día un amigo de mi hijo mayor me dijo: ¿y cuándo vamos a tener hijos nosotros? y le contesté: mira si hubiera pensado eso tu abuelo, este país sería el desierto del Gobi, no habría nacido nadie. En una situación infinitamente peor de la que tenemos ahora, la gente se enamoraba, la gente se casaba, la gente viajaba y se movía ; buscaba trabajo, no lo encontraba... se desesperaba y lo único es que en esta novela, como su protagonista es el miedo, en Fuensanta de Martos, el pueblo de Nino, nada es como parece. nadie se atreve a demostrar espontáneamente lo que siente; nadie se atreve a mostrarse como es, nadie se atreve a reírse. Es la historia de un niño que crece en un pueblo donde, de puertas hacia fuera, todo el mundo está callado y va encogido; pero de puertas hacia dentro las cosas son de otra manera. Nino también conseguirá traspasar algunas puertas para comprobar que no todo es como él había creído".

 

El lector de Julio Verne, Almudena Grandes, TusQuets Editores (2012)

 

 

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