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Filosofía de la ciencia: de los mitos al saber

Filosofía de la ciencia: de los mitos al saber

Biblioteca de Buridán nos presenta un volumen único en el que se dan cita, a partes iguales, las ciencias y las humanidades, en un claro ejemplo de esfuerzo interdisciplinar del físico Hubert Krivine

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La tierra de los mitos al saberEl físico Hubert Krivine, profesor en la Université Pierre et Marie Curie, y Biblioteca Buridán, nos presentan el libro La Tierra. De los mitos al saber (336 pp., 28 €), una obra única en su esfuerzo por acercar, como dos polos que se tocan, las disiplinas humanisticas y las propiamente científicas, con un enfoque cercano al esgrimido por Stephen Hawking en su célebre Historia del tiempo.

Somos como enanos encaramados a hombros de gigantes, de modo que podemos ver más cosas y más lejos de las que pueden ver estos. Y no porque nuestra vista sea más potente o nuestra talla más ventajosa, sino porque somos llevados y elevados por la mayor estatura de los gigantes.

Fragmento atribuido a Newton

Krivine explica que su cometido no es redactar una historia de la ciencia, como pudiera parecer en un principio si echamos un vistazo al índice y hojeamos la obra, sino desplegar "la lógica del desarrollo de las ideas relativas a la ciencia", a través de una suerte de exégesis hegeliana que trata de encontrar la racionalidad inherente a la evolución de las teorías científicas que han cambiado la historia de la humanidad, mientras explica cada una de ellas con todo tipo de ejemplos mediante un lenguaje de fácil comprensión.

Las vías por las que los hombres llegan a comprender las cosas celestes me parecen tan admirables como las propias cosas. 

Kepler

El autor resume de este modo su propósito: "este trabajo se enmarca en una tradición filosófica representada sobre todo por Bertrand Russell [...] y trata de presentar conjuntamente una historia de las ideas sobre la edad y el movimiento de la Tierra", y se alía, a la vez, con Laplace en la ingeniosa y tajante respuesta que este diera a Napoleón:

- Monsieur de Laplace, ¿cómo es que no hay en vuestro sistema ninguna referencia a Dios?

- Señor, no he tenido necesidad de esta hipótesis. Esta hipótesis, señor, lo explica efectivamente todo, pero no permite predecir nada. En mi calidad de científico, debo proporcionaros trabajos que permitan hacer predicciones. 

Hubert Krivine comienza el libro con un ameno análisis de lo que denomina "pre-ciencia", en el que estudia algunos mitos griegos, la filosofía de Epicuro, Demócrito o Aristóteles, el sistema de Lucrecio y algunas creencias medievales, hasta llegar a la modernidad, en la que "se inicia con prudencia el distanciamiento de las Sagradas Escrituras y se empiezan a aplicar las leyes de la física al estudio de la historia de la Tierra".

En este momento se inicia una auténtica odisea científica y filosófica por dar con los pilares que rigen las leyes universales del universo. Una odisea no exenta de diversos requiebros y disputas tan interesantes como instructivas. Por ejemplo, para alguien como Pascal, emplear a Dios para explicar el funcionamiento del mundo, como si se tratara de un mero mecanismo más, no era precisamente buena idea. Así recriminaba a Descartes en sus Pensamientos:  

No puedo perdonarle a Descartes que en su filosofía pretendiera pasar de Dios, pero no puedo impedir hacerle dar el impulso inicial para poner al mundo en movimiento; y después de esto prescinde totalmente de Dios. 

Una obra repleta de testimonios ineludibles para entender el desarrollo de la ciencia (completamente ilustrada), y sobre todo, para comprender cómo el abrazo entre las disciplinas filosóficas y científicas ha sido tan necesario como la aparición de potentes instrumentos que lograran escrutar los secretos más recónditos del universo.

La filosofía está escrita en este libro gigantesco que está continuamente abierto ante nuestros ojos (hablo del Universo), pero no es posible comprenderlo si antes no aprendemos a comprender su lenguaje y a conocer los caracteres en los que está escrito. Y está escrito en lenguaje matemático. 

Galileo

 

 

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