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Andy Williams, libre como el viento

Andy Williams, libre como el viento

Williams se educó en la iglesia presbiteriana, y como Pat Boone, gastaba un porte elegante, modélico y acaramelado. Nada que ver con las barrabasadas del Rat Pack

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Andy Williams (o Howard Andrew Williams, Wall Lake, Iowa, 1927-Branson, Missouri, 25-09-2012) no fue uno de los más grandes, pero se codeó con los mejores. Ganó dieciocho discos de oro y tres de platino. Su figura hoy, sin embargo, queda por detrás de Bing Crosby (patriarca del clan de todos los crooners o vocalistas norteamericanos), Frank Sinatra, Elvis Presley, Dean Martin, Nat King Cole, Tony Bennett, Bobby Darin o Perry Como. Si tuviéramos que encontrarle un sitio preciso en la canción ligera anglosajona lo situaríamos al mismo nivel que Paul Anka, Matt Monro, Frankie Lane, Vic Damone, Sammy Davis Jr., Pat Boone y Al Martino. Todos competían por llenar las salas de fiestas y por arrasar en audiencia en sus espacios televisados. La gente iba a cenar y a pasar una velada agradable a la luz de las velas, mientras dejaba acariciar su corazón por el mejor swing. Una tradición que parece haberse perdido, una vez que pasó la época dorada de los mejores solistas.Williams se educó en la iglesia presbiteriana, y como Pat Boone, gastaba un porte elegante, modélico y acaramelado. Nada que ver con las barrabasadas del Rat Pack. Era un cantante para mecer y mimar con melancólicas baladas a la alta burguesía de Estados Unidos. Su estilo dulce, suavísimo, pianísimo, lo convertía en el hilo musical perfecto para la consulta del ginecólogo, el psiquiatra o el dentista. Andy era un crooner autorizado, formal, un buen chico. Como oír cantar a un cura. No en vano, uno de sus mayores éxitos le vino con una melodía de homenaje a un centro de peregrinación, Lourdes, The Village of St. Bernadette, grabada para Cadence Records (la marca lo dice todo) en diciembre de 1959. Todos los colegios de monjas se pusieron a sulfatar con este himno sus festivales.

 

ANDY WILLIAMS

 

Andy Williams empezó su carrera musical junto a sus hermanos, en el Williams Brothers Quartet, grupo formado a finales de 1938. Durante la Segunda Guerra Mundial, actuaron en la radio y grabaron, junto a Bing Crosby, el tema Swinging on a Star (1944). Colaboraron con la MGM en la banda sonora de varias películas menores, de la mano de Kay Thompson, una artista de treinta y ocho años con quien el joven Andy, de tan solo diecinueve, mantendría un largo idilio. El cuarteto –a veces terceto—se disolvió en 1953, año en que Andy comenzó su andadura en solitario. Kay, su novia, le llevó de la mano: compuso sus arreglos, le promocionó y le introdujo en el mundo televisivo. La relación afectivo-profesional duró casi una década, hasta 1961, cuando Williams conoció y desposó a Claudine Longet, una bailarina salida del Folies Bergère.

 

ANDY WILLIAMS

 

Como la mayoría de vocalistas, Andy se especializó en dos o tres canciones. Las suyas fueron, además de la mencionada religiosa, dos temas compuestos por Henry Mancini y Johnny Mercer: Moon River y Days of Wine and Roses. Se trataba de los recordadísimos motivos centrales de Desayuno con diamantes (1962) y Días de vino y rosas (1963), ganadores ambos del Oscar a la mejor canción. De un lirismo exacerbado, la voz pulcra, afectada, suave de Andy les iba como un guante:

  

“Los días de vino y rosas ríen y, como un chiquillo en sus juegos,

corren por una pradera hacia una puerta cerrada,

con un cartel de ‘Nunca más’ que no estaba antes allí.

La noche solitaria revela una pasajera brisa,

cargada con los recuerdos de una dorada sonrisa

que me llevó a los días de vino y rosas…

y a ti.”

 

Nunca volverán canciones como esta. Inigualables e irrepetibles por su perfecta conjunción de música y poesía.

  

Moon River, en la voz de Andy, es ya un hito imperecedero, una canción inolvidable, preciosa, emotiva, nostálgica. Nuestro José Guardiola (a quien hemos perdido también hace poco) grabó en español una conseguidísima versión de ella.

 

Otra melodía que Williams volvió muy propia fue Born Free (‘Nacida libre’), compuesta por John Barry y Don Black para la historia de Elsa, una leona criada en Kenia entre humanos:

“Nacida libre, tan libre como el viento,

con la libertad con que crece la hierba,

nacida libre para seguir tu corazón…”

 

De Love Story (Where Do I Begin), ideada por Francis Lai y Carl Sigman para la película homónima de 1970 de Arthur Hiller, Andy consiguió vender más de un millón de copias.

 

En los sesenta y setenta, Williams se llevó a su espectáculo televisado a talentos de la talla de Ella Fitzgerald, Peggy Lee, Buddy Greco, Bobby Darin y Elton John, a quien presentó a la audiencia norteamericana. En los casinos de Las Vegas, Andy llegó a ofrecer dos recitales por noche. Compartió el gusto por algunas melodías de Elvis Presley (I’ll Remember You, Can’t Help Falling In Love, The Hawaiian Wedding Song), The Beatles (Yesterday), Frank Sinatra (Call Me), Sammy Davies Jr. (Who Can I Turn To), Tony Bennett (I Left My Heart In San Francisco). Todas entonadas con enorme delicadeza, precisión y dignidad.

 

ANDY WILLIAMS

 

En 1968, el sello Columbia aprovechó que Williams había cantado en el funeral de Robert Kennedy para editar un single con los dos temas del óbito: el Ave María y el Himno de Batalla de la República. Andy mantuvo siempre una estrecha amistad con el respetado clan Kennedy, a pesar de ser, ideológicamente, un republicano convencido (no en vano, Ronnie, Ronald Reagan lo calificó como “un tesoro nacional”).

 

Su unión con Claudine duró hasta 1975. Con ella Andy tuvo tres hijos. En 1991, se casó con Debbie Meyer. En 1999, estuvo a punto de ser operado de garganta por un problema severo en las cuerdas vocales, pero tras un año de descanso superó el percance. En noviembre de 2011, al cantante se le diagnosticó un cáncer de vejiga, que es de lo que recientemente ha expirado.

 

La voz de Andy Williams nos acompañará siempre en los momentos de relajación y reposo. Como un delicado masaje en la espalda y las sienes. Nos visitará libre como el viento, cuando salgamos al campo y plantemos cara a un horizonte que se consume en las brasas del atardecer.

 

 

Para leer más artículos de Antonio Ángel Usábe en Nocturnos Cantos Ruanos, su página cultural, y en Contraplano, su blog dedicado al cine.

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