Cultura

macarena-girón Por Macarena Girón

22 de enero de 2013

Canción de autor: renovarse o morir.

 Canción de autor: renovarse o morir.

Un extraordinario ejercicio descriptivo, la canción de autor en la actualidad.

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Se les reconoce en un escenario con su guitarra, a veces un piano, sólos y cómodos; cada uno con su estilo, más clásico, más poético, hacia el humor, a veces hacia el pozo; cada uno con su carácter, más dulces o más cañeros, lánguidos, líricos o desgarrados en la voz, nostálgicos sufridos o amantes de las perdiciones… Tantos y diferentes. Ser cantautor en Madrid. Todo un mundo, y como todos los mundos con sus escenarios, sus actores y círculos y circuitos, y por supuesto, su público. Muchos vienen de fuera, se instalan y construyen desde aquí, todos viajan, dan bolos en otras ciudades. Todos con su Twitter, Facebook, Blogspot, You Tube como base operaciones. Para la gran mayoría es la ventana al mundo para dar a conocer sus canciones. Con muchos esfuerzos y equilibrios graban sus discos, y los venden a precio asequible en sus conciertos. Asisten a certámenes, colaboran en radios, centros culturales… como en tantas actividades artísticas aquí  funciona eso de “yo me lo guiso, yo me lo como”, así que la actividad que pueden llevar es bastante intensa.

 

Para tocar, hay dos lugares emblemáticos en Madrid, abanderados de la Canción de Autor, tanto por acoger el género, como además promover, apoyar y divulgar. Cada uno en su estilo, Búho Real con más de veinte años de acústicos en su pequeño escenario, y el Café Libertad 8, conocido como la “cueva de la canción de autor”. Ambos fueron testigos y también impulsores del “boom” de la nueva canción, allá por los 90. Nuevos nombres, nuevos estilos y letras  que se alejaban por fin de la canción protesta de los 60 y 70. Otras salas de larga tradición en Madrid, son Clamores, o Galileo que llevan décadas ofreciendo conciertos a diario, y en su cartel la música de autor siempre ha tenido su espacio. Pero hay más, muchas salas del circuito de La Noche en Vivo también escogen a cantautores más afines a su imagen para cubrir su programación. Están también las salas de teatro que ofrecen ciclos, y conciertos puntuales. Digamos que el circuito de espacios que programan canción de autor, hoy por hoy no es reducido. Tampoco ellos son pocos.

 

Como en la vida, las cosas están permanentemente en cambio, en movimiento, y la clave el éxito para un negocio es no estancarse, saber preveer los futuros caminos, anticiparse a las corrientes.

En este sentido toca hacer una mirada crítica a las salas madrileñas.

En un tiempo en que la palabra “crisis” se ha convertido en una especie de ente que envuelve el suelo que pisamos, como una niebla densa y grisácea que acompaña nuestro transcurrir en esta ciudad,  el que se queda parado corre el riesgo de verse en su juego de arenas movedizas. La mayoría de las salas se están dejando engullir, pues deben afrontar y cubrir una serie de gastos, y al igual que a otros negocios, la situación les aprieta y mucho. Pero lejos de inventarse de nuevo y tratar de cuidar a quiénes les dan de comer, artistas y público, están yendo precisamente a tirar de ellos, llevándose altos porcentajes de la entrada y en general no hacen por alimentar ni llamar la atención del público, no ofrecen nada nuevo, siguen viviendo de las rentas en un momento en que este modelo se está volviendo cada vez más insostenible.

 

Lo lógico es que los espacios promuevan y se publiciten para llamar la atención de nuevos adeptos, y no confiar siempre en su nombre y en el tirón del artista que invitan a tocar. Precisamente un enorme handicap para los cantautores, es el mover y tirar siempre de su gente,  pasan años antes de hacerse con un público seguidor. Muchos te dicen que el circuito de salas se ha despreocupado por trabajar su auditorio, y ahora, especialmente las salas teatro lo llevan peor.  En ese sentido, funcionan espacios que ofrecen un trato económico razonable al artista, y se preocupan de cuidar la restauración, dando buen servicio a sus asistentes.

 

En una ciudad en la que hay tanto talento desaprovechado, tanta creación sin mirar, muchos cantautores están tirando por otros escenarios menos glamurosos, pero que les permiten sacar algo más por su trabajo, ya sea en conciertos de calle pasando la gorra ( así podemos ver a tanta gente buena tocando en espacios públicos improvisados) o en salas de circuito más alternativo, donde se hacen conciertos sin cables, dónde las consumiciones son más baratas, y donde el cantautor puede llevarse la totalidad de la entrada.

 

Renovarse o morir. Sigue habiendo cantautores al uso, el estereotipo del que canta al amor que se fue, al riachuelo, a los besos, las caricias, el recuerdo, los adioses… sí, pero todo depende de cómo juegues con las palabras, el sonido, y la voz, y como siempre he pensado, todo cambia cuando vas a verles en directo. Y el estereotipo se transforma.

 

Algunos ya salieron, una discográfica fichó por ellos, y su sonido se decoró, pero en esencia, son cantautores que cantan a lo común. Y eso siempre ha funcionado. Flor de un día. Hay muchos que salen, que están saliendo, y buscan sus caminos de financiación y producción, que mueven sus comunicaciones y conciertos, desarrollan todo el trabajo que supone sacar sus canciones. Son auténticos comerciales de sí mismos.

La mítica figura del productor que te veía en una sala y te fichaba ya no existe,  tampoco es éste un estilo musical que encaje en la radio fórmula, así que lo del sello discográfico tampoco suele suceder. Autoproducirse es el camino de los que deciden hacer de esto su vida.  Opciones y recursos, los que se pueda gestionar cada uno.

Últimamente se oye mucho hablar del micromecenazgo, o crowdfunding un modelo que permite al músico diseñar un sistema de venta anticipada de su disco, y con los fondos, grabar y mover el álbum. Es arriesgado, y hay que trabajarlo, pero funciona. De hecho muchos artistas actuales se están acogiendo a esta opción para autoproducirse, sobretodo aquellos que ya tienen sus seguidores, también a la gente le gusta formar parte de alguna manera del disco.

 

Buscamos en esta corriente y encontramos.  Y asistimos hace unos días a  cubrir la presentación del nuevo disco de Fran Fernández, él apostó por esta opción y lo hizo, Afectos Secundarios se llama. Y pudo acompañarse de los músicos con los que grabó, y dieron un buen concierto, en el que no faltaron colaboraciones de otros cantautores, de hace unos años, de ahora, algunas letras de los de siempre, de los que todos conocemos. Bonita colectividad.

 

Quien no arriesga no gana, y en estos tiempos de tanto ruido e incertidumbre, ver a estos artistas solos ante el voraz panorama profesional al que se enfrentan, después de llevar muchos más de diez años trabajándoselo, es cuanto menos admirable. Unos miran al futuro con maleta, otros miran el cambio, mientras, están aquí; se les puede reconocer en un escenario, en una silla, con su guitarra, a veces es un piano, usan nuestro inmenso castellano y lo convierten en tránsitos de vida, de humor, de ironía, juego, experiencia, de consciencia y emoción… crean. Poetas.

 

Agradecer enormemente la colaboración prestada mediante entrevistas, entradas, y ratos de vuestro tiempo, que han hecho posible la elaboración de este artículo, a Fran Fernández, Julián Bozzo, Manu Míguez, Jesús Garriga, Nur, Sara Veneros, Ari  Jiménez, y Tontxu. 

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