Cultura

macarena-girón Por Macarena Girón

18 de julio de 2012

El efecto Regina

El efecto Regina

“Simplemente amo las canciones. Las amo porque ayudan a mi corazón. Me hacen felíz. Creo que todo lo que quiero hacer con mi música es escapar a otro lugar junto con mi gente…” Regina Spektor

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Resulta difícil encajarla en un estilo musical, la crítica la ha emplazado como una de las representantes actuales del anti-folk, aunque sus influencias pasan por el pop, soul, punk, rock, hiphop, jazz y música clásica. Nada más y nada menos. No tiene una escucha fácil al principio, pero conociendo su discografía, y más aún, después de verla en directo, nos atrevemos a decir que Regina Spektor hace lo que quiere, y lo hace bien. 

Ya de muy niña se inició en la música clásica, instruida por su madre, profesora de piano y por su padre, violinista aficionado. Eso fue en Moscú, su ciudad natal, cuando quería ser concertista de piano. A los nueve años su familia se exiliaba a EE.UU concretamente al Bronx... allí no tenía piano, aunque en su imaginación, cuentan que seguía haciendo escalas en cualquier lugar. En su adolescencia fue descubriendo el pop, el jazz, y esa poderosa mente creativa siguió estudiando y nutriéndose. Muy joven ya había grabado dos discos autoeditados, "11:11" y "Soviet Kitsch", lanzados en EE.UU.

Su talento en la composición,  su innegable versatilidad en la técnica de piano, y esos imposibles giros en la voz, la han catapultado en la última década al éxito, colaborando con importantes productores y grandes bandas como The Strokes o Radiohead, o haciendo temas para bandas sonoras como Las Crónicas de Narnia (2008) o 500 Days Of Summer (2009). Madurando y dando forma a ese sonido tan especial que la caracteriza, y que le ha hecho merecedora de varios premios en la música en los últimos años entre otros, por sus trabajos "Begin To Hope" (2006) su primer disco comercial, y "Far" (2009).

 

9 de julio de 2012. De nuevo estamos en el Teatro Circo Price, que esta noche supera las dos mil localidades vendidas. Nos espera un gran concierto: tan sólo cuatro músicos, un violonchelista, un batería, un teclista, y Regina en el centro de la escena, de perfil y sonriente, frente a su piano de cola.

Es su presentación oficial en España de su último álbum What We Saw From The Cheap Seats, sacado en mayo de este año, y producido por Mike Elizondo en Los Ángeles, con el que está obteniendo muy buenas críticas.

Abrió con Ain’t Not Cover, siguió con The Calculation, y de ahí pasó por todo "What We Saw From The Cheap Seats", intercalando con antiguos temas como Blue Lips, Better o la popular Eet. A mitad de repertorio, la banda se retiraba, e invitaba al escenario a su marido Jack Dishel, de Only Son (teloneros de la noche)  para cantar juntos Call Them Brothers, él con su acústica y ella de pie a su lado en la voz… Siguió con el solo Molitva  que cantó en su idioma, el ruso. Volvieron los músicos y siguió enseñándonos las piezas de su último álbum, quizás el más variado y complejo de su discografía.

Se despedía divertida, con The Party, especialista en crear mundos alternativos, improvisando en la voz una trompeta. Pero la sala quedó con ganas de más.  Faltaban algunos de sus mejores temas, parecía impensable que fuera a terminar así.  Contamos más de cinco minutos de aplausos ininterrumpidos a un escenario vacío. Impresionante el sonido del Price cuando cerca de dos mil personas golpean el suelo con los pies…

Sí, la señorita Spektor se hizo de rogar, pero volvió con Us, Fidelity, y Hotel Song, así todas seguidas, sin dejarnos reponernos un poco de tanta emoción. Ya sola en el escenario, nos calmó más dulce aún en Samson. Sonriente, humilde y muy agradecida se reverenciaba ante un público madrileño que se volcó al máximo esa noche.

El “Efecto Regina”, miraras dónde miraras la gente sonreía, mucha gente joven, muy variada, nadie se perdía un acorde del piano ni un giro en la voz; hacía que conteniésemos la respiración durante demasiados segundos para romper en una enorme ovación al final de cada tema. Daba igual ver el concierto en la grada, repleta de rostros atentísimos o a pie de pista, un ambiente mágico envolvía la sala, se colaba en el piano y volvía a salir más fuerte, más energético e hipnótico desde el micro. Magnífica habilidad para un artista, la de saber transformar, manejar y devolver la energía de su auditorio.  El sonido fue exquisito, una cantante que suena prácticamente igual o mejor que en estudio. Cerrabas  los ojos y te dejabas llevar por esa voz mágica, por esas canciones tan personales, tan diferentes una de la otra, como cuentos, historias de diferentes lugares y personajes.

A veces uno va a un concierto con una idea preconcebida del artista o grupo en cuestión, y se queda igual; a veces, hasta un grupo que te apasionaba te defrauda y es para siempre; y otras veces sucede al contrario.  A mí, si me permiten, ya me gustaba pero después de semejante exhibición de virtuosismo, entrega y elegancia confieso que me ha convertido en una adepta. Vuelves a casa con ganas de escucharla de nuevo y saborear cada canción. Tiene algo diferente, quizá sea que se arriesga y lo consigue… o  quizás sea que posee la pasta de la que están hechos los genios… No sé exactamente qué es. Pero ya llevo así unos días… con el “efecto Regina".

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