Cultura

luis-delroto-laorga Por Luis DelRoto

03 de diciembre de 2012

Maestro Reverendo: continúa la fiesta…

Maestro Reverendo: continúa la fiesta…

Una de las noches más enérgicas que se recuerda en la sala Galileo Galilei.

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¡Oh dios mío! Son las 12:00 de la mañana del día siguiente y creo que aún sigo borracho. Hablo de esa resaca doblemente torpe pero graciosa, nunca trágica.

Estoy a punto de abrir mi libreta para ver qué clase de notas cogí anoche, aunque lo que puedo afirmar, así de primeras, es que el Concierto Homenaje al Maestro Reverendo ha sido uno de los actos más bellos y sanos que he visto en toda mi vida. En serio, es muy simbólico el hecho de sentir tan presente la vida cuando se está recordando a alguien muerto. El Reverendo debía ser una autentica bomba, su presencia se notaba a cada instante en forma de fiesta.

El público inmejorable, un llenazo de bandera. Muchos conocían en persona a Ánjel, una sonrisa especial los delataba, otros tantos no tuvimos la suerte, y según lo visto, es una verdadera pena. La concentración de músicos de calidad fue el motor de la noche. La gasolina la risa y el respeto.

Fue tal el número de colaboraciones que sería una locura pasar por todas ellas. Reseñaré las de más calado a nivel personal, no sin decir que todos y cada uno de los músicos, tanto principales como de base, merecieron cada aplauso. Pepín y Tino, una elocuente y loca pareja tocaron “Pajarillo Carpintero”, cómica referencia al romance entre los músicos Gustav Mahler y Alma Schindler. Empieza bien el espectáculo. Begoña Larrañaga, con la que más tarde tuve el placer de compartir anécdotas y vivencias extremadamente emocionantes, exhibe belleza y talento a través de su fabuloso acordeón, junto a una formación de lujo compuesta por batería, bajo y violín. Begoña y “sus cachorros”, como dice ella, más la suma de Javier Huidobro "Moro" a la guitarra mejicana, acompañaron en el siguiente pase a El Chino (Julio Muñoz), primo, compañero de batalla, güisqui y banda, Desmadre 75, del Reverendo. Tras él, el hermano del Reve, alias La Bestia, vestido de un blanco inmaculado y otorgando virtuosismo y alegría a partes iguales. Más tarde Javier Krahe primero y el Gran Wyoming después, demostraron como la inteligencia sirve de mucho a la hora de reírse de todo. También entregaron su arte Fernando Palacios y sus trompetillas de plástico junto a la Rudy Amnstrong Quartet, Totó Munilla y su exquisito pop, Julian Hernandez de Siniestro Total con toda su embergadura, y Fernando Martín cantando_que por cierto, cómo sonaba_ "Flores Muertas" de Desperados. Uno de los puntos más geniales y divertidos del acto fue el "duelo" a lo Pimpinela de Moncho Alpuente vs Wyoming, éste último, como es lógico, el más presente de la noche. La generación de benditos degenerados de la vida que hoy copan el escenario es única e irrepetible. ¡Qué bien lo estoy pasando!

Salgo a fumar y al volver me encuentro con Los Enemigos en escena, poniendo un punto soberano de solemnidad al asunto. Se agradece también. Tras ellos la revolución: Rosendo Mercado. Por historia y actitud la gente encendida se olvida de su asiento. Cuando suena “Agradecido” un tipo de energía realmente fuerte invade cada centímetro cúbico de la sala, es algo brutal. Wyoming acompaña a Rosendo en una formidable y muy al caso “Maneras de Vivir”. Uno se reafirma: la música es universal y las sensaciones que provoca también.

La fiesta se cierra con blues, el diablo está presente, The Red House Band, emulando a los ZZ Top, dejan el testigo a la noche y sus sorpresas y como no podía ser de otra manera, yo me entrego a ellas…

Mágico…, sí, y tan real… que uno al día siguiente se pregunta, ¿por qué siempre se van los mejores? Aunque al instante reflexiona: aquí no se va ni viene nadie, todos somos tan eternos como finitos. ¡Gracias Reverendo! 

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