Cultura

diego-puicercús-bolado Por Diego Puicercús Bolado

14 de junio de 2012

Los cimientos del muro de Pink Floyd

Los cimientos del muro de Pink Floyd

Anecdotario Part 9: "The dark side of fame"

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Nos encontramos en la primavera de 1977 y Pink Floyd, que a principios de año han publicado "Animals" y desde entonces andan embarcados en el In The Fresh Tour,  aterrizan en Estados Unidos para dar medio centenar largo de conciertos en poco más de dos meses. La gira en su globalidad fue la primera que concibieron para grandes recintos (entre 30.000 y 90.000 espectadores) por lo que el espectáculo visual que la acompañaba debía estar acorde con esos espacios. Enormes globos hinchables, proyecciones sobre pantallas gigantes, aviones volando sobre el público... Para un perfeccionista como Waters, que quería controlar todo, suponían demasiadas cosas de las que estar pendiente al margen de lo meramente musical.

Y aunque eso ya era causa suficiente para generar malos rollos el grupo tuvo que enfrentarse a una situación hasta ahora desconocida para ellos. Si hasta ese momento los asistentes a sus conciertos eran los consumidores de su música que escuchaban con atención para no perder detalle de lo que sucedía, al convertirse en un producto de consumo masivo, éstos se transformaron en actos sociales a los que mucha gente asistía para poder decir al día siguiente en el trabajo que habían visto volar a un cerdo. Se encontraron con un público muy ruidoso y chillón que, en una costumbre ajena a la tradición europea, se dedicaba a tirar cohetes y petardos sin venir a cuento, cuestión que los indignaba al considerar que era  una falta de respeto hacia el artista. La tensión por estos motivos fue subiendo día a día hasta que en una de las últimas fechas (el 3 de julio de 1977 en el Madison Square Garden de Nueva York), tras confundirse en una canción y tener que empezar a tocarla de nuevo, terminaron insultando desde el escenario a los que se dedicaban a molestarles.

En cualquier caso, eso no era lo único que trastornaba a Waters. Ese nuevo concepto de gira en grandes espacios, que les obligaba a distanciarse más del público y elevar el escenario, le hicieron dejar de sentirse a gusto en una posición que le parecía deshumanizante y que impedía la comunión y comunicación con la audiencia. Era consciente que esa situación la habían creado ellos mismos y le obsesionaba que a la vez que eran víctimas de la maquinaria del rock, se habían convertido en colaboradores activos de la misma. En contraste a esto, su megalomanía crecía cada vez más y, por poner un ejemplo, mientras sus compañeros llegaban al recinto en limusina él lo hacía en helicóptero. Además, harto de la gente y para no tener que relacionarse con nadie, evitó todas las obligaciones promocionales rechazando las invitaciones a fiestas y no presentándose a las ruedas de prensa.

La gota que colmo el vaso se produjo en el cierre del In The FreshTour en el Estadio Olímpico de Montreal (6 de julio) cuando, al poco de empezar Pigs on the wind, part 2, Waters interrumpió su interpretación para pedir con palabras subidas de tono, que se dejasen de tirar petardos ya que estaba intentando cantar una canción. Pero lo peor estaba por llegar consumándose el desastre al finalizar la interpretación de Pigs. Pidió a un roadie que elevase hacia el escenario a un espectador de la primera fila que no había parado de gritar durante todo el concierto, y cuando lo tuvo a tiro le escupió a la cara. Esto marcó el desarrollo del resto del concierto hasta el punto que, en el último bis, en lugar de interpretar un tema del grupo hicieron un viejo blues en el que David Gilmour se borró para irse a verlo desde la mesa de sonido en el centro del estadio.

Durante toda la gira Waters había gritado tras la tercera estrofa de Pigs un número que al principio nadie supo interpretar. Luego se supo que se trataba del que correspondía al orden numérico del show que estaban dando, como si estuviese enumerando el tiempo que le faltaba para acabar con esa pesadilla. Fueron un total de 55 las representaciones y al finalizarlas ya había visualizado en su mente una imagen inspirada en un comentario aparecido en la prensa británica durante la parte europea de la gira, en el que un crítico decía que el paso lógico de la banda en su teatralidad, sería colocar sobre el escenario muñecos con las caretas de sus miembros. Había tomado conciencia de la distancia existente entre él y los que asistían a sus conciertos por lo que se prometió a si mismo que la siguiente vez que se enfrentase con una audiencia no lo haría cara a cara. Los cimientos estaban puestos, sólo le faltaba empezar a levantar el muro…

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