Cultura

diego-puicercús-bolado Por Diego Puicercús Bolado

11 de febrero de 2013

Nebraska, la desesperación convertida en disco

Nebraska, la desesperación convertida en disco

Bruce Springsteen canta a los desheredados en un album oscuro sobre las sombras de la América profunda. 

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A mediados de junio de 1981, tras terminar la arrolladora y exitosa gira de presentación de “The river”, Bruce Springsteen decidió tomarse un descanso que aprovechó para leer sobre las consecuencias que había provocado la guerra del Vietnam en los veteranos (para los que ofreció varios conciertos recaudando fondos) y la crónica negra de la América profunda. Lo que se encontró fueron historias, no de desheredados que sueñan con un futuro mejor y que buscan una salida (a los que ya había cantado), si no de perdedores a los que ya no les queda nada y cuya única posibilidad para huir de la cotidianidad y de una inevitable muerte en vida es tirar hacia adelante llevándose por delante todo lo que se interpone en su camino incluida familia y amigos. Dicen que por entonces andaba medio deprimido, lo que sumado a esas lecturas, dio como resultado una serie de composiciones marcadas por una angustiosa desesperanza, ideal para realzar las descarnadas historias que deseaba contar y en las que buceaba en los aspectos más oscuros e íntimos de su país (la violencia, su estricta doble moral, una ética que no es tal…).

 

En una granja que había alquilado para encerrarse y aislarse del mundo hizo instalar una grabadora de cuatro pistas con la que el 3 de enero de 1982 empezó a grabar las maquetas para un nuevo disco junto a la E Street Band. Lo hizo acompañado de su guitarra y una armónica y, aunque luego añadió una segunda guitarra y algunas voces, la grabación se caracterizó por la austeridad que quería transmitir a sus compañeros una vez que se pusiesen a trabajar todos juntos en las canciones. Cuando ese momento llegó se dio cuenta que, aunque temas como “I’m on fire” o “Born in the USA” (la versión que aparece en "Tracks" es desgarradora) más o menos funcionaban con la banda, el resto no lo hacían y tras varias sesiones en las que probaron de todo, Springsteen, Landau y Van Zandt (el equipo de producción habitual) decidieron que las canciones demandaban sencillez y que como tal había que tratarlas.


Tomada la decisión Bruce entró en el estudio para empezar a grabar en solitario (con el apoyo mínimo de algún otro músico) pero a pesar de que la cosa mejoró un poco y consiguieron resultados parcialmente satisfactorios, estos no llegaban a colmar las aspiraciones del cantante que no lograba reproducir el ambiente asfixiante y fantasmal de las primeras maquetas en las que se encontraba la esencia de lo que deseaba transmitir. Fue entonces cuando decidieron entregar las cintas originales grabadas en el cuatro pistas al ingeniero de sonido Chuck Plotkin para que limpiara los ruidos de fondo, los chasquidos y la suciedad de las cintas para hacerlas audibles para una edición comercial. El trabajo fue arduo debido a que los medios de la época no eran los de ahora, pero finalmente Columbia dio el visto bueno y el 20 de septiembre de ese 1982 el disco se encontraba en las tiendas.


Las ventas, como era de esperar, no alcanzaron las cotas de sus anteriores trabajos aunque llegó durante la primera semana al número cuatro debido, fundamentalmente, a las expectativas que ya en ese momento generaba un nuevo trabajo de Springsteen. La decepción entre sus seguidores fue grande ya que el rock clásico (no había ni batería ni bajo y los solos de saxofón habían sido eliminados en favor de una guitarra que parecía llorar) desaparecía completamente y en su lugar hacia acto de presencia un género en el que se mezclaba el folk y el country con algunos toques rock y la canción de autor.

 

Lo que si que fue unánime fue la reacción de la crítica que aplaudió el trabajo y vio en “Nebraska”, además de una vuelta de tuerca estilística y creativa que le colocaba donde se esperaba que se situase desde el principio de su carrera, una toma de postura ante la ola de patriotismo maniqueo y de salón que se estaba instalando en Estados Unidos con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia. El, en cambio, canta a la América olvidada, esa que debe pagar los platos rotos de ese exacerbado sentimiento patriótico desmedido para después abandonarla en la cuneta y sustituirla por otra que no recuerde lo que se desea olvidar.


Un par de años después “Born in the USA” le devolvería al estrellato galáctico con parecido mensaje (menos crudo y más asumible por la gran mayoría) pero con un ropaje mucho más comercial. Con los años “Nebraska” se vería enterrado entre el reconocimiento de sus trabajos anteriores (“Born to run”, “The river”, “Darkness on the edge of town”) y los posteriores (el ya mencionado “Born in the USA”, “Live 1975-85”, “Tunnel of love”…) y, aunque nunca superó la magia, sentimiento, verdad y emoción de su gran obra maestra, hoy que sus historias están más vigentes que nunca se encuentra donde habita el olvido…

 

 

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