Cultura

oky-aguirre Por Oky Aguirre

01 de septiembre de 2012

Jack White: el rock sigue vivo

Jack White: el rock sigue vivo

"No hay nada más aburrido que un solista que encuentra una banda que toca exactamente lo mismo que suena en el disco”. Que alguien me pegue un puto tiro si alguna vez hago una basura así”. Jack White

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Conocí a Jack White (1975, 37 años) viendo un capítulo de “Los Simpson”. El tema de los White Stripes “The Hardest Button to Button” formaba parte de uno de sus capítulos. Lo primero que me sorprendió fue lo extenso de su “cameo” en una serie con tanta repercusión. Desde luego reconocí al momento que por ahí había duende. La canción era tan simple y definitiva que ni siquiera tenía bajo. La comparación con  los “Doors” era inevitable; no recuerdo algo tan refrescante y original en muchos años. Enseguida acudí y encontré varios de sus videos dirigidos por Michel Gondry (el video musical hecho arte). Me dí cuenta que su estética como grupo (los colores rojo, negro y blanco funcionan como una bandera o seña de identidad). La actitud de su cantante me transportaba a aquéllos años dorados del rock’n’roll. Temas simples pero potentes; casi sonando a “standards”. Efectivamente una canción con rasgos y sonidos a lo Led Zeppelin o los Who debía de tener un responsable. A partir de ahí el seguimiento ha sido todo un éxito.

Desde que fundó los White Stripes en 1997 en Detroit junto a su mujer (o hermana), sus credenciales son más que fiables. Con seis discos llenos de influencias al garaje-rock, punk o blues se han hecho un merecido hueco entre los mejores grupos de la primera década del 2000. Varios Grammys y números uno ya forman parte de su colección.

Alternativamente al dúo que le dió reconocimiento internacional, Jack White no ha hecho más que aparecer o contribuir en proyectos de categoría. La canción “Seven Nations Army” forma parte del imaginario colectivo desde que fuera cántico no oficial de la Eurocopa 2006 de fútbol (seis años después hemos vuelto a revivirla con la reciente Eurocopa ganada por España).

Jack White es pieza fundamental en el glorioso documental “It might get loud” (Davis Guggenheim, 2008), que junto a Jimmy Page y The Edge nos muestra sus dotes guitarreras e influencias musicales. (Si quieres vacilar con los amigos no tienes más que ponerle el principio, en el que Jack, en un minuto, fabrica una guitarra eléctrica con unas tablas, cuerdas, martillos, clavos… y una botella de Coca-Cola!!!).

Por aquellas fechas fui a ver el documental Shine a Light de los Stones (Martin Scorsese, 2008) y ahí estaba el “Willy Wonka o Jack Sparrow del rock” (si se me permite la licencia) cantando a dúo con Jagger y Richards “Loving cup” de los Rolling.

Si nos metemos en el terreno de la producción se podría decir que tiene el don de la ubicuidad: cómo hacer que dos señoras que rondan los 70 años se conviertan en el centro de todas las miradas. En 2004 produjo el disco de Loretta Lynn, Dama del country, “Van Lear Rose”,  lo que le valió dos Grammy y el año pasado hizo lo mismo con la Reina del Rockabilly, Wanda Jackson, devolviéndonos aquélla voz que ya creíamos de ultratumba con el disco The Party Ain’t Over”. 

De nada tiene que envidiar su faceta lúdica, formando parte de grupos como The Raconteurs, típica reunión de colegas para disfrute y ocio de lo que más les gusta: la música y en el que presta sus voces y la batería, su otra gran pasión. Últimamente con Dead Weather, que más bien suena a típico capricho para contentar a su pareja.

A día de hoy (revista Rolling Stone) hay que destacar un detalle importante en las palabras que arroja Keith Richards ante la próxima reunión de los Rolling Stones para producir un nuevo álbum. El nombre de Jack White como productor sale a relucir de inmediato: “Eso siempre es una posibilidad. La puerta está abierta”. 

Con esta carta de presentación nos visita el próximo sábado 1 de Septiembre, en La Riviera en Madrid y al día siguiente en Barcelona en Razzmatazz, éste señor que acaba de publicar un disco “Blunderbuss” (trabuco para que no lo busquéis) que ya está en los primeros puestos de críticas musicales de todo el mundo. Un trabajo impregnado de géneros (rock, blues, folk, country, rockabilly…) con homenajes implícitos que te harán una y otra vez repetir cualquiera de sus cortes (se deja notar el piano made in Supertramp).  

Una amiga mía napolitana me recomendó pedir en su tierra la pizza margarita; sin más ingredientes; sólo masa y mozzarella di búffala, nada de jamón, champiñón… Claro y conciso; poco y bueno. Que sirva este símil para comparar la que se nos avecina con el que puede ser un concierto para contar a nuestros sobrinos y nietos (futuros consumidores del de Detroit).

De momento Jack White viaja de gira con dos grupos, uno de chicas: The Peacocks, y otro de tíos: Los Buzardos. El muy “listo” tiene ensayadas 40 o 50 canciones con ambos. Según su estado de ánimo, y como cuenta Iñigo López Palacios en EL PAIS, decide el mismo día del concierto con qué grupo tocará, si con el sector femenino (mucho country-folk) o el masculino (rock’n’roll puro y duro). Sólo puedo decir que he visto algunos momentos de su concierto Outside Lands hace unos días y en éste caso acompañado por las chicas: una tocando el violín vestida de colegiala, otra haciendo slide guitar, batería femenina con convulsiones estilo Keith Moon, afroamericana tipo Tammi Terrel (pareja de Marvin Gaye durante años) con pandereta de Motown, bajista con instrumento por encima de su cabeza que bien podría formar parte de los Stray Cats. Hasta el primer minuto no sabremos a qué concierto asistiremos, pero como ha reconocido el mismo White: “lo que me daba miedo es que a la gente le gustara más una opción que otra, pero por lo que he visto, gustan las dos por igual, así que ya no existe ese peligro”.

Para terminar y como siempre, aconsejo al lector que aproveche la oportunidad para dar a alguien que de verdad quiera lo que yo denomino una sorpresa musical: cuando alguien te regala un grupo, cantante o melodía que cada vez que escuchas siempre agradecerás.

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